El Perú y el fútbol peruano

 Hace diez años, el politólogo peruano Alberto Vergara escribió un artículo en la revista Poder titulado ¿Es distinto el Perú del fútbol peruano? en el que comparaba al Perú con el fútbol peruano. Partiendo de un análisis que conjugaba la economía, política y sociedad, Vergara finalizaba su artículo con esta conclusión:

Así, por más que nuestra economía mejora y mejora, seguimos en la cola continental en materia institucional (como en el fútbol, por lo demás). Y luego hay quien se sorprende con las protestas, con la inestabilidad social y el cuco electoral “antisistémico”. Una buena manera de no sorprenderse es abandonar el sentido común economicista y observar el Perú (y el fútbol peruano) como un asunto que engloba economía, política y sociedad. Y ahí, lamentablemente, el Perú sí tiene mucho del fútbol peruano.

Diez años después, mucho ha cambiado en ambas partes. Si trazamos una línea en lo que ha sucedido hasta ahora aún podemos encontrar similitudes entre el fútbol peruano y el Perú, pese a lo que nos han hecho creer. Mientras política y económicamente hablando, el país se encuentra estancado, el fútbol peruano ha revertido la constante. Cuán cierta es esta impresión es algo que a continuación procederemos a discutir.

Ollanta y Markarián: la gran estafa

La segunda década del nuevo milenio se instaló en el Perú con una decisión trascendental. En las elecciones presidenciales de 2011, la elección de Ollanta Humala, el militar de discurso nacionalista apoyado por Hugo Chávez por sobre la de Keiko Fujimori, hija del exdictador Alberto Fujimori, fue la máxima expresión de la elección por el mal menor. En ese aspecto, la victoria de Humala no fue celebrada por todo el mundo como una victoria de la democracia, sino más bien fue anunciada con zozobra lo que anticiparía su gobierno más bien mediocre, y centrado principalmente en los dimes y diretes de Nadine Heredia, la Primera Dama, y Alan García, el predecesor de Humala.

No olvidemos que para llegar al poder, Humala se convirtió en todo lo que había jurado destruir en 2006, un político de camisa blanca y pantalón más cerca a los empresarios que al pueblo, firmando pactos con grandilocuencia y recibiendo aplausos de lo que se denomina en Perú el sector caviar. Así, una vez en el poder, Humala había perdido no solo su esencia, sino el respeto de la mayoría de los peruanos que lo percibían como un “vendido” al sistema antes que un anti-sistema. El panorama que dejaba García ya era hostil, lo que le seguía era simplemente aterrador. Un reto para el cual nunca estuvo a la altura.

Algo muy similar ocurría en el fútbol pues durante la “dictadura” de Manuel Burga, amo y señor de la Federación Peruana de Fútbol (FPF) por esos años, los resultados obtenidos por la selección de fútbol masculino eran paupérrimos. Las críticas a su gestión iban desde su nula capacidad para organizar la institución, permitir y fomentar el desorden del fútbol masculino, mover el dinero de la Federación por cuentas sospechosas hasta las constantes amenazas de la desafiliación por parte de FIFA si se intentaba interferir en su gestión.

El último técnico, José Guillermo Del Solar, había llevado a la selección a un pozo mucho más hondo, dejándola en el último puesto en el proceso clasificatorio al Mundial Sudáfrica 2010. Del Solar representaba la última esperanza de que un técnico nacional de renombre pudiera llevar a la selección al Mundial de fútbol, por lo cual ante su estrepitoso fracaso lo único que se sabía del próximo técnico de la selección en aquel momento era que sería extranjero.  Y ese técnico, eventualmente, tuvo nombre; Sergio Markarián.

Más conocido como el Mago, el técnico uruguayo regresaba al Perú luego de un paso corto pero exitoso en otros países, incluyendo Paraguay, cuya selección llevó al Mundial Corea-Japón 2002. En el Perú, por ejemplo, fue un éxito durante la década del 90’, consiguiendo títulos nacionales con Universitario de Deportes y Sporting Cristal, al que también llevó al subcampeonato de la Copa Libertadores en 1997.   Pese a un auspicioso inicio en los amistosos además de la Copa América 2011, en la que se llegó a un inesperado tercer puesto, poco a poco, las expectativas que había generado en los hinchas fueron desapareciendo y regresando a la selección a su habitual realidad, pelear los últimos puestos en lo que más importaba, la pelea por clasificar al Mundial.

