¿Qué poesía reclama el siglo XXI?

Héctor Hérnandez Montecinos
Poeta chileno


Este seminario originalmente tenía una fecha que coincidía con mis días en Lima pero los Juegos Panamericanos alborotaron todo. Hasta la poesía tal como en la antigua Grecia donde gimnastas y poetas resguardaban un mismo secreto en jornadas públicas en que el cuerpo, la mente y el espíritu eran lo mismo. Ahora estoy ya en Santiago y mi participación es por videoconferencia. Estas notas que siguen son de algún modo una transcripción y punteo de algunas ideas con respecto a la pregunta con la que se nos convocó.


Semanas previas a mi viaje tuve varias discusiones en Facebook con respecto a temas como el lenguaje inclusivo y el rol del feminismo. Lo curioso es que fue solo con hombres peruanos del mundillo cultural. Los ánimos están caldeados por la contingencia nacional que va desde los casos de corrupción política y empresarial hasta el suicidio de un expresidente. Sea como sea hay más preguntas que repuestas en el aire y eso hace bien. No voy a replicar las discusiones pero sí mi respuesta más menos general que es la idea de que trabajamos con lenguaje y no puede ser coartado en aras de una ultracorrección que desesperadamente busca salvavidas desde la RAE hasta la absurda idea de que esto se trata de un terrorismo sexual. El lenguaje en su fundamento es para nombrarse y comunicarse; lo contrario a eso es contrario a la civilización. Lo más paradójico es que uno de esos contendores resulta ser uno de los ponentes de esta mesa. El que sonríe al pronunciar la palabra “poetisa” para referirse a las mujeres que escriben. Una sonrisa blanca como su lugar racial, económico y sexual.


La poesía no tiene sexo suelen decir los heterosexuales. No debe ser política señalan personas de derecha, tanto las que saben como las que no saben que lo son. Tiene que cuidarse de su instrumentalización agregan algunos que trabajan 60 horas semanales para el capitalismo. Desde ciertos lugares de ignorancia o hipocresía el amor a la poesía les baja por ejemplo cuando una mujer dice vagina en un poema. La minimizan como poesía del cuerpo como si los poemas de hombres sobre el cuerpo de las mujeres no fuera también poesía del cuerpo. Ciertos sujetos no pueden ejercer soberanía lingüística sobre sí mismos pareciera ser el mandato de un destino. Al capitalismo y a ciertas poéticas les importa más un poema que un ser humano tal como les importa más el trabajo que un trabajador. Una poesía clara, higiénica, de buen decir y correcta. Tal como le gustaría al neoliberalismo y al fascismo que ya no es solo político sino económico y social. Absolutamente utilitaria para su ideología de tregua forzada. Una poesía que no genere preguntas, que no cuestione su propio lugar de enunciación, que no problematice el propio género y que sobre todo sea amable con el lector como hacen creer que son las interfaces del capital.


Una noche llegamos al bar Queirolo en el centro de Lima. Victoria Guerrero me había avisado que estaría allá con más personas celebrando su nuevo libro. Formamos una gran mesa sobre todo de mujeres y diversidad sexual. Algunas de las chicas tenían aún pancartas con rostros de poetas peruanas que habían utilizado en una intervención previa en la Feria del Libro para llamar la atención a la invisibilización de las escritoras. El bar en sí mismo es un homenaje a la poesía peruana y todo el mundo ha pasado por allí. El salón del fondo donde estábamos está dedicado a Hora Zero y una foto del grupo engalana la pared principal. Alguien reparó que en aquella fotografía no había ninguna mujer y en un improvisado gesto puso la foto de Carmen Ollé sobre la de Enrique Verástegui. En ningún momento se quiso dañar la imagen del poeta que admiramos y queremos sino que justamente era una muestra de que escritores como ellos tienen más conexiones que las que el campo cultural quiere ver. Otra persona se paró y puso otra, luego otra y otra más hasta que todos los rostros fueron de escritoras que también son el siglo XX. Me consta que nunca quiso ser una ofensa a Hora Zero, no fue planificado para que sucediera de ese modo. Surgió de manera espontánea, casi más como una respuesta a otra foto, la de la inauguración de la FIL donde nueve respetables señores posaban con masculina autoridad ante las cámaras.


En Perú pasa algo muy curioso que no pasa en otros países. Me refiero a la asociación del feminismo o la diversidad sexual con el terrorismo. Lo más probable es que sea un efecto “colateral” de la guerra interna y Sendero Luminoso. Para muchos hombres del campo cultural las feministas o personas LGTBQ+ son terroristas, peligros@s, violent@s, enferm@s, etc, es decir, representan todos sus miedos de clase. Ellos ven hordas cuando hay personas organizadas, ven vandalismo cuando hay reivindicación, ven ignorancia cuando justamente lo que están llevando a cabo es hacer palpable la de estos mismos. Nunca vi tanto odio de los hombres a las mujeres como acá. Y peor aun, de los poetas y tipos del medio literario. La masculinidad aquí tiene un gran problema consigo misma.


