¿Qué significa ser sanmarquino?

Marcos Porras
Estudiante sanmarquino


Ser sanmarquino significa mucho más que hinchar el pecho por haber logrado alcanzar una vacante entre miles de postulantes o enorgullecerse por pertenecer a una de las mejores universidades del Perú. Ser sanmarquino significa asumir un compromiso con la sociedad y el progreso de nuestro país.

San Marcos está conformada por jóvenes de diferentes procedencias que, pese a la diversidad de culturas, religiones, creencias e ideologías, coexisten en un mismo ambiente. Interactuando juntos. Celebrando los triunfos y denunciando las problemáticas. Todos en un mismo saco sin distinción. Somos hijos de peruanos emergentes que en su mayoría no tuvieron la oportunidad de poner el pie en una universidad. Padres y madres que a través de nosotros ven realizados sus sueños y trabajan incansablemente, muchas veces con salarios miserables, con la esperanza de vernos dentro de cinco años lanzar la toga de graduación.

 Desde las aulas, tenemos el deber de velar por el justo recibimiento de una educación de calidad, costeada por todos los peruanos, con infraestructura adecuada, docentes aptos y una malla curricular que promueva la investigación a base de una visión crítica. El movimiento estudiantil, tachado tantas veces por la opinión pública de estar constituido por delincuentes, revoltosos e incluso terroristas, cumple un papel decisivo en esta lucha que, pese a ser constante, cada año se enfrenta a nuevos conflictos. Quizá con el objetivo de levantar los ánimos se creó una frase que sin dificultad se escuchará entre los alumnos “San Marcos es más grande que sus problemas”. Es así como se ha venido forjando el estudiante sanmarquino que sin temor alguno alza su voz de protesta ante cualquier acto de injusticia o corrupción.

¨San Marcos ya lo sabe. Sin lucha no hay victoria¨, ¨ ¿Qué nos enseña San Marcos? – Servir al pueblo de todo corazón¨ son algunas de las consignas que resonarán en los oídos de cualquier andante que se tope con una manifestación en la universidad más antigua de América. Y es que un sanmarquino es consciente de los problemas sociales que aquejan a nuestra sociedad puesto que conoce su realidad nacional. Tiene en cuenta que en la universidad no solo se adquiere conocimiento, sino también aprendizaje. Lo segundo se logra con la práctica. Defender la universidad y el país activamente es parte del deber de todo alumno de la Decana.

A nuestra universidad se le ha querido cerrar, intervenir, privatizar, hasta mutilar. Pero nunca estará desprotegida. Siempre existirán alumnos dispuestos a defenderla. Prestos y vigilantes.

Con el paso del tiempo, generaciones empezarán su carrera universitaria mientras otras se irán graduando, sin embargo, uno nunca dejará de ser sanmarquino. Es un sentimiento tan o más fuerte que el que sentimos por algún equipo de fútbol. Porque el nombre de la decana no lo llevamos en la camiseta. La llevamos tatuada en el alma.

¿Qué significó la toma?

Una toma en San Marcos siempre es el último recurso de los estudiantes luego de haber agotado todas las instancias de diálogo. Una medida de fuerza necesaria para ser escuchados. En esta ocasión uno de los principales temas de disputa fue la culminación del bypass en la avenida Venezuela. Esta obra, según la municipalidad de Lima, implicaba un recorte del campus, nada despreciable. Muchos ignoran que San Marcos está regida bajo el principio del cogobierno, esto significa que cualquier decisión debe ser elegida conjuntamente entre las autoridades, docentes y estudiantes. Pese a esta norma, las negociaciones entre el alcalde Muñoz y el rector de la universidad, Cachay ya habían iniciado a las espaldas de la comunidad sanmarquina.

Esta disputa tuvo como consecuencia una serie de plantones, al interior y exterior de la universidad, los estudiantes exigían por derecho participar en torno al futuro de nuestro campus. Para captar visibilidad los manifestantes bloquearon pistas y quemaron llantas. Las protestas intentaron ser acalladas por parte de la Policía Nacional del Perú a base de perdigones, bombas lacrimógenas y amenazas con armas de fuego. La estrategia era resguardar el orden público con abuso de autoridad y violencia.

Dado que los plantones y marchas no obtuvieron los resultados esperados. La toma del campus se hizo real. Lo sanmarquinos organizaron comisiones para cualquier necesidad: seguridad, alimento, vigilancia de puertas, limpieza, etc. Al día siguiente llegaron una gran cantidad de donaciones de estudiantes y quienes fueron estudiantes (egresados) para estudiantes. Carretillas contenidas de alimentos y agua eran repartidas en cada una de las ocho puertas de la ciudad universitaria. La solidaridad no solo se podía apreciar dentro de la universidad. Afuera se formó una inmensa cadena humana de sanmarquinos en defensa de otros sanmarquinos ante la amenaza de una intervención policial que ya había sido autorizada por el rector, Orestes Cachay. Entre chicharras, pancartas y banderolas las arengas de los estudiantes se hacían presentes resonando en las casas de enfrente y los buses que venían pasando. Los conductores evidenciaban su muestra de apoyo haciendo sonar sus bocinas al ritmo de los cantos. A su vez, en la puerta número tres se realizaron actividades como recitales de poesía, presentaciones de danza y conciertos urbanos. Los universitarios cantaban y bailaban a modo de una protesta pacífica.

La jornada ya iba por su tercer día cuando finalmente, se instauró una mesa de diálogo. Esta reunión tendría como participantes al alcalde, el rector, representantes de la Defensoría del Pueblo y dirigentes estudiantiles. La conversación duró doce agotadoras horas, en donde los estudiantes defendieron, sin titubear ni amilanare, cada uno de los pedidos del pliego de reclamos pues el bypass no era el único problema.

El desenlace fue positivo. Las autoridades pudieron llegar a un acuerdo con los representantes estudiantiles comprometiéndose a cumplir con cada uno de los reclamos expuestos. Demostrándose la victoria de la lucha sanmarquina.

La toma significó solidaridad, unión, perseverancia y compañerismo. Ojalá todos los peruanos nos organizáramos de la misma forma para luchar contra las injusticias y corrupción en nuestro país. Los políticos nos roban en nuestras narices y nosotros los criticamos, pero los seguimos eligiendo. Ojalá cada peruano tuviera una pizca del espíritu sanmarquino.