Hablemos sobre el aborto

Maria Font
Escritora peruana


En esta lucha está en juego nuestra propia dignidad,
y por eso decimos que no es una simple
reivindicación:
no ser consideradas como cosas,
sino como seres humanos dispuestos a vivir
una vida digna de ser vivida.
Dora Coledesky Fanjul,
Buenos Aires, junio de 2003

Hablar de aborto para las mujeres es un tema que tiene una profundidad más trascendente que una mera data estadística o una línea de tiempo que marque los hitos históricos de luchas feministas.

Pensaba mientras ordenaba la información que tenía sobre las movilizaciones realizadas en el Perú con el fin de lograr la legalización del aborto en todas sus causales, que a las mujeres este tema nos atraviesa desde adentro y, puede sonar un poco esencialista, pero de alguna manera las sensaciones y emociones que comienzan en el cerebro terminan por reproducirse en todos los órganos y, pensaba, que cuando una lee un cartel de “atraso menstrual”, sin importar la posición política que cada mujer tenga o la clase social a la que pertenece, a todas nos pasa un poco de electricidad por la espina dorsal, la intensidad varía de acuerdo a cuánto capital económico una posee. Las más pobres entienden estos anuncios desde la tragedia existencialista que guarda la metáfora y las que cuentan con un mayor capital económico, se limitan a gesticular con la boca, porque saben que significa problemas, pero en su caso es uno que pueden resolver. Pero a todas nos toca, porque incluso si no hemos vivido un aborto, todas en algún momento hemos escuchado la historia de otra compañera buscando ayuda o hemos tenido un retraso, o hemos estado esos tres minutos frente a una prueba de embarazo y hemos esperado ver las dos líneas rojas mientras pensábamos en todas las cosas que cambiarían trascendentalmente luego de eso.  

Quería comenzar esta pequeña disertación hablando de una chica de diecinueve años que en el 2012 quedó embarazada. A diferencia de muchas, ella no sabía qué era el feminismo o qué era el misoprostol. Se realizó una prueba de embarazo en el McDonald’s de Risso junto a su mejor amiga. Cuando vieron el resultado, su amiga, quien tampoco sabía qué se hacía luego de aquello, le dijo: Cómprate un pucho y fumemos, de repente así se te baja. Fumaron y se rieron, hasta que a la chica le tocó regresar a casa y enfrentarse con su realidad. Ella se encontraba a mitad de una carrera que había abandonado por un año, luego de una crisis depresiva y consumía más de diez pastillas diarias, entre antidepresivos, antipsicóticos y acababa de terminar una relación larguísima. Cuando le contó a la otra persona responsable y se hizo la prueba de sangre, confirmaron ambos el resultado. Luego vino la ecografía, donde descubrieron que en el colmo de la irresponsabilidad, ella tenía tres meses de embarazo, minutos después de saber los resultados, el médico del “local” les dijo que quería conversar con ambos. La chica sentada frente a un doctor bastante mayor lo escuchó hablar sobre una “solución” a sus problemas, nunca se pronunció la palabra aborto, siempre fueron sinónimos. Todo eso mientras el doctor le decía a ambos que eran un par de idiotas, luego, como siempre todo repercutió en ella, le dijo mirándola a los ojos que por la cantidad de pastillas que consumía solo podía tener un monstruo en el útero, así que no tenía caso pensar si quiera en tenerlo. Cuando salieron del lugar y caminaban, el chico le dijo a la chica que le daba miedo todo y que lo mejor era dejar que todo siga su curso. La chica solo miraba hacia la avenida sin saber qué decir, pero nunca pasó por su cabeza la idea de la maternidad y le parecía ilógico plantearse una decisión de esa naturaleza en la situación en la que se encontraba: sin un trabajo, sin estudios terminados y apenas saliendo de su última recaída.

Camino a casa, el chico le habló de la vida idílica que tendrían y ella le dijo que necesitaba terminar con todo cuanto antes. Volvieron a la realidad y quedaron en hacer todo tres días después, tiempo en el que conseguirían el dinero. Los días que siguieron la chica se dio golpes en el estómago hasta tener moretones, tomó agua de orégano hasta vomitar y al día siguiente una cantidad explosiva de aspirinas, todo gracias a los métodos caseros que descubrió luego de una googleada.

El día acordado llegó y la chica se preparaba a salir, pero llegó una llamada telefónica, minutos después su madre entró a su cuarto y le dijo: Era X, me acaba de decir que estás embarazada. La discusión fue tan fuerte que la chica terminó en plena crisis, pero totalmente fuera de sí llegó a llamar por teléfono a X, y mientras lo insultaba a él y a toda su familia algo en su organismo empezaba a fallar. Gritó tanto que su garganta quedó totalmente roja y por el dolor que eso le produjo no sintió nada hasta que entró al baño. Lo que siguió fue percatarse de que se encontraba sangrando muchísimo y lo único que pudo pensar en ese momento fue que por fin el universo se había puesto de su lado.

