Seda

Son pocos los libros a los que regreso para una segunda lectura. La nostalgia de lo que experimenté al leerlos hace tiempo es lo que me hace volver a sus páginas. Seda de Alessandro Baricco – escritor, músico y dramaturgo italiano— es uno de esos libros.

En Seda no hay detalles, solo las palabras justas para que la imaginación del lector lo transporte hasta mediados del siglo XIX, el escenario en donde se desarrolla la vida Hervé Joncour, un francés dedicado a la comercialización de gusanos de seda; la crisis en la que se ve envuelto su negocio y el destino lo llevan hasta Japón, donde el amor, el deseo y el dolor son más que simples interpretaciones personales.

Creo que lo valioso de la obra de Baricco – que consta de 125 páginas— va más allá de la historia plasmada ellas; la magia del libro es el estilo del autor, cómo narra una historia con una prosa suave y fluida, en donde la nada y el todo se conjugan entre sí para ofrecer al lector una una experiencia que envuelve de principio a fin.

Baricco acaricia con las palabras, lo hace de forma simple y equilibrada, con poco dice todo y muestra lo más significativo de su esencia. Seda me arrancó suspiros y una que otra lágrima, al libro no le sobra ni le falta nada. Leer Seda, es una hermosa experiencia que no pueden dejar pasar por alto.

Les dejo algunas líneas que me pusieron la piel chinita, para que se puedan dar una idea de lo que Baricco me hizo sentir:

“Es un dolor extraño […] Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.”

“Hasta que al final te bese con el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mío, y mírame, soy yo, quien podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío, ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.”

“Lo que era para nosotros, lo hemos hecho, y vos lo sabéis. Creedme: Lo hemos hecho para siempre. Preservad vuestra vida resguardada de mí. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós.”