La filosofía y el psicoanálisis frente a la contemporaneidad

Desde hace varias décadas, el psicoanálisis como disciplina del entendimiento de la mente humana ha recibido serias estocadas en cuanto a su posibilidad de ser tomada como una ciencia. Una de las más notables, es encontrada en el argumento elaborado por Karl Popper sobre la falsabilidad, en el que se enuncia la necesidad de recrear ambientes controlados y llevar a cabo repeticiones de resultados para poder enunciar alguna teoría o hipótesis como ciencia. Para él, la posibilidad de que la recreación sea fallida, el hecho de que algo pueda ser falso pero se reivindique como verdadero en la repetición del proceso, es un elemento esencial para construir conocimiento.

Recientemente, en un panfleto denominado “Psicólogos contra las pseudociencias”, se elabora un escrito que cuestiona la veracidad del psicoanálisis. Se afirma “”El psicoanálisis, el ‘coaching’, la bioneuroemoción, la terapia Gestalt, las constelaciones familiares y la programación neurolingüística no son ramas de la psicología. Son teorías basadas en falsedades que se aprovechan de la desesperación y el desconocimiento de la gente” en palabras del psicólogo español, Ramón Nogueras.

Otra disciplina del saber contra la cual en épocas recientes se han llevado a cabo duros cuestionamientos, es hacia la filosofía. En cuanto al conocimiento natural, incluso hay figuras de renombre dentro del ámbito científico que no han dudado en llevar a cabo afirmaciones radicales acerca de la forma en que se construye el saber y la utilidad de determinados saberes.

Uno de los críticos más notables es el físico Stephen Hawkins, quien afirma que la filosofía “no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento.”

El duro embate que atraviesan estas disciplinas, de las que se recuperan tan solo un par de opiniones y artículos, que sin embargo condensan la mayoría de las críticas que se hacen a estos campos del saber, nos sugiere una cuestión: qué es eso que otorga su valor como teoría. ¿Es acaso únicamente la posibilidad de arraigarse dentro de los saberes científicos y comprobables la posibilidad de dar un valor al conocimiento humano?

Una posible respuesta a estas cuestiones se puede encontrar a través del desarrollo histórico de la humanidad, en la que los desarrollos en la técnica han llevado a la especie a cumbres muy altas en cuanto a la posibilidad de ejecutar ciertas tareas, paradójicamente, el estado de las costumbres y creencias sociales continúan ejerciendo una presión determinante en el curso de la humanidad.

El psicoanálisis y la filosofía están íntimamente relacionados. Los vuelve cómplices su naturaleza narrativa. En ambos, su sino se enfoca hacia la construcción de la comprensión de los fenómenos psíquicos, sociales y naturales colocando al individuo en el centro de su propio universo y al humano en medio de su propia cultura, anteponiendo siempre una pregunta que busca llegar a una respuesta sobre lo esencial, poniendo un énfasis de vital importancia a la semiótica que se desarrolla de forma individual o colectiva.

La filosofía y el psicoanálisis no son comprobables como tal y carecen de posibilidad para ser reproducidos en ambientes controlados. Porque su objetivo no es la demostración, sino el relato, la congruencia y el entendimiento. Sin embargo, es esa misma cualidad humana de la posibilidad del sesgo, esa constante fluctuación entre las tensiones que representa la creación de la realidad que nos creamos en la interacción con todos los puntos de vista, lo que da la posibilidad a las personas de entender sus propias posturas y cambiar lo que sea necesario. La búsqueda de la comprensión y el entendimiento por sobre la demostración une irrevocablemente a ambas disciplinas.

Esto es relevante porque habitamos en una época que aún tiene un funcionamiento esencialmente político, por tanto ideológico y de naturaleza narrativa, en ocasiones ni siquiera siendo tal, sino una guerra de las aptitudes de relación social, una guerra de relaciones públicas. Nuestra realidad es muy política y está aún atravesada por problemas étnicos, económicos e incluso raciales a pesar de los avances en el saber humano. La realidad política atraviesa todas las formas de saber humano aún en esta época, ocasionando declives y coyunturas en la forma de relacionarse. Es un terreno desigual en el que múltiples factores, desde los estéticos hasta los vernáculos, hacen su aparición, muchas veces causa del prejuicio, relacionado con la ignorancia.

Dentro de estos puentes que se deben trazar hacia la otredad, la traducción transcultural, referida a la traducción no solo de palabras, sino de significados y significantes, tiene implicaciones importantes en la forma de percibir a una cultura en su propia cosmovisión. Esto solo por dar un ejemplo, como sucede con las culturas colonizadas. El psicoanálisis y la filosofía aún tienen vigencia y una voz completa: porque la sociedad tampoco ha dejado de conocerse, por mucho que las colectividades  nieguen la evidente disfunción de nuestro sistema social.