Cuando pienso en la chica, siempre creo que tuvo una suerte infinita. A diferencia de muchas, no tuvo que tomar misoprostol sola ni pasar por las arcadas, las náuseas, la fiebre, la diarrea y la angustia le duró pocos días. Algo que siempre se me viene a la cabeza es que, si viviéramos en un Estado honesto, ella debió tener acceso al aborto terapéutico, porque, fuera de lo dicho por aquel doctor: ¿Es correcto que mujeres jóvenes que no quieren ser madres y tienen un historial psiquiátrico sean obligadas a continuar con un embarazo?  Siempre que leo anuncios de “atraso menstrual” o me llegan noticias sobre la legalización del aborto en algunos países pienso en la vida que pudo tener aquella chica y me alegro hasta el infinito de la oportunidad que tuvo.

En nuestro país el aborto terapéutico es legal desde 1924 y en el 2014 por fin tuvo un protocolo y pudo empezar a aplicarse, sin embargo; de acuerdo con el informe presentado por Foro Salud el año pasado, actualmente se invierte poquísimo en la capacitación de los doctores y la difusión de la información básica de esta información. Por otro lado, el documento aprobado el 2014 no cumple las exigencias de la realidad y se dan casos en que los doctores simplemente por ideologías personales retrasan el tratamiento de las mujeres hasta que pasan de las veintidós semanas de gestación (1) y se ven obligadas a terminar un embarazo no deseado en el marco de una enfermedad crónica. ¿Esta realidad no es una vulneración de los derechos de todas las mujeres del Perú a gozar de una salud íntegra? ¿Cuántas niñas terminan empujadas a ser madres por desconocimiento del personal médico sobre esta ley?

En el 2015 se realizó un debate en el congreso donde se debatió la aprobación de la ley número 3839-2014-IC (2), conocida como Déjala decidir, iniciativa ciudadana que fue apoyada por diversas ONGS y buscaba la legalización del aborto en casos de violación sexual. Entre los argumentos que la mayoría de los congresistas presentó estuvo el de la constitución: “Dice en la constitución de 1993 que la vida se inicia desde la concepción, por lo tanto, pensar en legalizar el aborto es ir contra la vida de un ser humano y bla bla bla”. Recuerdo esa frase, las demás iban desde citas directas de la biblia, hasta argumentos que recordaban a las clases más mediocres de biología. Volviendo a mi punto, se habló hasta el hartazgo de la constitución, pero nadie recordó que según ella las mujeres y todos los seres humanos tenemos derecho a una vida plena y a una salud integral. ¿Es criminalizar a las mujeres que abortan ejerciendo su derecho a decidir sobre sus proyectos de vida, una forma de preservar la vida plena de las peruanas? ¿Es obligar de manera estatal a las mujeres que quedan embarazadas luego de una violación sexual una forma de tortura?  La respuesta a la primera pregunta es un rotundo NO y a la segunda una afirmación.

Déjala decidir fue archivada con cuatro votos a favor y seis en contra.

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(https://twitter.com/DejalaDecidir/status/669265980384657408)

El 2016 se presentó la ley N° 387/2016-CR que buscaba nuevamente legalización del aborto en casos de violación y hasta ahora no se ha debatido adecuadamente.

La realidad del Perú en la actualidad es que se vive un genocidio de estado contra las mujeres, porque diariamente niñas, adolescentes y mujeres adultas de las clases más precarias mueren por falta de recursos para realizarse un adecuado aborto de manera segura. Asimismo, por culpa de las mismas bancadas que no permiten la despenalización del aborto, no existe una educación sexual en los colegios de manera real y el número de jóvenes embarazadas sigue en aumento según la última encuesta de INEI (3). Es decir, a nuestros gobernantes no les importa la salud de ninguna de nosotras, no hay necesidad de expresarlo con palabras, porque de acuerdo con la ley, en la actualidad no somos consideradas seres humanos y eso es lo que pasa hoy día, el 28 de septiembre del 2019. Quisiera finalizar recordando que la lucha final es por la legalización del aborto en todas sus causales, porque, incluso ya entidades que no comparten del todo nuestras problemáticas como la ONU (4) lo han señalado: El aborto es un derecho humano y como todos los derechos, las mujeres debemos luchar el doble para alcanzarlo; pero creemos que es posible vivir en condiciones decentes, hoy quiero terminar de redactar este texto con la certeza de que tarde los años que deba tardar, las mujeres vamos a vivir y gozar plenamente de nuestras ciudadanías en este país.


Bibliografía:

  1. https://wayka.pe/sistema-salud-pone-en-peligro-a-miles-de-mujeres-que-requieren-aborto-terapeutico/
  2. https://www.demus.org.pe/campanas/dejala-decidir/
  3. https://andina.pe/agencia/noticia-inei-134-adolescentes-peru-quedo-embarazada-durante-2017-714189.aspx y   http://manoalzada.pe/feminismos/un-challenge-que-nos-debe-doler-a-todos-embarazo-adolescente-en-el-peru
  4. https://acnudh.org/expertos-onu-en-derechos-humanos-los-estados-deben-actuar-ahora-para-permitir-abortos-seguros-y-legales-para-mujeres-y-ninas/