Detengamos quizá un poco en lo que significaba para Perú regresar a estar en el podio de las selecciones sudamericanas. Cuatro selecciones venían con asuntos pendientes, tras el Mundial de fútbol masculino Sudáfrica 2010. Uruguay había conseguido el ansiado tercer lugar. Brasil y Brasil salían a la cancha con ansias de revancha tras su vergonzosa eliminación. Paraguay tenía que reeditar la campaña heroica, y Chile tenía que sacarse la espina de caer goleada (y por ende, eliminada) ante Brasil. Perú, en líneas generales, encontraba ante sí un panorama adverso. Pero lo que se augura muchas veces dista de lo que pasa; y precisamente eso ocurrió con Perú.

Consiguiendo el tercer puesto y al goleador del torneo (Paolo Guerrero como cinco tantos), el equipo peruano se iba con un saldo favorable de la Copa América. Nutriendo a su equipo de jugadores del medio local, Markarián armó no un equipo indestructible, pero sí defensivamente fuerte. No se vio nunca un “juego bonito” pero al Mago nada de eso le preocupaba. Había logrado triunfado donde otros no; había cohesionado a un grupo compuesto principalmente de jugadores de un torneo local que andaba de mal en peor.

Para el fútbol local, 2011 fue un año más bien atípico. Viniendo de un 2010 con una de las últimas campañas exitosas de los equipos peruanos en torneos internacionales —si es que el éxito se mide por pasar la fase de grupos— se auguraba más fútbol del que se vio efectivamente en 2011. La principal noticia recaló en que un equipo de provincia se hizo con el título nacional; Juan Aurich de Chiclayo. El histórico Ciclón del Norte, que solo tres años antes había peleado el descenso, desde 2009 había sufrido un cambio drástico tras la llegada de un dirigente que revolucionaría la historia del fútbol peruano; Edwin Oviedo Pichotito.

Acostumbrado a las “buenas inversiones”, Oviedo se acercó al histórico club chiclayano cuando andaba sumido en deudas en 2008. Luego de ganar la Copa Perú, Aurich no había encontrado rumbo económico ni futbolístico. Para quiénes creen que estas dos cosas no van de la mano, claramente no ven el fútbol latinoamericano. Muchas veces, es cierto, es posible conseguir un equipo que juegue bonito, gane y sea barato. Pero también lo es que ese tipo de equipos suele desarmarse al poco tiempo, si no cuenta con un proyecto que lo respalde.

Con esto contaba Oviedo. O al menos, su visión de negocios le permitía no caer en los errores dirigenciales de otros equipos. Mientras todo se centraba en la sagrada capital peruana, Oviedo armó el 2009 un equipo para campeonar. Bajo su período, el club llegó a la Libertadores por segunda vez en su historia. Lo único curioso de Aurich era lo poco que podía mantener a un entrenador, y los roces que éstos tenían con la directiva; es decir con Oviedo. Tanto Franco Navarro como Juan Reynoso, técnicos de renombre en el medio, saldrían disgustados con Oviedo por el poco respeto que tenía a los límites que le otorgaba su puesto. Si Oviedo hubiera podido estar en el banquillo durante los partidos, probablemente lo hubiera hecho. Así de involucrado estaba en el club.

Así para 2011, de la mano del técnico colombiano Diego Umaña, Aurich se consagró ante un grande del fútbol peruano; Alianza Lima, equipo que por esos años vivía un resurgimiento que lo había llevado a pelear dos finales, a causar una grata impresión en los torneos internacionales; pero a no ganar nada. El Aurich de Umaña—o mejor dicho, de Oviedo— no era un equipo espectacular, pero sí uno regular. Le bastó para hacerse con el título. No le bastó para el siguiente año. Esta última pareció ser una máxima para el resto de equipos, como el Sporting Cristal de Roberto Mosquera en 2012 y demás.

Reestructuraciones y clubes en deudas

Pero para entender la criollada del fútbol peruano, tenemos que pasar por la Ley Nº 30064Ley Complementaria Para La Reestructuración Económica De La Actividad Deportiva Futbolística. Promulgada el miércoles 10 de julio de 2013, esta ley marca definitivamente un antes y un después en el fútbol peruano, pues significó un salvavidas para las administraciones de clubes que se encontraban sumidos en deudas, y por ende, inoperativos.

