La censura censurada

Tras la censura del cómic Avengers: The Children’s Crusade por el pastor evangélico que funge de alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivell; muchos brasileños han levantado su voz en señal de protesta. Incluso en redes el hashtag #LeiaComOrgulho se volvió rápidamente tendencia en Brasil. Un nuevo acto de censura por parte de las autoridades brasileñas no es nuevo en sí mismo, sobre todo tras el copamiento de conservadores en cargos públicos.

Un claro ejemplo es que días antes, el gobernador de São Paulo, Joao Doria, ordenó el retiro de las escuelas públicas de un material didáctico de ciencias para adolescente de 13 años, por “apología de la ideología de género”. El texto, de título Sexo biológico, identidad de género y orientación sexual, solo explicaba las diferencias entre conceptos como transgénero, homosexual y bisexual. Este tipo de noticias, al igual que en otros países, ya son pan de cada día.

Portada de Folha de S. Paulo (07/09/2019)

Lo que sí es nuevo es el rechazo de medios que antes no se habían pronunciado sobre estos asuntos, como el Folha de Sao Paulo, que en su portada del sábado, colocó la caricatura en su integridad.

Y en cierta forma, este tipo de manifestaciones nos demuestra que, más allá de las posiciones que los medios puedan tomar—el Folha de Sao Paulo es un diario de derecha—, la censura no es el camino a seguir en la política, mucho menos en situaciones tan…ridículas como esta.

Este tipo de actos, sin duda nos demuestran que la censura de Crivella ha sido censurada por la propia sociedad, como una respuesta política a un acto político. Es importante señalar su cáracter político, sobre todo porque es común de los movimientos conservadores negar una convicción política en sus actos. Importante además porque solo así entenderemos que la religión que profesan, más que ser un lastre, se convierte en la excusa bajo la cual se refugian al ser confrontados. Este fenómeno, esta caza de brujas, esta inquisición infructífera ha regresado a Latinoamérica aparentemente para quedarse.

Brasil, país que alzaba la antorcha en Latinoamérica años atrás, socialmente se encuentra en un proceso de regresión que parece no tener fin. Y en este proceso, la figura de Crivella es esencial para entender qué viene sucediendo.

Marcelo Crivella, historia de una metamorfosis

Foto: Antonio Scorza/ Agencia O Globo.

Pastor evangélico de 61 años, Marcelo Crivella quizá representa mejor que nadie (incluso que Bolsonaro mismo) la situación política que Brasil viene pasando tras el escándalo de Odebrecht.

Su pasado (y presente) conservador nos demuestran que Bolsonaro no fue un capricho electoral, sino más bien una reacción frente a la inacción de la izquierda brasileña. Su rival en las municipales de 2016, Marcelo Freixo, representaba en aquel momento una izquierda en crisis, una izquierda envuelta en escándalos pero aún muy soberbia. Se creía en aquel entonces, que lo logrado por Lula sostendría a la izquierda brasileña por años, se creía que si todos salían a negar su participación en el escándalo Lavajato, la gente les creería como les venía creyendo todos esos años. Crivella obtuvo el 59% de los votos.

Curiosamente, Crivella se ha caracterizado ahora por rechazar a esa izquierda que en algún momento lo apoyó. Desde que ingresó a la política (año 2002), dentro del PRB (Partido Republicano Brasileño), el propio Crivella sirvió de aliado al gobierno de Lula.

Lula da Silva, Dilma Rouseff, Lindbergh Farias, Marcelo Crivella y Sergio Cabral durante la campaña electoral 2010.
Créditos: Márcia Foletto / O’ Globo.

Desde 2006, ha postulado (infructuosamente) a cargos públicos, solo siendo elegido para senador. En ese lapso, su cercanía al PT no desapareció tras la salida de Lula. Cuando Dilma Rouseff aún gobernaba, se desempeñó como Ministro de Pesca y Acuicultura (entre los años 2012 y 2014).

Sin embargo, tras su salida del gobierno, la figura conservadora de Crivella fue desatándose un poco más. En esos tres años entre su salida del Gobierno y su elección como alcalde, se fue radicalizando aún más su posición. Sí, es cierto que las declaraciones sobre los homosexuales proferidas en su libro Evangelizando en África ya nos adelantaban su sentir sobre la comunidad LGTBIQ+, sin contar sus declaraciones respecto a la “condición homosexual”. Si Crivella no fue criticado anteriormente, se debió en parte a su apoyo al Partido de los Trabajadores. Pero sin el PT como factor, ¿qué detenía a los grandes medios para colocar el reflector en este pastor evangélico? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que desde que asumió en 2017, su gestión no ha estado exenta de críticas, llegando a salvarse dos veces de ser interpelado por la Cámara de Río, en ambos casos, por la comisión de actos irregulares.

