Un incendio en silencio

Créditos: Loren McIntyre.


El 15 de abril, el mundo estuvo de luto. No murió nadie, no se conmemoraba alguna fecha importante, no era una protesta contra algo o alguien, y sin embargo, el silencio embargó a ciudadanos de todo el mundo para contemplar el incendio a la catedral de Notre Dame. Probablemente no hubo medio que no tocara el tema, no hubo académico que no lamentara la pérdida de un pedazo de la historia debido a este incendio, y bueno, todos rezamos por Notre Dame. Y sí, era justo. Incluso sin haber leído Nuestra señora de París—quizá la historia de amor más grande en la novela no es la de Esperanza y el jorobado, es la del narrador y la Catedral— uno podía entender que esa Catedral era histórica, y aún así nunca la hubiésemos visto, entendíamos el dolor, entendíamos la pena.

Curiosamente, con Latinoamérica no ocurre lo mismo. La mayoría de incendios suelen ser silenciados, más allá de las tragedias que se puedan desencadenarse. Vidas perdidas o no, el silencio predomina en nuestra sociedad. En países en los que ni siquiera se nombran a las mujeres víctimas del feminicidio, es imposible llegar a este grado de compromiso para/con el ambiente. En estas circunstancias, un incendio inició su peligroso camino en la Amazonía un martes. Y claro, todos callaron.

Pasaron cinco, siete, diez, quince días, y la prensa no dijo nada. Después del rápido accionar que muchos sí mostraron con otros incendios en monumentos católicos, el Amazonas ardía y todos callados, discutiendo sobre democracias y dictaduras, discutiendo sobre el modo de expresar su disconformidad con sistemas opresores y machistas. Que la discusión sobre las manifestaciones en las marchas feministas hayan sido más terriblemente criticadas en la prensa que un incendio forestal en el llamado pulmón del mundo, dice mucho de la importancia que se le da al ambiente en un noticiero.

Y bueno, seamos autocríticos. En redes, en los medios independientes, pocos le hemos dado cabida. Se pensó, seguramente, que era un incendio más. Pero desde luego, no lo era. Hoy, 21 de agosto, ya lleva 17 días y apunta a seguir escalando. El sistemático silencio de los gobiernos de Bolivia, Brasil, Paraguay y Perú demuestran que no van a salir sino es para lamentarse. En Perú, por ejemplo, la reconstrucción de desastres naturales como el terremoto de 2007 o el Fenómeno del Niño en 2018 ha sido tanto invisible como una ilusión. Se habla mucho de progreso, se habla mucho de números, estadísticas, pero la realidad es una sola; no hay reconstrucción con cambios. Y el caso de Perú representa muy bien lo que sucede y sucederá en otros países respecto a esto. No es ajeno que las empresas petroleras tengan una presencia muy poderosa en la Amazonía y se dediquen a talar árboles, no es ajeno que las industrias agrícolas también, y aprovechen la época seca para quemar sectores amplios de la Amazonía a fin de obtener mayor territorio para sus cultivos. Aquí, claro está, no mencionamos la informalidad, porque ello es combatido o se supone que lo está siendo por los Gobiernos. Aquí, nos referimos a quiénes, con aval del Estado, hacen y deshacen todo en cuanto pueden.

Frente a esto, por ejemplo, muchas ONG se han encargado de alzar su voz de protesta cuando el incendio llegó hasta Brasil hace algunos días. Y un país, que según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, por sus siglas en portugués) ha aumentado un 39% la destrucción amazónica desde la entrada de Bolsonaro al poder, es uno de los principales perjudicados con este incendio. Y, como a ningún líder autoritario le gusta ser responsable de algo, Bolsonaro salió a deslindar de toda culpa en conferencia de prensa.

Puede haber, sí, y no estoy afirmando, una acción criminal de esos ‘oenegeros’ para llamar la atención contra mi persona, contra el Gobierno de Brasil, y esa es la guerra que nosotros enfrentamos.

Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil en declaraciones a la prensa, 21 de agosto de 2019.

De hecho, Jair Bolsonaro es hoy, lo más cerca que tenemos a un Donald Trump. Y esto es quedarnos cortos. Pues Bolsonaro es mucho más que la caricatura de un militar conservador, es mucho más que un chiste. Es el Presidente de uno de los países con mayor peso económico en la región. Si Brasil inicia una marcha (y recibe el apoyo de capitales extranjeros y empresas extractivas) evidentemente el resto de gobiernos neoliberales le seguirán. Por ello, que tras la llegada de Bolsonaro, la cantidad de focos de fuego en Brasil se incrementaran de ese modo, la realidad es tan solo espeluznante. Sobre todo si nos detenemos en que es alguien que, antes de llegar a ser Presidente, se expresaba así de los pueblos indígenas.

Es una pena que la caballería brasileña no fuera tan eficiente como la estadounidense, que exterminó a los indios.

Jair Bolsonaro en Correio Braziliense, 12 de abril de 1998.

[las reservas indígenas] impiden la agroindustria. En Brasil no es posible reducir ni un metro cuadrado de tierra indígena.

Jair Bolsonaro en Campo Grande News, 22 de abril de 2015 .

No se demarcará ni un centímetro para una reserva indígena o una quilombola.

Jair Bolsonaro en el Hebrew Club, 3 de abril de 2017.

La pregunta es, ¿Bolsonaro, despreciable o no, hará algo respecto a esta situación? Lo más probable es que no. Lo más probable es que ni siquiera vaya a hacer algo más allá de declarar eludiendo toda culpa. La Amazonía va a seguir ardiendo por culpa de Bolsonaro; sí. Esto lo convierte en un ser despreciable; sí. Pero esto ya lo sabían los brasileños cuando lo eligieron. Y probablemente ahora, lo único que pueden hacer es protestar. Protestar por un Gobierno de espaldas, no solo del pueblo, sino del ambiente en el que viven.

Ahora bien, no podemos concluir que Bolsonaro, debido a sus declaraciones racistas y su carácter conservador, es el principal culpable de este incendio. Jamás podríamos siquiera señalar que la ineficacia de los Ministerios del Ambiente de distintos países que se ven directamente involucrados tras este incendio es lo que nos ha llevado a esta situación. Sería osado argumentar que la indiferencia con la que miramos nuestros territorios es un factor que juega mucho en contra para poder resolver esta situación. Y es que aquí no hay un solo culpable. Lo fácil sería decir que Bolsonaro es el principal culpable, que alguien tan repudiable como ese señor es quién hoy por hoy debe ser responsabilizado por esta tragedia. Pero no, los verdaderos culpables de esta situación somos nosotros. Nosotros que hemos persistido con este silencio nosotros que seguimos permitiendo que los silencien. La Amazonía está llorando y le hemos dado la espalda. Y lo más triste de este silencio, es que si nosotros no resistimos, nadie más lo hará.


Fe de erratas: La foto, tomada por Loren McIntyre, fotógrafo fallecido en 2003, ha sido ampliamente difundida en medios, y es la que adjuntamos en nuestro informe. Como bien ha demostrado la AFP, esta foto no pertenece al incendio que viene desencadenándose en la Amazonía. Incluimos esto para no inducir al error a nuestros lectores.