Precisamente, clubes como Melgar o Sporting Cristal encontraron en la crisis de estos equipos una oportunidad dorada de desplegar una regularidad sorprendente. Ambos desde 2014, se han repartido los primeros lugares de los torneos, de modo tal que Cristal campeonó tanto en 2014, 2016 y 2018 mientras que Melgar solo llegó a ocupar el primer lugar en 2015 pero ocupando los primeros lugares tanto en 2014, 2016 y 2018. ¿Qué pasaba con los clubes en esa época? Pues entraron en un proceso concursal, y la mayoría de estos tuvo que encontrar un modo para hacer funcionar la junta de acreedores así como el famoso plan de reestructuración, según el cual, se establecían, en base a los ingresos del club, un pago a las deudas que éstos habían contraído con el Estado peruano. De no aprobarse dicho plan, se procedía a una subasta de los bienes del club.

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En parte, figuras ineptas y señaladas como corruptas como Guillermo Alarcón en Alianza Lima o Julio Pacheco en Universitario de Deportes, representaban las terribles condiciones en las que se encontraban los clubes de mayor prestigio en el país. El primero estuvo involucrado en una de las redes mafiosas más importantes en Perú: la de Rodolfo Orellana. Es cierto, ambos no generaron las crisis de la cual fueron víctimas los clubes en los cuáles se encontraban al mando, pero durante sus gestiones fueron parte del problema, en lugar de representar la solución. No es, pues, un recuerdo lejano la tendenciosa declaración de Pacheco en 2011, al señalar que su sueño era que la U “sea como Barcelona de España”. Ya sabemos a dónde llevó al club, con su sueño.

Retomamos además, reportajes que pueden ayudarnos a entender bien qué sucedía dentro de Alianza Lima, de la mano de Alarcón. Manejos turbios, fichajes armados, dinero desaparecido. 

En estas condiciones, las administraciones temporales llegaron como medida temporal, pero hoy por hoy, parecen haber llegado para quedarse. Solamente Alianza Lima en 2017 ha logrado un campeonato, y es el único club que ha conseguido resurgir, y parece salir del hoyo en el que alguna vez se metió. 

Por si no ha sido evidenciado, los equipos campeones en el torneo local peruano pocas veces suelen reeditar sus buenas campañas. Exceptuando a Melgar y Sporting Cristal, el resto de los equipos se encuentra en un vaivén dirigencial, causada principalmente por la precariedad institucional con la cuál muchos clubes de Primera División cuentan. De esto, no se salvan los llamados clubes grandes, razón por la cual, el cambio de técnicos, la informalidad e impuntualidad en los pagos, los constantes roces con el descenso, los famosos “fichajes bomba”, la poca seriedad con la que se manejaba el torneo y más impedía que la magia de Markarián o del mismo David Copperfield pudieran arrancar algo que no tenía ni pies ni cabeza. La irregularidad del torneo local se condecía con la irregularidad que gozaría el proceso de la selección.

Como señalamos antes, el crédito de Markarián se acabó al llegar a las eliminatorias. A tal punto, que lo único que resaltó del equipo fueron Los cuatro fantásticos—apelativo que hacía referencia a los cuatro jugadores más talentosos de la selección en aquel momento; Claudio Pizarro, Paolo Guerrero, Juan Manuel Vargas y Jefferson Farfán—. En base a ellos, Markarián armó un equipo cuyo único fin era mantener el cero y manejar el balón, y a partir de la inspiración de los cuatro, pudiera marcar un gol. El problema de este planteamiento no era necesariamente su carácter efectista, sino más bien lo poco efectivo que resultó. Por ello, el gran apelativo del método markariano(¿?) fue “ratonero”.

Al igual que la Gran Transformación anunciada por Ollanta Humala en campaña, lo prometido por Markarián en tantas conferencias fue lo que coloquialmente conocemos como “humo”. Ambos, poco a poco, fueron agotando el poco crédito que tenían, y hartando hasta a sus defensores y dándole en el gusto a sus detractores. Para todos, fue una señal de dos cosas, que Manuel Burga no podía mantenerse más en el cargo con este fracaso, y que necesitábamos a un técnico menos vende-humo y más mágico que los que habíamos tenido hasta el momento. Pero toda gran transformación requiere una bisagra, y en este caso, lo fue Pablo Bengoechea.