La censura como acto político

Esta historia comenzó en la Bienal Internacional del Libro de São Paulo. El jueves 05, el alcalde caminó por los diferentes stands de la Bienal, y encontró un cómic que despertó su indignación. El cómic en cuestión cuenta la historia de los héroes Wiccan y Hulking, una pareja de superhéroes del equipo de Jóvenes Vengadores que en una de las páginas se besa.

Esta escena es la que ha escandalizado a Crivella. Sí, esta escena. Una escena que de inusual solo tiene a sus protagonistas; dos hombres. Porque al fin y al cabo, lo que escandaliza a Crivella y compañía es la presencia de un beso homosexual. Y bueno, frente a ello, no podemos sino compadecernos de dicho sentir. Con lo que no podemos compadecernos es la reacción desmedida. Al punto que los fiscales municipales invadieron al día siguiente la Bienal Internacional en busca de “materiales de similar contenido explícito” que pudiera corromper a los niños y adolescentes.

Y por más arbitraria que pueda sonar esta medida, se ampara en el Artículo 78 del Estatuto del Niño y el Adolescente (ECA), que establece que “las revistas y publicaciones que contengan material inapropiado o inapropiado para niños y adolescentes deben venderse en envases sellados, con la advertencia de su contenido”.

Porque, sí, en pleno siglo XXI, no debería ser sorpresa que aún existan personas que piensen que dos personas del mismo sexo no puedan expresar cariño en público, o que dicha expresión no pueda ser reproducida en otros formatos, como el cómic. Este fenómeno social no es propio de Brasil, y se puede rastrear fuera de Latinoamérica, sin duda, pero en lo que nos concierne, lo indignante es que quiénes ocupan cargos de poder, trasladen sus taras a través de políticas públicas como lo que ha hecho Crivella.

Porque, si creemos que esta censura ha sido la única durante su gestión, nos equivocamos. Ya en 2017, se sumó a la oleada conservadora que detuvo la exposición Queermuseu. Basándose en que si bien la Municipalidad no contaba con el poder para rechazar la exposición, el pueblo sí; Crivella se hizo de todas las maniobras para no permitir dicha exposición. Incluso ordenó a su secretario de Cultura, Nilcemar Nogueira, prevenir la exposición.

Cruzando Jesus Cristo Deusa Schiva, de Fernando Baril.

Cabe recordar que en Porto Alegre también fue vetada, por promover la pedofilia, la zoofilia y la falta de respeto por los símbolos religiosos.

Entonces, tenemos que entender este accionar no como una defensa a la familia, sino como la defensa a ultranza de sus creencias que poco o nada tienen que ver con esta “institución”. Colocamos este término entre comillas, porque solo es reconocida por ellos como institución, cuando se instala en sus términos heteronormativos. Tenemos que entender todas estas acciones que reprimen y limitan las manifestaciones artísticas que no dañan la dignidad de las personas dentro de un marco de guerra cultural. Si se considera que el feminismo ha emprendido una guerra moral contra la literatura dicho sea de paso, apreciación antojadiza de movimientos de derecha, es tiempo de entender que si dicha guerra moral existe; solo ha sido instaurada por estos colectivos conservadores que luchan contra todo aquello que va en contra de lo que ciegamente profesan.

Solamente entendiendo que Crivella no defiende a “la familia”, sino solamente su concepción de ésta, podremos ver a través de esta parafernalia. Ir más allá de lo evidente, esto debe ser el objetivo de la sociedad brasileña si quiere derrotar este pensamiento retrógrada.


El propio Crivella tuvo que salir a explicar en sus redes, a través de un particular vídeo, la censura a estos cómics.

Decimos particular, principalmente por el plano que enfoca directamente a Crivella con “la naturaleza” y sus ojos, que claramente nos demuestran que estaba leyendo ese discurso.

Este mensaje debe ser entendido como una respuesta a la decisión del juez Heleno Ribeiro Pereira Nunes. Pues, Crivella, en general, ha sido un alcalde ausente para su población, razón por la cual, su popularidad actualmente no es tan alta como se esperaría en una sociedad en la cual ha renacido el conservadurismo.

A través una medida cautelar emitida el mismo viernes, Pereira Nunes prohibió la confiscación de dichos libros. Pero al día siguiente, Claudio Tavares emitió un fallo que revertía dicha medida cautelar señalando que no había impedimento o vergüenza para la libertad de expresión en la censura realizada por Crivella. Si bien, la Bienal acaba el domingo, este precedente no deja muy bien ubicada a la justicia brasileña y mantiene alerta a todos aquellos que ya se encontraban asustados por tener a un Presidente homofóbico.

Curiosamente, por estas fechas, se cumple un año de la puñalada que recibió Jair Bolsonaro y que cambió el rumbo de las elecciones en Brasil. Habrá que ver si esta puñalada a la libertad de expresión y a los derechos de una comunidad invisibilizada por los políticos, significará un cambio en una sociedad brasileña muy permisiva con sus autoridades.

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