¿Qué pasó ayer? (Parte I)

Miguel Ángel Malpica
Estudiante de Filosofía de la UNMSM e integrante del Grupo Pólemos

En este breve, espero, brevísimo artículo, resumiré las críticas (no tienen el carácter de crítica, pues han sido comentarios por lo general a través de falacias, pero que es necesario habilitarlas como críticas para poder analizarlas a detalle) que han estado siendo vertidas en redes sociales por parte de estudiantes de base, ex representantes estudiantiles y militantes de ciertas organizaciones sobre lo que sucedió ayer y que, en resumen, se pueden sintetizar en las dos ya conocidas sentencias: No es la forma de protestar y No es la estrategia adecuada para canalizar la lucha; ambas sentencias, premisas en realidad para elaborar un discurso, tienen implicancias pre y post análisis y he ahí su valor para poder caracterizar a dichos sectores, en el buen sentido de la palabra, y ubicarlos dentro de un mismo punto de vista: el del conservador de la protesta.

a) No es la forma de protestar

A pesar de que esta premisa permite continuar la oración con otras, en donde se señalen las otras formas de protestar, suele ser una excusa para señalar que, determinada forma de protestar, no conviene porque afecta la imagen de la protesta. Pero, en realidad, esta premisa es formulada por personas que o no están participando de la protesta o la están mirando de lejos, a pesar de tener cierta simpatía. Esto, en realidad, no sería una preocupación por la imagen de la protesta o del colectivo, sino más bien una preocupación por la imagen propia: no quiero que me vean como los ven a ellos, rechazando la posibilidad de asumir colectivamente una identidad política, lo que ha sido y es causa y consecuencia de la despolitización de los universitarios (Ancí, 2017); lo que implica, desde ese momento, entonces, un rechazo a la protesta porque en el fondo nunca la han compartido realmente pues no evalúa que, entre la imagen y los actos, es decir entre la forma y la protesta (fondo) hay un solo motivo: el de romper la normalización que intentan realizar los gestores de toda crisis y atropello de derechos.

Y en este caso, la normalización que el Rector viene realizando frente a los medios de prensa de que la propuesta de recorte del Campus Universitario es de lo más normal, necesario e inevitable del mundo y que por lo tanto es injustificable la protesta. Frente a ese intento de normalización ¿una protesta tiene que contribuir a dicha normalización o, más bien, como buscaron ayer los sanmarquinos, en romper esa normalización con una protesta fuerte y sonada? Se ha dicho y siempre es bueno repetirlo: frente a poderes fácticos, por lo general los derechos no se han ganado pacíficamente. Por lo tanto es y será la única forma de protestar, así, como la de ayer, cuando se impone una injusticia. Gracias a la acción de ayer ya nadie puede decir que las cosas en San Marcos están normales.

b) No es la estrategia adecuada

Esta premisa ya no es formulada por estudiantes de base sino por militantes y organizaciones políticas. Eso implica que la palabra estrategia tiene por lo menos dos significados: estrategia en el sentido de lo político y estrategia en el sentido de la política.

En el significado de estrategia tiene de sinceridad y de análisis, porque de acuerdo a un análisis de la situación, las contradicciones y el proceso de la lucha, la estrategia responde con sinceridad a dicho análisis. En ese sentido, vinculándolo con el punto a), lo sucedido ayer respondió, en su conjunto, y eso puede evidenciarse por lo exitoso de fue (ningún estudiante herido o detenido, movilización de cientos de estudiantes desde las 3:00 p.m. hasta las 8:00 p.m. por todo el Campus Universitario, con pronunciamientos y elevación de la conciencia: todo esto se puede verificar en el seguimiento a la movilización que realizaron, en vivo, Irradiando San Marcos) a una estrategia que devino de un análisis correcto: la estrategia fue sincera en su expresión concreta, pues buscó romper con la normalización de las injusticias que viene realizando el Rectorado. Eso es lo político.

En la estrategia en el sentido de la política, por el contrario, la estrategia no responde a un análisis sincero ni a lo político, sino a la política, es decir, a la línea política de ciertos militantes y ciertas organizaciones, que siempre se han caracterizado por infundir temor a las bases y que a priori descartan la ruptura de la normalización a través de acciones como las de ayer y que, si han de asumir medidas de fuerza, lo hacen porque ya no tienen opción. En este caso no es la imagen de la protesta, como en el punto a) sino que se ponga en riesgo la misma protesta: su estrategia, para evitar costos como claman, es seguir el camino de la protesta institucional y que, por más que se autodenominen de izquierda, su estrategia es la desobediencia civil liberal, pues buscarán restaurar el orden civil dado que dichos militantes y organizaciones políticas tienen una relación de validez con las instituciones del Estado (Casuso, 2017).

Esa relación, con el Estado y su sociedad civil, solo tiene que ser restaurada y la estrategia no es protestar de esta manera o de esta forma pues pondrían en riesgo dicha relación. Esta forma de concibir la protesta no se debe a que participan en el Congreso sino a pesar de que participan en el Congreso; es decir: pertenecen al Estado desde su raíz ideológica, a quien pretenden restaurar a diario.

Salvo en contadas excepciones, como ya lo he mencionado, aceptan este tipo de protestas porque son orillados o porque, si no lo hacen, perderían el poco respaldo que tienen. Su estrategia, por línea general, buscará mantener el orden institucional.

En lo anterior, he tratado de habilitar los comentarios como críticas para conocer su dimensión ideológica. Pero hay comentarios que no he incluido dentro de la habilitación pues son los mismos compañeros que ayer estuvieron los que lo desmienten.

Me alegró ver a muchos compañeros de la Base 18 que el año pasado conocí cuando fui Centro Federado de Letras, prestos a la protesta, atentos al cuidado de los compañeros, listos a dar el pecho. En otro contexto, ciertos dirigentes hubieran difundido el miedo entre ellos en vez de organizarlos. Como nunca han sido capaces de organizarlos, ahora los llaman “tontos útiles”. Tontos útiles son quienes piensan que el Estado necesita restaurarse. Este Estado que mata a campesinos, precariza a los trabajadores y vulgariza el conocimiento.

Espero poder escribir otro artículo para responder a la otra conocida sentencia que ahora se repite como cliché: ¿quién representa a San Marcos, o en concreto, quiénes representan a quiénes?

Ancí, Noemí. (2017). Sobre la inercia de la apatía política en la universidad peruana. Disonancia. Recuperado de: https://cutt.ly/QwUxTWe.

Casuso, Gianfranco. (2017). Por Miraflores no. La peligrosa normalización de la protesta o la manifestación social como acto conservador. Disonancia. Recuperado de: https://cutt.ly/zwUz3lR.