Crónica de un feminismo malentendido

Si bien la lucha de los colectivos feministas ha tomado un espacio real y simbólico fortísimo dentro de los últimos meses, la respuesta negativa hacia sí se ha visto de igual forma incrementada.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía

Chile representa una pieza clave en estas formas de protestas, pues la colectiva Las Tesis dio un giro a toda la protesta creando un himno femenino de no culpa en casos de violencia sexual. La canción pudo ser replicada por movimientos feministas en todo el mundo y se viralizó inmediatamente en las redes sociales. Sin embargo, Facebook, Twitter e Instagram, los titanes de la web, fueron el escenario perfecto para que las burlas, parodias, malos comentarios y demás formas de rechazo y odio sean extendidos, llegando a propagar una serie de videos en los que se ridiculiza la canción y los movimientos de lucha de mujeres.

El juego de las redes funciona como una herramienta disfraz en donde el coraje machista, misógino o simplemente el desprecio a lo que no se comprende puede ser declarado sin vergüenza y con poco interés en un conocimiento real de la problemática. Sin embargo, lo que podría considerarse como comentarios inauditos resultan aún más perturbadores cuando en un instituto de enseñanza un grupo de mujeres entre 15 a 16 años se burlan de estas formas de protesta. Enseñar es una vocación, graduarse de una carrera de humanidades y pasar al mundo laboral permite, supuestamente, dar a conocer el verdadero valor de las cosas bajo un ojo crítico, pero, al llegar a un centro de educación en el cual está cimentada la idea de que grupos sociales como Las Tesis y CONAIE no están en lo correcto, son exagerados o luchan por lo que no deben, cambia radicalmente la visión de cómo un grupo afortunado desestima lo que no le afecta.

Jóvenes que se refieren de manera despectiva a lo que ocurre a su alrededor evidencia lo mal que estamos, lo ciegos que podemos volvernos y volver a la gente que habita en nuestros hogares. En un ensayo solicitado a mis alumnos acerca de una temática social que esté a flote actualmente, la mayoría eligió el feminismo y el paro nacional. En el primer caso, una de las estudiantes defendía los bienes de la ciudad alegando que un grupo de mujeres arrebatadas destruyeron la ciudad, en el segundo, se decía que los indígenas protestaron porque quería que se les de todo gratis. ¿Qué sucede entonces? La mayoría de los estudiantes provienen de familias con recursos económicos altos, por lo que preocuparse de los “otros” les resulta ajeno, además solo entienden lo que les llega por las redes sociales, que como habíamos mencionado, es en su mayoría negativo.

En otro momento, en medio de una clase, una alumna se burló sobre cómo Mon Laferte protestó en los Latin Grammy, su argumento fue que mostrar el busto no cambia en nada la situación de un país: y sí, no lo cambia, marchar no cambia ni frena la violencia pero sí demuestra que se lucha, que la gente es consciente de que hay un problema y presiona para poder cambiarlo. Asimismo, llegó una ola de burlas acerca del cacerolazo: “no dejaban dormir”, “parecían tontos tocando unas ollas”… El sentimiento de frustración es inmenso, pues compadecer a aquellos que salen en las calles por todos es un acto humano, no obstante, sentir desprecio hacia lo defendido muestra los quiebres en la sociedad que tanto se intentan superar, aún más entre las generaciones jóvenes que deben ser nuestro seguro de cambio.

Salir en grupo, pedir que te acompañen a casa o a tomar un autobús, no poder salir solas, no poder salir tarde, es el precio que se paga dentro de la sociedad que anula los derechos igualitarios, la misma sociedad cuyos grupos elitistas trascienden sus ideas a través de los jóvenes desinformados que responden al prototipo de sujetos tecnológicos y vacíos.

Debemos elegir el lado correcto de la historia, en medio de una sociedad dividida en donde algunos luchan por igualdad, mientras que la otra mitad calla las voces de los primeros.


Gabriela Merino

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