Las Moradas de Westphalen

Maria Claudia Torres
Escritora peruana


ANTONIO es el Faraón el Emperador el Inca
ANTONIO nace de la Noche
ANTONIO es venerado por los astros
ANTONIO es más bello que los colosos de Memmón en
Tebas

César Moro

El campo intelectual perdió parte de su dinamicidad luego que revistas como El boletín titikaka y Amauta salieran de circulación.  De manera que, desde el auge de las vanguardias hasta finales de los años cuarenta se fue configurando un panorama propicio para la aparición de un proyecto cultural que propusiera un debate amplio sobre el concepto mismo de “la cultura” en el Perú.

Debemos Las moradas a su director- sería mejor decir: su autor- Emilio Westphalen. Hacer una revista exige muchas cualidades: capacidad de organización, don de amistad, distintas formas de inteligencia, que van desde el juicio crítico para elegir (y rechazar) textos, el gusto por la tipografía y, en un medio como el nuestro, voluntad y perseverancia que no es exagerado llamar heroicas[1]

Luis Loayza.

Las moradas inició su publicación el año 1947 y tuvo una duración de ocho números en total, lo particular del proyecto fue que permitió visibilizar a muchos intelectuales de a ámbitos aparentemente disímiles: Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, José María Arguedas, Wolfman Paalen, Luis Valcárcel, entre muchos otros. Desde la lista de los principales colaboradores, pasando por una mirada rápida sobre los índices de las revistas, veremos que existiría una aparente incongruencia dentro de la selección de los artículos presentados en cada número. Apelando a una breve explicación de la línea editorial de la revista veremos que todo tendría un sentido a nivel global e incluso, ello estaría ligado a la visión del director sobre la cultura:

Cuando salimos a la aventura, a la caza de las presas espirituales, pensamos siempre que habremos de volver a unas MORADAS, donde habrá amparo para lo atesorado, que no habremos de llevar siempre a cuestas. Punto de reunión, para el contacto, para el cambio, para la confrontación de hallazgos, pero lugar donde toda conquista del espíritu, donde todo descubrimiento del arte y de la poesía, de la ciencia y el pensamiento, no habrá de considerarse nunca como un punto final, como un acabamiento, sino como un acicate hacia nuevas conquistas, como un despliegue de posibilidades futuras.

Editorial de Las Moradas n°1.

Así, en este fragmento del manifiesto publicado en el primer número de Las Moradas se entiende que esta publicación se erige como un punto de encuentro para la disertación, así como un espacio para reflexionar sobre los nuevos saberes aprendidos; que luego servirían para modificar la subjetividad de los lectores y no diferenciarán entre lo científico y lo cultural. Hay una búsqueda de relacionar lo exterior de las artes y la cultura con lo privado, asociada a la relación misma de la morada con el hogar. Finalmente, será necesario destacar que se apela a un cuestionamiento perenne de los saberes aprendidos, con lo que se descartaría la afinidad por cualquier otro tipo de dogma.

Siguiendo la idea planteada en el manifiesto inicial de la revista el primer artículo de la revista estará dedicado a Franz Kafka. Quien habla de quemar a Kafka sostendrá una crítica hacia los intelectualesque no están abiertos al debate y toman posturas intolerantes y dogmáticas. Al igual que muchos de los ensayos de Westphalen, se apela inicialmente a una anécdota particular para introducir diversas posturas a nivel global y podrían brindar luces sobre temas diversos. El tópico principal del ensayo será un incidente ocurrido en Francia que implicó la publicación de una encuesta en la que un semanario parisino sopesaba la posibilidad de quemar o no a Kafka. El meollo del asunto fue que, según algunos críticos literarios, la llamada “buena literatura” debería seguir ciertas coordenadas o imperativos sociales, dado que si sucedía lo contrario y, por ejemplo, se intentaba representar la cara nefasta de la modernidad (como la obra de Kafka), esta opinión sería considerada nociva:

y hay que quemar a Kafka porque la sociedad debe tomar medidas “contra las actividades que ponen en peligro sus intereses esenciales”. La obra de Kafka sería merecedora de tales medidas, ya que “expresa de manera contagiosa un cierto estado de descomposición social!, y de que existe el peligro de que despierte o confirme en su lector “estados de conciencia manifiestamente mórbidos[3]

Las Moradas n°1.

Luego se introducen otros temas como la visión del artista respecto del lenguaje poético, la capacidad de abstracción de Franz Kafka, una crítica a la visión de lo humano por el mismo autor, su capacidad del manejo del lenguaje entre otros. 

