Editorial

En este año tan convulso, octubre ha sido el mes que ha catalizado todas las experiencias latinoamericanas. ¿Cómo reaccionó Latinoamérica ante el hartazgo y la indiferencia? A través de protestas que alzan la voz por asuntos que nunca se debieron callar. Vivimos en países acostumbrados a la represión, al silencio. La comodidad de quienes hoy ocupan cargos de poder siempre ha dependido de ello. Es tiempo de remecer esos cimientos. Es hora de alzar la voz.

Latinoamérica vive hoy uno de sus momentos más críticos, quizá, respecto a la democracia. En Perú, Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia, existen pequeños brotes de hartazgo ciudadano hacia sus gobernantes. Si bien la crisis política que viven Perú y Bolivia puede parecer ajena de la económica que viven Argentina, Chile y Ecuador, no lo es. Toda Latinoamérica experimenta hoy la crisis más grave del siglo XXI, la crisis de la representatividad.

Si no vemos que más allá de la disolución de un Congreso, el aumento del pasaje del Metro o el retiro de los subsidios del combustible, se encuentra un problema más grave, no estamos mirando atentamente. Y es que si limitamos nuestro análisis a estas situaciones tan particulares, podemos ofrecer remedios paliativos que no harán sino nada más que camuflar, aliviar todo y encumbrar a figuras políticas oportunistas. La peor crisis es aquella que no se siente hasta que ya es demasiado tarde para revertirla. Desde Poliantea creemos que la democracia, sistema político imperfecto por naturaleza, es hoy motivo de crisis. ¿Lo ha sido siempre? Seguramente. Pero no podemos expandir nuestro análisis a tiempos remotos, porque como cierta canción dice; “ya lo pasado, pasado”. Entiéndase además que analizar desde el pasado lo que ocurre hoy, si bien nos permite entender por qué pasa lo que pasa, es una invitación a caer en anacronismos en los que esta revista no tiene ningún interés.

 Así, esta undécima edición nos entrega, por vez primera, además de la miscelánea siempre prometida, un apartado que analiza dicha crisis. Desde el análisis a nivel latinoamericano planteado en Latinoamérica de furia que abre la revista, hasta aquellos que aterrizan en situaciones concretas como Bolivia (Los niños que te vimos llegar, somos los mismos jóvenes que te vamos a sacar) Ecuador (Ecuador, entre el caos y la desobediencia civil) o Chile (La (maldita) primavera chilena y Un país que lucha por vivir en paz, conciencia y unidad). Además, adjuntamos la Carta abierta al presidente de Chile elaborada por Baltazar Garzón, ya que la consideramos pertinente para entender la posición vigilante que se pide optemos en nuestros países.

Las piezas que hoy empiezan a desplegarse en nuestros países no son sino la señal del cambio estructural que necesitamos para trascender. Existe un sendero que debemos recorrer si estamos dispuestos a apostar por el cambio, ese sendero está empezando a aparecer, aquel que tantos latinoamericanos ansiaban. Desde Poliantea señalamos en su momento que con nuestra aparición, aquel camino empezaba a dilucidarse. No era bajo un afán mesiánico, sino bajo la apuesta sostenida de darle voz a la nueva generación. Aquellos cambios, aquellas luchas que hoy explotan ya habían sido, al menos, enunciadas en nuestros artículos, en nuestros comunicados. Entendíamos entonces, como entendemos ahora, que Latinoamérica vive bajo una bomba de tiempo. Que más personas se sumen a este despertar es, sino, un motivo de orgullo. Pero es un llamado de atención a nuestras autoridades y a nosotros mismos.

Este despertar también es, en sí mismo, un punto de quiebre. La distancia que hoy separa a gobernantes y gobernados es cada vez más ancha, y el camino para recorrer, por ende, más angosto. Es tiempo de reducirla. Es tiempo de exigir mejores gobernantes, de exigir una mejor representación, de colaborar al cambio y no solo demandarlo. Nada llegará si estamos esperando pacientemente a su realización. Latinoamérica hoy demanda acción, desde cualquiera de los frentes que optemos, pero demanda acción. Basta ya del conformismo neoliberal.

Dicho eso, hay quienes, muy pertinentemente, señalan que es la crisis del neoliberalismo la que estamos presenciando. Aquel sistema socioeconómico implantado desde Estados Unidos en Chile, a través de los Chicago Boys, es hoy cada vez más repudiado por el pueblo latinoamericano, que atribuye (muy inteligentemente) que todo aquello implantado por una dictadura, no puede, no debe tener segundas oportunidades en esta tierra. Así como la vieja política, así como la corrupción, así como la hipocresía y el cinismo empresarial, es tiempo de desterrar todo aquello que tenga que ser desterrado.

Las nuevas generaciones latinoamericanas demandan un cambio y apuestan por discursos que escapen de los ya establecidos, apuestan por reconocerse a sí mismos como agentes del cambio. Desde Poliantea no podemos ser indiferentes a este momento histórico y nos sumamos a dicho compromiso. Luchar contra el establishment es también revolucionario. Hacer política es también revolucionario. Seamos revolucionarios, seámoslo siempre.