El soundtrack de la protesta chilena

Matheus Calderón
Crítico cultural


Por supuesto, está la cuestión de Víctor Jara como ícono, como mártir muerto en la dictadura de Pinochet. Y también con la belleza de la melodía y los arreglos musicales, Pero a la vez hay algo que tiene que ver con la letra de “El derecho de vivir en paz”, con las operaciones que plantea la letra de la canción, apropiada como himno por los manifestantes en Chile durante los últimos días.

Creo que hay dos operaciones ideológicas, militantes, verdaderamente hermosas en este tema.

La primera tiene que ver con la universalización de una singularidad (o, volviendo a esos juegos de palabras de los que tanto gustaba Lacan, una sin-lugaridad), un nuevo evento que se hace universal fuera de su particularidad. Este evento es la victoria por venir de Vietnam sobre los Estados Unidos -el tema se estrena en 1971, la guerra acaba en 1975-, que es otro nombre para el imperio. La victoria del bandido Ho Chi Mín, cariñosamente llamado “tío Ho”, sobre el imperio, una victoria que irradia a todo el mundo, que se vuelve universal. Y es quizás más hermosa porque la victoria irradia incluso antes de haber terminado la guerra -es la victoria por venir, es el canto al proceso, lo que confiere su carácter de militancia revolucionaria al tema.

Pero aquí hemos de notar que esta universalización no ha de ser necesariamente pacífica. Una vez decretada una nueva verdad, un derecho universal, esta se vuelve forzosa, obligada para todas y todos. Todas y todos podemos apropiarnos de ella, exigirla, en cualquier lugar del mundo. Se vuelve universal de manera forzosa, casi violenta (es una hermosa paradoja del derecho de vivir, precisamente, en paz). Ya no podemos ser indiferentes a esta, por ello es que “golpea de Vietnam a toda la humanidad”.

La segunda operación, que es en extremo difícil, que aparece en el Vallejo del “Himno a los Voluntarios de la República”, en muchos de los poetas comunistas que escriben sobre la Guerra Española (de esto ha hablado Badiou en su Poesía y Comunismo), es la de “la reversión de la miseria en heroísmo, la reversión de una situación angustiante y particular  en una promesa universal de emancipación”. No se trata aquí de asumirnos sobreviviendo, como otra canción de trova de autoría de Víctor Heredia que bien ejemplifica la situación de las víctimas de todo el mundo después de los genocidios de Estados Unidos, sino precisamente de afirmar la vida para todos y todas.

Indochina es el lugar
Más allá del ancho mar
Donde revientan la flor
Con genocidio y napalm
La Luna es una explosión
Que funde todo el clamor
El derecho de vivir en paz

Aquí vemos cómo las imágenes de violencia contra Indochina, esto es, la miseria de todas las naciones, se mezclan con la explosión misma “que funde todo el clamor” (también aquí hay un correlato material: los instrumentos acústicos empiezan a mutar en, a fundirse con, guitarras eléctricas, gracias a la participación de Los Blops, más afines entonces al rock inglés). Más adelante escuchamos que “es el canto universal, cadena que hará triunfar”, donde aparece la figura de la cadena ya no como opresión, sino como atadura al compromiso de cantar el triunfo por venir, que ha de venir porque, como ya lo decía Mao, tenemos razón en rebelarse contra los reaccionarios.

Pero mientras la victoria llega (y la victoria llegará), hay que celebrar la protesta callejera, hay que reconocernos como los que se quedaron sin laureles, reconocer que una vez más parece que “el futuro no es ninguno”, y una vez más, como hace 30 años, cuando Apsi publicaba un reportaje sobre la “juventud chilena acorralada“, según recuerda Culto, hoy también estamos acorralados, pero listos una vez más para unirnos al baile sobre el que cantaban Los Prisioneros en 1986, al baile de los que sobran.

No es, como dice Zizek, que “ya tuvieron su momento de diversión anticomunista y están perdonados por ello — ya es hora de ponerse serios de nuevo”, sino al contrario: ya tuvimos nuestro momento de seriedad anticomunista, ya estamos perdonados -es hora de divertirnos una vez más-. Únanse al baile de los que sobran. Nadie nos va a echar de más.