El tío Burga y el renovador

Asistente técnico de Markarián durante las Eliminatorias; Pablo Bengoechea era consciente de que no estaba allí para quedarse, y al igual que ciertas figuras surgidas de la crisis, se dedicó a armar un plan a futuro, a ampliar el universo de convocados que tenía la selección peruana. Actualmente, la mayoría de los jugadores que juegan en Perú empezaron su proceso de consolidación o fueron por primera vez convocados por Bengoechea. Eso sí, su continuidad estaba ligada a la continuidad de Burga, por lo que cuando anunció que no participaría después de 12 años en las elecciones para presidir la FPF, el destino de Bengoechea estaba dictado. Curiosamente, sería Bengoechea, quien años después, regresaría a Perú para hacer campeonar a Alianza Lima, cortando una sequía de nueve años sin alzar un título nacional.

Así la llegada de Edwin Oviedo a la FPF se presentó no solo como la defenestración de la corrupción y la improvisación en dicha entidad, sino como la oportunidad de llevar a cabo un verdadero cambio; empezando por la descentralización del fútbol peruano. Pero dicha descentralización, así como la llevada a cabo por el gobierno de Alejandro Toledo, fue más bien caótica y generó más problemas que soluciones para las autoridades.

En lo que sí acertó fue en la elección de la fórmula para llevar a Perú al Mundial. Consiguiendo a Juan Carlos Oblitas como director deportivo, y posteriormente contratando a Ricardo Gareca como técnico de la selección.

Digamos entonces que el camino de Gareca parecía sencillo en esencia, mas no lo era en lo absoluto. Bajo sus hombros, estaba el peso de toda una sociedad que esperaba con ansias una clasificación al Mundial. Una Copa América que nos dejó en un tercer lugar nos ilusionó, pero luego los resultados en las Eliminatorias comenzaron a significar para Gareca, una soga que cada vez más apretaba su cuello. Así llegábamos a 2016. 

Ese año, no teníamos al frente sólo a la segunda Copa América a cargo de Ricardo Gareca, sino a las elecciones presidenciales más temidas del siglo XXI en Perú. Con una gran preferencia por Keiko Fujimori, el país se polarizó de nuevo. Más allá de lo nefasto que fue el fujimorismo para nuestra historia, tenemos que reflexionar en lo definitivo que es tanto su ausencia como su presencia, generando movimientos importantes ya sea a favor o en contra. El movimiento antifujimorista es un gran ejemplo, ya que ha llegado a calar tan profundo en la sociedad peruana que hoy por hoy, es una fuerza que se toma en cuenta al momento de hacer cálculos políticos, como bien lo demuestra la elección de 2016, donde el antifujimorismo derrotó a Fujimori, otorgándole en bandeja de plata la banda presidencial al lobista Pedro Pablo Kuczynski.

En 2016, además, se consigue el primer cambio sustancial en la selección. A través de la famosa Copa América Centenario, Gareca renueva a la selección, echando mano de jugadores que habían formado parte del universo convocable de Bengoechea, dándole un aire fresco y consolidando ciertas líneas de la selección. Ese grupo, no es secreto para muchos, sería el que eventualmente nos llevaría al Mundial, de la mano de Guerrero, de Cueva, de Flores, de Carrillo, de Gallese y más, muchos más, robando puntos a Argentina en la Bombonera o a Venezuela en Maturín, consiguiendo sendos triunfos de visita ante Paraguay y Ecuador, además de los triunfos a Uruguay y Ecuador de local, que nos garantizarían una eventual lucha por el repechaje.

Y fue precisamente cuando el país tocaba el cielo, que cayó un baldazo de agua fría. En la prueba anti-doping tras el partido Perú-Argentina en La Bombonera, Paolo Guerrero había sido seleccionado, y se había arrojado lo siguiente: un resultado analítico adverso. Es decir, en su organismo se encontraban componentes de sustancias prohibidas.  Hasta ahora, este tema sigue en debate, pero en aquel momento, significó la prohibición del capitán de la selección para participar en el repechaje. Empatamos el primero, ganamos el segundo, clasificamos al Mundial, pero se perdió a la pieza central del esquema. Fue aquí cuando Oviedo llegó con mayor fuerza para proponerse como la salvación. 

