Ecuador, en pie de lucha

Gabriela Merino
Estudiante ecuatoriana


La noche del 1 de octubre Lenín Moreno anuncia a través de una cadena nacional 6 medidas económicas y 13 propuestas de reforma para mejorar la economía del país, siendo las primeras:

  • Liberación del precio del diésel y la gasolina extra y ecopaís.
  • Entrega de 15 dólares mensuales adicionales en bonos
  • La eliminación o reducción de aranceles para maquinaria y materias primas agrícolas e industriales.
  • Eliminación de aranceles a la importación de dispositivos móviles
  • Entrega de mil millones de dólares para créditos hipotecarios desde noviembre
  • Renovación de contratos ocasionales con 20% menos de remuneración.
  • Despido de 23000 burócratas.

La eliminación del subsidio para la gasolina y diésel causó un rechazo inmediato, pues el denominado decreto 833 afectaba de forma directa a la ciudadanía. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) aplaudía la propuesta de Moreno, el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), el Frente Popular (FP), la Federación de Cooperativas de Transporte Público de Pasajeros (FENACOTIP) y la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) protestaron oficialmente dando paso a 8 días de protesta. El jueves 3 de octubre los transportistas paralizaron sus unidades a nivel nacional, mientras que estudiantes, trabajadores y civiles cerraron vías y salieron a protestar en las calles.

En varias ciudades, las manifestaciones se dieron de forma irregular pero cada vez reunían más gente. El llamado era general: luchar por lo justo, porque somos pueblo, porque los más necesitados sufrirán, porque el FMI debe dejarnos en paz, porque somos pobres, porque somos pueblo….Si bien el IVA no fue tocado, la eliminación del subsidio a la gasolina y diésel desencadena en una serie de alza de precios de pasajes, alimentos, y más insumos de uso común. Con un sueldo básico de USD $386. resultaba ilógico que una medida de ese tipo sea tomada de manera tan apresurada.

Las ciudades se convirtieron en centros de protesta que se encontraron de frente a una represión policial extrema a pesar de ser manifestaciones pacíficas, pues ante los levantamientos, el gobierno decretó el Estado de Excepción, una medida dolorosa que sorprendió al pueblo. Las clases fueron suspendidas, el gremio de transportistas y taxistas retomaron sus rutas luego de que los presidentes de cada entidad fueran encarcelados.

En el caso de Guayaquil, los saqueos y actos violentos permitieron que la atención mediática reduzca la lucha de todo un país a actos vandálicos. Por lo tanto, toda la información que salía de los medios locales era sobre un ‘‘grupo’’ de delincuentes que allanaron locales comerciales alterando la supuesta paz que se vivía en el entorno. Esto, apoyado por declaraciones de María Paula Romo, Ministra de Gobierno, y Lenín Moreno sobre un pueblo en paz en donde no había nada que temer pues ‘‘los que quieren trabajar son más’’, ya que ‘‘solo trabajando el país sale adelante’’. El reflejo de incompetencia materializado.

Más tarde, Lenín Moreno en su cadena nacional asegura que no dará vuelta atrás a pesar de las vías cerradas, enfrentamientos entre civiles y policías, y cientos de personas en las calles. Frente a esto, la CONAIE anunció una movilización masiva hacia la capital. Fueron días incansables de caminata, mientras que en los centros de las ciudades cientos de personas se enfrentaban a la violencia desmedida de los policías. Estudiantes, obreros, civiles contra la fuerza que se suponía que debía protegerlos. Todos los días aumentaban los casos de abuso de poder, encarcelamientos injustos y heridos, pero la resistencia se asentaba en la esperanza de la llegada del pueblo indígena a Quito. A lo largo de la ruta, pueblo ayudaba a pueblo y el país se unió con campañas, donaciones y facilidades de viaje para que los indígenas llegaran, y lo hicieron…Sin embargo, mostrando una frontalidad nula, el presidente viaja a Guayaquil en donde se refugia y convierte a la ciudad en la sede de gobierno.

Los medios de comunicación cegados por completo mostraban únicamente al grupo de políticos corruptos que respaldaban al primer mandatario, así que en la rueda de prensa llevada a cabo en Guayaquil, la alcaldesa Cinthya Viteri y su antecesor Jaime Nebot hicieron un llamado a la marcha por la paz y cerraron todas las entradas a la ciudad para asegurar la seguridad de Moreno. Cadenas como RT fueron las encargadas de decir la verdad al mundo. Paralelamente a estos hechos, la CONAIE arribaba a Quito a pesar de que toda la fuerza militar fue llevada a la entrada de la ciudad con tanques, trucutús, gases lacrimógenos y órdenes claras de evitar el paso a toda costa. Desde los canales oficiales de los movimientos se llamaba desesperadamente a la población quiteña a unirse y ayudar a romper la barrera policial que impedía el paso. El llamado fue escuchado y a pesar de que eran civiles desarmados contra las armas que financiaban sus propios impuestos, entraron gloriosamente a la ciudad, quemando un tanque a su camino. Si bien la atmósfera era tensa y sabíamos que mucha gente estaba siendo violentada, la entrada de la CONAIE  a la asamblea constituyente representó toda la lucha. El pueblo tomó simbólicamente lo que le pertenece:

En todas las ciudades el paso se bloqueó, los transportistas volvieron a unirse a la causa y el desabastecimiento empezó a notarse. En ciudades como Carchi, los manifestantes cortaron el suministro de agua. En Cuenca, se mantuvo bloqueado todo el centro de la ciudad. En Loja, los manifestantes del cantón Saraguro comenzaron una movilización al centro de la ciudad. El país estaba en una guerra civil que no podía ser mostrada por completo al mundo. Los llamados al diálogo eran promesas falsas, trampas. No bastó el estado de excepción así que se decretó toque de queda y militarización desde las 15:00. 

