Sobre las ruinas circulares y el proceso creativo

Alfredo Torres


Borges, escritor de alto renombre. De pequeño demostró ser un niño prodigio en la literatura, donde encontró su vocación. Escritor prolijo, escribió ensayos, cuentos, poemas, crítica literaria en donde se explayaba con su ya conocida sabiduría que no era ni más que el mundo a través de los ojos de un bibliotecario argentino. El problema filosófico del tiempo, metafísica, batallas, mundos ficcionales son algunos de los tópicos que utilizaba para adentrar al lector en su mundo a veces complicado de entender. Sin embargo, a pesar de los temas que maneja, Borges también se remite a uno de los temas más conocidos o característicos de un escritor: el proceso creativo. Y es en su cuento Las ruinas circulares, donde demuestra de una manera metafórica, cómo suele ser.

Publicado en la revista literaria Sur, en el diciembre de 1940, este cuento, se ha analizado o visto de una manera más onírica.  Sin embargo, como es mencionado al principio, se puede comprender un mensaje distinto.

En Las ruinas circulares, una reflexión sobre la literatura, Carmen R. Rabell, 1988, en párrafos finales señala que:

“Borges nos entrega desde la primera línea del cuento un personaje amnésico en una noche “unánime” en la cual nadie lo ve llegar a las ruinas circulares. Nadie, excepto “una sola alma”: el lector que reconstruye la historia”.

Recordando, Borges, previo a escritor fue lector, y en sus textos se denota la relación escritor-lector. La mayoría de sus cuentos narrados en primera persona o contados desde boca de un personaje secundario son meros ejemplos de cómo el autor es partícipe escuchando historias que él, como lector quiere leer, escuchar. ¿Pero y si más que la relación fuese un ejemplo de cómo el autor/lector concibe su obra?  Se debe pensar pues al personaje principal como el escritor.

Luego de la llegada del personaje sin nombre (porque el escritor puede ser cualquiera) se da a conocer el único propósito del hombre: soñar a otro hombre o, en este caso, el de generar un texto artístico. Menciona que el proceso por el cual se genera este hombre es mediante el sueño, de igual forma que algunas obras son creadas. El personaje quiere soñarlo con minuciosidad, detalladamente, la empresa le toma tiempo, “ese proyecto mágico había agotado el espacio de su alma: si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder”. Distintos autores han llegado a estar inmersos en totalidad a la hora de crear su obra en el proceso mágico.

Después se muestra un anfiteatro circular. Circular porque la invención no tiene principio ni fin. Donde nubes de alumnos prestan atención al hombre que le da los temas sobre anatomía, cosmografía y magia, tratando de responder con entendimiento “como si adivinaran la importancia de aquel examen”. Aquí se puede tomar a los diferentes alumnos como las ideas del escritor, tratando de acoplarse, comprender y responder a lo que el autor quiere decir. Pasar la prueba. Una idea, un alma que “mereciera participar en el universo”. Noches después el hombre se da cuenta de que nada se puede esperar de los alumnos que aceptan con pasividad la doctrina. Una obra resalta por sobreponerse a lo pasivo, por arriesgarse y a veces llegar a tener una contradicción razonable. Los primeros alumnos eran dignos de amor y afecto, así como todas las primeras ideas que se piensan son buenas, hasta que pasan por la meditación o replanteamiento. Al final de las cátedras y preparación del alumno, éste se deformó y borró. Dejando en ira al creador. Pues al final las ideas no constan sólo de pensamientos, es un trabajo más arduo.

Llega un punto en el que después de intentar, el escritor toma un descanso de su obra, se emancipa y la retoma después. En el cuento el hombre se da cuenta de la difícil empresa que comprende el hacer un hombre, así que acepta su fracaso y, como creador que es, busca otros medios para concebir su obra: el agua purificadora del río, la adoración a dioses planetarios a los cuales se pueden rebajar a simples mortales o en este caso, escritores fundamentales para el autor; sílaba lícita de un nombre poderoso o un mantra (viéndose de otra manera) o la espera de la luna. ¿No ha sido la luna inspiración de varias obras?

En los párrafos consecuentes se refiere, de manera minuciosa, al proceso de crear la obra, analizándola, viéndola desde lejos sin tocar, verle el pequeño corazón latir (y ¿por qué no? descansar por lo menos una noche) poco a poco ir otorgando cuerpo, forma y vida a la obra. Se menciona a Adán, la obra magistral del primer creador. Hecha a su imagen y semejanza, que, al igual que las obras, tomó tiempo en realizarse o en este caso siete días.

Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió”.

El escritor se arrodilla ante la efigie (la inspiración vista de cierto modo) e implora socorro. Aparece el fuego. El fuego puede ser tomado como el punto en donde el autor conoce el camino a donde debe llevar su obra, la pasión, la catarsis que debe generar. Las instrucciones mágicas que el ahora mago (porque el escribir es parte de una magia) debe completar para ver su obra viva y terminada. “A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido”. Porque este fuego llega para determinada obra, más no siempre es el mismo.

El autor lo presenta y lo va acostumbrando a la realidad, para después darse cuenta de que ya está listo para nacer, ser presentado, leído. No obstante, luego de presentada o publicada la obra, ésta se extiende a través del tiempo y las personas. El autor, en el mero cariño u orgullo sabe que después de todo, su obra fue hecha por el fuego, por una mera idea, una simple pasión. El autor quiere que su obra resalte y no sea vista como un texto, como la idea de alguien puesta en hojas, el escritor no quiere que sepan que su obra es “la proyección del sueño de otro hombre”. Después de todo es su creación, su hijo. Él es el padre y “a todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad”.

” Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”.

Al final del cuento se marca la relación lectora/escritor de Borges. A fin de cuentas, el escritor no es sólo la persona que escribe, es la etiqueta que le da el lector. Lector que no es lector si no lee al escritor. Formando así un ciclo arcaico, una ruina circular de la literatura.

En conclusión, Borges en “las ruinas circulares” entrega un cuento onírico, filosófico, fantástico del que se pueden resaltar demasiados temas hasta exprimirlos. Pero no debe olvidarse que, después de todo, muestra un ejemplo de lo que es la creación literaria, todo a partir del que se podría decir, es el origen que da a la literatura y demás artes: una mera idea, un sentimiento, un sueño.

Bibliografía:

Borges Jorge Luis, Ficciones, Debolsillo, 2011, 224 pags.

Rabell R. Carmen “Las ruinas circulares” una reflexión sobre la literatura, Universidad del estado de Nueva York en Stony Brook, 1988.

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