Ni pena ni gloria

El gobierno de Kucyznski, por otra parte, fue más bien opaco. Opacado no solo por una mayoría obstruccionista decidida a destruirlo, sino por la ineficacia que mostraba al momento de resolver los problemas del país. El fenómeno del Niño, el escándalo del aeropuerto de Chinchero, los vínculos con Odebrecht cuando era Ministro de Economía y Finanzas para el gobierno de Alejandro Toledo, sus vínculos posteriores a través de sus empresas y los pagos hechos a través de cuentas off-shore, eventualmente lo llevaron a renunciar en 2018. Su gobierno fue más bien olvidable, excepto por un indulto presidencial a Alberto Fujimori, según el cual, los manejos turbios fueron los que lo salvaron del primer proceso, expuestos previo al segundo proceso de vacancia por Fuerza Popular, a través de grabaciones hechas por el congresista Moisés Mamani.

El mensaje de Kuczynski al momento de renunciar dice más de su persona y de su gobierno, de lo que podríamos señalar en este artículo.

Frente a este panorama, asume Martín Vizcarra, el Vicepresidente que había llegado a la fórmula de Kuczynski como un Gobernador Regional que había llevado a su región, Moquegua, a ser una de las más exitosas durante su período. Vizcarra tuvo un inicio tibio, casi complaciente con la oposición de Fuerza Popular, o al menos, así pareciera.

Así, en este panorama adverso, llegó el Mundial Rusia 2018. Ya habíamos mencionado que Guerrero fue suspendido tras conocerse los resultados de su prueba anti-doping, y tras grandes procesos, en los que incluso se le amplió la suspensión, llegó a conseguir a través del Tribunal Federal Suizo, una vía por la cual podía participar al Mundial.

Todo este embrollo también afectó directamente a la Selección, que más allá del aspecto anímico, se había desapegado del caso Paolo por dos motivos; la nula intromisión por parte de la FPF por reglamento FIFA en el proceso y el nulo interés que mostraban sus autoridades para acelerar los plazos. Durante todo ese tiempo, ningún funcionario de la Federación mostró su apoyo a Paolo, lo cual eventualmente sumaría para que, frente a los reclamos de la gente, Edwin Oviedo se mostrara presto a conseguir reuniones con Gianni Infantino, a fin de encontrar una solución a su problema. 

EFE

Resumamos la campaña de Perú en el Mundial de la siguiente forma: llena de esperanzas, vacía de resultados. Frente a selecciones que contaban con instituciones sólidas y un trabajo que databa de años, el único triunfo de la selección se dio frente a Australia, cuando ya no se jugaba nada más que el honor. Un penal no definió nuestro destino, como muchos quieren hacernos creer, pero sin duda, aquel que Cueva falló frente a Dinamarca, representó, para muchos, lo que equilibró la balanza. Un penal, un gol que nunca fue, el grito ahogado de millones de peruanos que se distraían frente a lo evidente.

Por esas fechas, ya empezaba a aparecer el gran escándalo que marcaría a la nación. Los audios de los Cuellos Blancos del Callao. Revelados por IDL-Reporteros, portal de investigación que había dado luces respecto al impacto de Obebrecht en Perú, tras el escándalo Lavajato. Cuando se creía que nada podría superarlo, llegó Lavajuez. Una red de influencias alrededor del Poder Judicial que involucraban a distintos personajes, incluyendo a algunos políticos, como Héctor Becerril o la “señora K”, curiosamente ambos alrededor de la elección de Pedro Chávarry como Fiscal de la Nación. Audio tras audio, el país se enteró de la putrefacción de un Poder que ya estaba desprestigiado antes de los audios; el Poder Judicial. Fue la oportunidad perfecta para Vizcarra para despegarse de quiénes (aún se considera tácitamente) lo ayudaron a llegar al poder, y el 28 de julio, en un Mensaje a la Nación, se atrevió a hacer lo que hasta ahora nadie había hecho: plantear reformas constitucionales que golpeaban duramente al fujimorismo, fuerza política caracterizada por ser inmoral y terriblemente nefasta para la democracia.

Para la FPF, específicamente para Oviedo, el escándalo de los Cuellos Blancos significó el principio del fin. Apareciendo en audios con el famoso Juez Supremo, César Hinostroza, y formando parte de entredichos que involucraban su propia gestión como Presidente de la Federación, Oviedo se aferraba al cargo como si estuviera consciente que de dejar la Presidencia, entraría a prisión. Se aferró a la derogación de una ley que había sido considerada como la Ley Oviedo, que lo perpetuaba en el poder, además de conferirle mayor autonomía. La FPF funcionaría, ahora sí, como una entidad privada. Es decir, Oviedo no le respondería a nadie por su accionar en la Federación más allá de sus miembros. Y sus miembros jamás le pidieron explicaciones; quizá porque temían que los reflectores también los apuntaran.