En Guayaquil en cambio, se llevó a cabo la marcha por la paz, en donde cierto sector social salía a las calles a exigir el cese de protestas, sin empatía alguna con la causa. esta movilización fue ampliamente cubierta por todos los medios locales. En medio del caos, la CONAIE decretó su propio estado de excepción reteniendo a lo largo del país a más de 40 militares. Mientras tanto, en Quito inició el periodo más fuerte, el pueblo intentando entrar a Carondelet. La represión militar y policial se intensificó y comenzaron a registrarse las primeras víctimas mortales. Las universidades de la capital abrieron sus puertas como albergues para el pueblo manifestante y la ciudadanía se encargó de abastecer con comida, cobijas y lo necesario para su estadía. Para el ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, las instituciones eran centros logísticos que protegían a alborotadores que apoyados por Correa y Maduro querían dar un golpe contra el noble y justo Estado. Red de mentiras que se alimentaba cada noche con el discurso de un mandatario diferente en cadena nacional o entrevistas mediocres. 

Entre las primeras víctimas, se registró un dirigente indígena, siendo tan solo los videos captados por testigos la evidencia de que muchos de los ciudadanos agredidos por policías ya estaban inmovilizados en el momento en el que los uniformados usaron sus armas o toletes. Tras estos fallecimientos, las alarmas internacionales se activaron. En las páginas oficiales de la CONAIE se pedían carpas para velar a los suyos. El país sufría, ellos luchaban por todos. Sin embargo, y ante una muestra pública de injusticia, los medios nacionales hicieron viral la declaración de un periodista agredido, tachando como violentos a los inocentes.

Luego de anunciado el toque de queda, Quito hizo un llamado para el ‘‘cacerolazo’’ a las 8 pm. Cientos de personas salieron a sus terrazas a golpear cacerolas para reclamar por todo lo que sufrían, por lo que pasaba, para que el gobierno escuche que no se dejarían vencer. Sin embargo, medios como TELEAMAZONAS resignificaron la situación poniendo en sus titulares de manera engañosa que aquella protesta colectiva era por la ‘‘paz’’.

En los últimos días de protesta, dejó de importar los espacios privados u hospitales, pues la fuerza militar bombardeó las universidades en donde se albergaban niños y mujeres, además de lanzar gas lacrimógeno a una maternidad. La disculpa pública de parte de la oligarquía fue aún más terrible que los actos violentos. Sin restricción alguna, se comenzó a perseguir desmedidamente a los ciudadanos, así que una memorable noche de octubre los jóvenes estudiantes de medicina, médicos y voluntarios formaron un cordón humano únicamente cubiertos por sus batas y  patriotismo para proteger a los manifestantes.

Diálogo de paz

El 13 de octubre Lenín Moreno acepta reunirse con los dirigentes de los movimientos indígenas bajo la mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ecuador, así como de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Con varias interrupciones y recesos alargados innecesariamente, se abrió paso a la voz del pueblo que resonó tan fuerte que los comentarios de ministros quedaron simplificados a medidas económicas básicas. Jaime Vargas, presidente de la CONAIE, se centró directamente en el problema del ‘‘paquetazo’’ asegurando que varios ministros intentaron entrar en contacto con ellos antes del diálogo y que sus llamadas fueron rechazadas porque nadie haría que desistan de su lucha. Asimismo, Vargas llamó ‘‘vagos’’ a los ministros por su nula y poco funcional participación en los días de protesta. Lezma, por su parte, resumió la situación al ejemplificar que era imposible que un hombre campesino pueda sustentar los gastos de su familia con una subida tan notable de los hidrocarburos. Mientras los mandatarios aseguraban que su intención era evitar el enriquecimiento exclusivo de un solo sector, así como frenar el tráfico de gasolina a países como Colombia y Perú, el resto de los participantes señalaba que la lucha era por el pueblo que ellos no estaban considerando, por los cientos de heridos, por aquellos que trabajan honestamente, y sobre todo por los fallecidos. Ignorar el reclamo popular era olvidar a los caídos. Después de varias participaciones en las que el pueblo indígena dejó en alto sus conocimientos y su compromiso con la causa, el decreto 833 era derogado dando paso a uno nuevo que será estructurado por comisiones que involucrarán a representantes de todos los movimientos.

De esta forma, el paro nacional terminaba. Las ciudades, como auténticos campos de guerra, eran abandonadas. El pueblo venció. Han pasado diecisiete días desde el diálogo de paz, pero aún pesa el número de detenidos, heridos y vidas arrebatadas en la lucha de todos. Actualmente, un gran número de personas son procesadas por acciones realizadas durante las jornadas de protesta, y en la mayoría de ciudades se ha dado un rotundo no a las tradicionales paradas militares por fiestas cantonales.