Guerra cristera: testigo de una cruzada

“La religión es la que evita que los pobres asesinen a los ricos”.
Napoleón Bonaparte


En algún punto de mí vida, he tenido conflictos respecto a lo que significa la fe y religión, aun más durante estas festividades decembrinas, me debato entre lo correcto y lo erróneo de los eventos que realizamos, por lo que siempre me han dicho que para terminar una conversación, el mejor tema es hablar de política, aborto o religión; más en una sociedad tan conservadora como es la mexicana.

México, es un país rico en cultura y costumbres donde el misticismo y el progreso va acompañando a sus habitantes, México es un país creyente: tiene una gran diversidad religiosa formada por minorías que enriquecen a la sociedad, pero aun la que predomina sigue siendo la católica. El profesar una fe o identificarse con una, debería ser una experiencia que complemente al individuo, que en muchos casos es el efecto contrario, siendo preocupante y peligroso, ya que en la historia del país, en pleno siglo XX, bastante sangre ha corrido en la defensa y en el nombre de la religión y sigue siendo una historia inclusive no tan conocida para la mexicanidad. La guerra cristera se encuentra lo suficientemente lejos como para que las voces sean escuchadas, y en efecto, en la actualidad podemos encontrar, aunque se trate de pocas ediciones, una buena cantidad de obras referentes al tema, entre la más fiel, se encuentra de Jean Meyer, en los años 60’s, gracias a los testimonios de Aurelio Acevedo, antiguo gobernador del Estado de Zacatecas, cristero que tuvo a cargo la comandancia del regimiento de Valparaíso.

 La guerra cristera, al igual que la sangre, terminó siendo esa mancha oscura y seca que con los años ha estado marcando la historia del país, fue oculta y silenciada ante la prensa mundial, esto debido a los grandes intereses internacionales, pero; gracias al despertar colectivo, se mantiene vivo ese recuerdo.

Ahora bien, ¿qué fue la Cristiada y por qué se permitió? Citando a Jesus Ignacio Fernández Domingo, no es otra cosa que la reacción de una parte del pueblo mexicano, que se prolongó desde 1926 a 1929  todo esto ya visto desde Benito Juárez con sus leyes de Reforma, con Venustiano Carranza en la Revolución Mexicana y con Álvaro Obregón en el poder, ante la persecución religiosa y en la que había culminado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano de 1917, en cuyos artículos 3, 5, 7 y 130 resultaban duros hacía la Iglesia, esto para dar al Estado medios para controlar la dirección política del país,una política que negaba la personalidad jurídica a las iglesias, privándolas del derecho a poseer bienes e impedía el culto público fuera de los templos.

La Cristiada fue un grito del pueblo hacía el presidente Plutarco Elías Calles, siendo Guanajuato, Querétaro, Zacatecas, Jalisco, Michoacán, Morelos y hasta Yucatán, las zonas más afectadas, al ser de las entidades con mayor número de católicos en todo el país. 

Algunas fuentes nos señalan que el primer atentado fue el día 21 de noviembre de 1921, en la Antigua Basílica de Guadalupe, con la finalidad de destruir la imagen de la Virgen, al cual el pueblo de México es devoto, sin embargo por causas aún desconocidas, el cuadro no sufrió daño alguno, por lo que muchos indicaron que fue un hecho milagroso; esto causó enojo en la población católica y dio más fuerzas a levantarse en contra del Gobierno.

Con el  apoyo de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) se crea la Iglesia Católica Apostólica Mexicana (ICAM), movimiento que desconocía al Papa, atacó a los miembros del clero católico, sacándolos de las mejores iglesias, defendió el uso del español en las ceremonias, se opuso al celibato, al cobro de tarifas por los sacramentos, todo esto para romper con el Vaticano. Es importante hacer notar la diferencia entre la política de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, ambos presidentes durante esta transición; mientras que el primero era moderado, por el contrario, Calles fue utilizado como arma ideológica.

No se trataba de una prohibición, porque las iglesias continuaban abiertas, y se invitaban a los sacerdotes a rezar, pero el culto público, la administración pública de los sacramentos, los actos fúnebres públicos religiosos, estaban suprimidos. Se trataba de una aspiración revolucionaria, comenzaron las detenciones de católicos que sin embargo, la autoridad no consiguió poner fin al culto clandestino.

Estos son los momentos de la lucha armada y en los que la Iglesia, no permaneció pasiva, surgiendo de confederaciones religiosas nace la Unión Popular, fundada por Anacleto González Pérez, quien juega un papel importante en la rebelión. Y como lo dice su nombre, la cristiada fue un movimiento popular, para el pueblo, del pueblo.

Cerca de 50,000 personas fallecieron en el conflicto.

Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar mayores confrontaciones en lo sucesivo. Sin embargo, para ese entonces existía una profunda división en el seno de la Iglesia en México; la fractura afectaba desde la cúpula episcopal hasta los laicos.  Es aquí donde el país entra en  un modus vivendi, un modo de vivir, en el que el Estado renunciaba a la aplicación de la ley y la Iglesia renunciaba a exigir sus derechos,  debiendo enfrentar un momento de prueba cuando Calles, presionado por los efectos devastadores de la crisis de 1929 pronunció el así llamado Grito de Guadalajara.

El Grito de Guadalajara marcó el inicio de una serie de reformas al sistema educativo mexicano que culminaron con el proyecto de la así llamada “educación socialista”.

Las tensiones creadas por el Grito fueron de tales dimensiones que, una vez más, se organizaron una serie de movilizaciones que, por su magnitud son conocidas como “La Segunda”, es decir, la Segunda Cristiada, aunque en esta ocasión no hubo fracturas en el seno del episcopado.

Un punto muy importante que se deja sin cubrir, es el abandono a los maestros ante la ira e la sociedad manipulada por el clero, en épocas  de la educación socialista que aparecieron nuevamente en la Constitución , en vista de que la ley no reconocía las escuelas católicas primarias las garantías necesarias para impartir la enseñanza religiosa, por lo que los padres de familia impidieron que sus hijos acudieran a planteles de educación en donde peligraran su fe y buenas costumbres, por lo que muchos cristeros se levantaron en armas nuevamente, seguidos de otros católicos, pero durante este periodo maestros desarmados se encontraron entre los principales blancos de las atrocidades asociadas con los cristeros durante este periodo. 

Puedo concluir que México no está exento de la frase de “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, podríamos estar destinados a vivir día a día como lo han venido haciendo desde antes y la única solución para alejarse de esta realidad es tener ciudadanos informados, críticos, pensantes, para poder conjuntamente cambiar el país y no cometer los mismos errores.


Abigail Jimenez.