Como digo, desde unas semanas antes de llegar a Lima los ánimos machistas estaban ya álgidos. Los ataques e insultos han sido feroces a mujeres y personas cercanas. Mis investigaciones pasan también por las vanguardias andinas y no puedo no retrotraerme un siglo atrás cuando a esos jóvenes escritores por ejemplo se les acusaba de vandalizar la lengua, instrumentalizar la poesía, defenestrarla de su palacio de cristal cuando enunciaban desde el indigenismo, escribían en aymara y quechua o cuando sus cuerpos hablaban por ellos. Quienes les acusaron de indios radicales son los mismos que hoy dicen feministas radicales. Quienes les negaron todos los espacios y los ridiculizaron son los mismos que lo hacen hoy. Indígenas, mujeres y homosexuales siguen siendo los proscritos del campo cultural. Vandálicos que politizan a la musa, resentid@s que no saben lo que es escribir un “buen” poema, exaltados ignorantes que denigran las bellas formas. Ante esos mismos enemigos de la humanidad nacen maravillas como el grupo Orkopata, las escrituras de Churata y otros, libros como los de Carmen Ollé, Victoria Guerrero, Rafael García Godos. Un poeta casi de mi edad me decía que la poesía feminista es una mierda pero no fue capaz de nombrarme ningún libro. Para esa gente la poesía que ellos imaginan feminista es mala, como la escrita en lenguas originaria o la de l@s maricones es de segunda clase. No defienden el arte sino su miedo a que el mundo que ellos representan se esté cayendo a pedazos. Tal como sucede, lamentablemente con ellos y arrastrándonos a todos nosotros.


¿Qué poesía reclama el siglo XXI? Reclama preguntas a lo que hacemos, desde donde lo hacemos y por qué lo hacemos. Llevamos siglos escuchando las cuitas de hombres contándonos sus venturas y desventuras en formato de poemas. Hombres que escriben todos más menos en un mismo formato, desde un lugar cultural similar y con la certeza de que su lugar en el mundo es el natural, obvio, único. Estamos viviendo una época de crisis que tiene secuelas en ámbitos que hasta ahora no habían visto fisuras mayores. La gran crisis del patriarcado es justamente el reclamo a que ese lugar unilateral se convierta en uno más donde otros también puedan tener un lugar social. El machismo tiembla porque también tiembla el capitalismo que no hace otra cosa que ofrecer un mercado de identidades donde algunas valen más y otras menos. Ni siquiera se trata del deseo sino de la necesidad. La poesía es una relación privilegiada entre el lenguaje y el pensamiento y lo que menos hemos hecho en este último tiempo ha sido pensarnos. Escribir sí, y demasiada basura anda dando vuelta. Para mí, nuestro trabajo pasa por poéticas que son la relación entre una conciencia y un campo cultural. Esos son nuestros ámbitos de trabajo, no solo el poema sino lo que le antecede y lo que le sucederá a él y con quienes interactúe. La poesía se refiere a la sociedad, la política y la economía pero no verse ella desde ahí la hace ventrílocua de sí misma.


La primera vez que salí de Chile fue el 2004. Era al festival Salida al Mar en Buenos Aires. Allí conocí a una enormidad de poetas que siguen siendo grandes amigos. La armada peruana eran Roxana Crisologo, Miguel Ildefonso y Victoria Guerrero. Nos hicimos hermanos de inmediato. Desde ahí nos hemos visto en varios países y nos intercambiamos libros como si fueran botellas de pisco y vino. A Miguel vez que puedo le insisto en que reúna todos sus libros en uno solo, tal como se lo digo a Giancarlo Huapaya, y de Vicky aún conservo el ejemplar de El mar, ese oscuro porvenir (2002) con el que leyó esos días. Fue parte de la organización de un encuentro inolvidable en Lima, De Sur a Sur, el año 2005 donde peruanos y chilenos celebramos el triunfo de la poesía sobre los fracasos de las guerras. Desde ahí pasando por Ya nadie incendia el mundo (2005), Berlín (2011) y Cuadernos de quimioterapia (contra la poesía) (2012) hasta En un mundo de abdicaciones (2016) o Diario de una costurera proletaria (2018) hay una obra poética que no deja de sorprender por su intensidad, su inteligencia y su lugar en el mundo. La poesía de Victoria Guerrera siempre ha sido un arma, lo que pasa es que en muchas batallas ella fue siempre la primera y el enemigo estaba al acecho esperando su momento que es el hoy. El Comando Plath es una obra colectiva tan importante como su labor no solo de activista sino también de cronista, profesora o narradora. Un golpe de dados. Novelita sentimental pequeño-burguesa (2014) junto a Y la muerte no tendrá dominio (2019) son dos libros excepcionales que sobrepasan todos los géneros. En uno de los últimos mensajes antes que Vicky cerrara su Facebook le decía que este último tu libro era una de las cosas más poderosas que he leído en el último tiempo. Impactante, duro, hermoso. Nada se le parece. Lo que ella se atrevió en su libro, yo no lo pude hacer con Los nombres propios. En una entrevista reciente habla de su enfermedad y del retiro voluntario del medio público. El capitalismo sobrevive en el dolor y enfrentarlo es enfrentar al capitalismo. Todo en ella es una ética, una poética en vías de extinción.  ¿Qué poesía reclama el siglo XXI? Sin lugar a dudas, reclama a escritoras como Victoria Guerrero Peirano. También a otras como Alma Karla Sandoval de México, Mónica Ojeda de Ecuador o Eli Neira de Chile, entre muchas más.

En la videoconferencia también hablé de otros temas propios de nuestra actualidad como las editoriales cartoneras, los festivales y antologías con los cuales nos conocimos, el uso de internet como herramienta literaria, lo latinoamericano como un modo de pensarnos, pero me parece por ahora pertinente dejar estas preguntas aquí. Abiertas, libres y resonando con el amor y la intensidad con que fueron elaboradas. Pareciera que los enemigos de la poesía están en la propia poesía por eso me parece que es urgente dejar escritas estas ideas y que continúen en su vida que es mucho más que nosotros.

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