VII Festival Aguacatón de Oro

Mar Camey
Publicista profesional


Durante el fin de semana pasado se llevó a cabo en la ciudad de Antigua Guatemala el séptimo festival Aguacatón de Oro, que busca impulsar el cine en Guatemala. Es un festival, impulsado por Casa del Río, en donde realizadores y directores guatemaltecos compiten realizando cortometrajes audiovisuales con base en un tema en específico.

Desde talleres hasta la proyección final de los cortometrajes inscritos este festival apuesta por la creatividad, sin mirar nacionalidades ya que no existe exclusividad para los guatemaltecos, en las producciones audiovisuales. Convirtiéndose, de esta manera, en un espacio fresco donde las grandes producciones de Hollywood no tienen influencia… O por lo menos eso se espera.

Las proyecciones estaban previstas a iniciar durante la tarde-noche del sábado, claramente la mal llamada “hora chapina” aparecería en la organización y la proyección inició a las siete y media de la noche. Cualquiera que pase un par de semanas en Guatemala sabe que eso es normal, aunque no sea correcto. Ojo acá, no pretendo que el lector piense que en Guatemala la impuntualidad es tradición, simplemente acá la Ley de Murphy nos la juega seguido.

Mientras esperamos que la proyección inicie nos presentan al jurado. Anaís Taracena; realizadora audiovisual con una maestría en Ciencias Políticas. Es directora de varios documentales que se han presentado en festivales internacionales. Ha trabajado con varias organizaciones como consultora, gestora cultural y facilitadora de procesos creativos. Andrés Rodríguez; cineasta local con más de 15 años de experiencia. Director de varios cortometrajes de los cuales destaca “Darvin”, el cual estuvo en varios festivales internacionales como Shorts Mexico y Pantalla Latina en Suiza. Ha trabajado en múltiples largometrajes como asistente de dirección y productor. Es una de las personas detrás del festival de cine de Quetzaltenango “Cinespacio”. Actualmente se encuentra en proceso de desarrollo de su ópera prima “Roza”. Manuel Morillo; fotógrafo y gestor cultural, nacido en España, adoptado en Antigua. Fundador de La Casa del Mango. Ha formado parte del crew de varias películas guatemaltecas en distintas áreas, pero su favorita es la foto fija. Hizo la foto fija para películas como Gasolina, Fé, 1991 y La Casa Más Grande del Mundo.

Idas y vueltas por los organizadores más tarde el presentador del evento por fin toma el micrófono. Nos comenta que se inscribieron treinta y cinco cineastas, de los cuales solo treinta entregaron sus cortometrajes y solo veintiocho lo hicieron a tiempo, que a pesar de no haber sido entregados en tiempo serían proyectados ya que merecían ser vistos por el esfuerzo pero que no competirían por el premio final. Aprovecha para hacer promoción de una nueva película guatemalteca que el gobierno y las Iglesias pretenden callar al ser una producción cinematográfica con historias LGBTQ+ y una clara crítica a la clase política del país. Solo con esa información ya se me antoja ir, cualquier cosa que el gobierno pretenda censurar vale la pena de apoyar. ¿Chaira? Quizá.

Y acá es donde suelta una perla que interiormente decido pulir, no porque le falte belleza sino porque le falta ampliación. “El cine es libertad” ¿Mi corrección? “El arte es libertad”.

Entonces por fin arrancamos.

El primer corto que vemos es decepcionante, de tal manera que olvide el título, aunque no la historia. Se centra en dos malos intentos de narcos hipster y su competencia, intentando ser divertida y a la vez diferente. No lo logra. Las actuaciones hacen que su intento de diversión se vaya por la borda, puedo jurar que durante esta producción de casi cinco minutos nadie en la sala soltó una risa.

¿Así serán todos? El sentimiento de decepción amenaza con salir al ir pasando los siguientes tres cortos, tan malos que apenas dos días después ya fueron borrados por mi cerebro. Y como si los dioses de los audiovisuales escucharan la súplica implícita empiezan las joyas de la noche.

“Amor legítimo” amenaza con llevarse los primeros lugares, con apenas dos escenas que se van intercalando. Una de estas escenas, tomada de manera “One Shoot” en blanco y negro, genera el suspenso necesario mientras que la segunda da las pistas necesarias para descubrir la ironía del título.

“Tienda de Anomalías” explora, desde una historia que podríamos considerar inusual, como los seres humanos no somos solo consecuencia de nuestro propio ser. Nos cuentan como el personaje principal siente un vacío que llena únicamente con elementos externos. Tal como muchas de nuestras manías, frases y chistes son consecuencia de adaptación de otros.

“Catástrofe” juega con las distopías, presentándonos una Guatemala dividida en dos y que está en guerra. Y a pesar de este entorno sombrío el cortometraje logra ser divertido, en parte gracias a sus personajes, en parte gracias a los actores que esta vez son sublimes en su trabajo. Y el plot twist final hace que esos cuatro minutos invertidos prestando atención valgan absolutamente la pena.

“Xibalbá” consigue un equilibrio perfecto en demostrar el miedo diario de las mujeres al escuchar las noticias e ilustrar al espectador en parte de la cosmología maya. La mirada feminista se nota, es claro que hubo investigación y un intento de generar consciencia respecto a la violencia de género. Tristemente, escucho un par de risas cerca de mi.

“Castración femenina” nos ubica en la vida de una prostituta trans, se nota que intentaron la inclusión y la generación de conversación sobre este tipo de trabajo, que se dedica a seducir distintos tipos de persona con una única cosa en común: Su Transfobia. Nuevamente escucho risas, nuevamente me decepciona la sociedad guatemalteca.

“Diosidencias” aprovecha la nostalgia de moda por los años ochenta, contándonos sobre un escritor atrasado para entregar su libro sobre viajes en el tiempo y su repentino encuentro con el único viajero del tiempo conocido. Por cierto, la definición de Diosidencias es Aquellos pequeños detalles o señales que envía el universo a una persona, para saber que “está con él o ella”. O simplemente coincidencias que tienen un toque fantástico en ellas.

La proyección se cierra con “Bolsa de Sabores”, un cortometraje decidido a ser chistoso y una sátira a los infomerciales que encontramos en los canales de películas en las mañanas donde no hay ninguna película en programación e intentan ocupar el espacio para engañar a gente crédula. Chistoso y fácil de grabar.

Llega el momento de la premiación, donde el jurado tiene todo el poder, y mi decepción es cada vez mayor al escuchar a los ganadores del tercer y segundo lugar. Nuevamente los dioses del audiovisual se apiadan de mí y “Tienda de Anomalías” se lleva el premio mayor, un aguacate gigante y ser inscritos directamente en el Festival de Ícaro.

Un respiro de Hollywood mezclado con ligera decepción, no es tan mal plan para un sábado en la noche.

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