Los otros dos artículos adicionales de Las moradas que consideramos importantes para formar la visión que propondremos frente a la cultura e identidad peruana serán: a) Mercados y ferias de los andes de Luis E. Valcárcel y b) Máscaras populares peruanas. 

En el primero se expone de manera antropológica el origen de los mercados precolombinos. Se sostiene que los espacios de intercambio comercial también implicarían transferencias culturales entre las regiones, de manera de que el sujeto indígena sería el implicado en dichas transacciones.

 En las demás secciones del artículo se ahondará en datos históricos como el sentido de las reducciones, la posición del mercado dentro de las plazas principales de los pueblos, el cambio que implicó la llegada de los españoles para el comercio de los pueblos indígenas; es decir, lo que significó la inserción del dinero. Lo principal del texto de Valcárcel será su postura antropológica de los hombres y mujeres que vendían en las ferias y la que propone frente la a la conquista española y los españoles, la cual será nefasta.

Finalmente, veremos que en el artículo Máscaras populares peruanas se hablará de la exposición “Máscaras de bailes” de la colección de Arturo Jiménez Borja del año 1947. Lo principal del texto será que no ahonda en el lado estético de las máscaras, sino que lo asocia con su utilidad. Expone que las obras mencionadas se deben relacionar siempre con su función dentro de la danza, configurándose como arte popular. Así, este objeto admitiría dos posibles lecturas: una para los danzantes y otra para los que la leen desde una postura occidental. De manera que, los que se encuentren asociados con el baile en sí mismo entenderán que estos elementos tendrían una carga simbólica mayor, pues los bailes se asocian a los discursos sincrónicos del mito y por lo tanto guardan un fuerte elemento identitario. Mientras que, por otro lado, su lector occidental lo verá como algo estético y no entenderá a cabalidad la cosmovisión que guarda frente a los indígenas o las personas que las emplean para bailar, quienes probablemente le den más importancia dentro del baile que fuera del mismo.

Además de esta distinción de las dos miradas  sobre el arte popular, en el artículo se  expone que con la llegada de los españoles mucho del arte prehispánico se perdió o se transformó hasta perder  algunos de sus elementos; desde nuestra lectura ello se puede leer como transculturación: “Otros de los factores que se han de considerar, a  más de la transmisión y difusión de elementos culturales, es la evolución de un mismo elemento cultural dentro de una determinada cultura en el transcurso del tiempo[4]

Sentaría además una posición frente al a conquista de los españoles: “Y aunque 400 años de adoctrinación, de presión violenta o solapada, no ha sido influencia bastante para hacer desaparecer las múltiples expresiones de las antiguas culturas nativas, estas sin embargo no se han mantenido intactas sino que han sufrido transformaciones notables: han debido aceptar muchos rasgos extraños y abandonar otros propios[5]

Los tres artículos expuestos aparentemente no tendrían mucho en común; sin embargo, la convergencia de cada uno de ellos servirá para exponer el proyecto de cultura que desarrollará el director de las revistas Emilio Adolfo Westphalen.

Como director del proyecto editorial, Westphalen, buscará sostenerse a sí mismo como un intelectual capaz de aprehender el pasado desde una lectura crítica y no de una manera fetichista o exotista. Teniendo en cuenta su negación de los absolutos, veremos que este pasado se iría construyendo desde la propia especificidad de cada intelectual que colabore en cada número de la revista. Al repensar el pasado se extrapola que tomaría en cuenta la problemática de lo identitario, tópico desarrollado a lo largo de diversos artículos dentro de la revista. Finalmente, ¿cómo estas cuestiones se asocian con la agencia de valores occidentales? Por un lado, al presentar acercamientos críticos al arte popular se rompe con la dicotomía alta cultura y baja cultura sosteniendo una crítica a las coordenadas de la modernidad y al hacerlo no habría nada de sorprendente en la elección de elementos de culturas diferentes y, por el otro, se intentaría gestar un canon de la actualidad literaria occidental. Consideramos, finalmente, que Westphalen desbarata algunas visiones canónicas de la modernidad, de manera inconsciente, además de relativizar la importancia de la especialización (al mezclar textos científicos, con arte y literatura).


[1] LOAYZA, Luis. Ensayos. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2010. 169 p.

[2] Las Moradas. Nª1. Lima, 1947. Editorial.

[3] Las Moradas. Nª 1. Lima, 1947.

[4] Las Moradas. Nª 1. 72.p.

[5] ídem