Con Oviedo fuera de la ecuación, principalmente por presiones de fuera, el rompecabezas que había armado la Fiscalía quedaba prácticamente completo. Solo faltaba saber quiénes eran sus operadores políticos. Fuerza Popular, señalan algunas voces, y no les faltarían motivos. La famosa señora K no podría ser otra que Keiko Fujimori, pero claro, aquí hablamos sin evidencias, por lo que preferimos guardarnos nuestra opinión al respecto. Lo cierto es que, tras las llamadas reformas judiciales y políticas, refrendadas por un referéndum, Vizcarra empezó a mover sus piezas de ajedrez, de modo tal que casi toda jugada era un jaque, era obvio; nadie esperaba que jugara tan bien.

Quien también jugó sus fichas bien fue Gareca. Tras el escándalo de Oviedo y poco antes que renunciara a la Federación, su silencio fue estratégico. Si se pronunciaba a favor, la prensa le iba encima. Si se pronunciaba en contra, también. Eligió la tercera opción, y quizá la más cobarde; no pronunciarse en lo absoluto. Con su silencio avaló que un corrupto dirija la entidad que lo contrataba, aunque después de todo, nadie muerde la mano que le da de comer. Mientras que Oviedo se encargó de colocarse como garante de la continuidad de Gareca, por lo que su renuncia se hizo esperar, y solo tras contar una medida preliminar dictada, renunció. Con Oviedo fuera de la ecuación, asumía Agustín Lozano, su vicepresidente, quién también está investigado por una presunta malversación de fondos en la venta de entradas a los partidos de la Selección. Sí, precisamente lo que Oviedo había hecho con los famosos “hermanitos”, también involucra a Lozano, quizá con otros funcionarios.

Y a todo esto, Perú seguía acumulando victorias en amistosos, algunos reveses, pero nada en particular. La obsesión de todos, por alguna vez, no fue el fútbol. Hasta la Copa América Brasil 2019. Digamoslo de una sola vez; lo que nunca suele pasar, pasó en esta Copa. Sufrimos una goleada de magnitudes colosales ante el anfitrión, pero revertimos la situación llegando a la final, dejando atrás a dos selecciones como Uruguay y Chile. Un país acostumbrado a ser la sombra de las cinco o seis selecciones latinoamericanas se colocaba en el podio de un torneo corto una vez más. Perú no jugaba bien después del Mundial, pero sí o sí saldría con una medalla alrededor del cuello. Y quizá; no estaba prohibido soñar, con un trofeo.

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Pero sucedió lo que normalmente tenía que pasar, perdimos frente a una selección que nos superaba en todas las líneas, no por nombres, sino por funcionamientos. La Copa deja más problemas que soluciones por dos motivos; no hemos consolidado ninguna de nuestras líneas, excepto quizá la del arquero. Recibió cinco goles con Brasil, es cierto, pero consiguió enlazar actuaciones notables frente al resto de equipos. Existen nuevos nombres a los que Gareca ya no mira, quizá porque ya cuenta con un núcleo que le ha rendido. La pregunta eterna de muchos es ¿y la renovación para cuándo?

En el plano local, hasta la fecha, excepto Sporting Cristal, el resto de clubes peruanos fue eliminado de torneos internacionales sin mayor pena ni gloria. Ya sea por mala planificación, la nula seriedad de sus administraciones o porque simplemente no estamos al mismo nivel de rigurosidad en cuanto a torneos se refiere, no hay equipo peruano que no ilusione para después desilusionar. Melgar llegó a la Sudamericana, después de pasar por la Pre-Libertadores exitosamente, y se llevó una goleada impresionante. Similar suerte pasó Alianza Lima, que empató con River Plate, actual campeón de la Copa Libertadores, para luego perder el resto de partidos. En la Sudamericana, nuestros equipos fueron una lágrima, incluyendo al actual campeón del Apertura, Binacional. Esta es una constante, incluso la famosa forma de perder “a la peruana”, es decir, el mantener un resultado favorable durante todo el partido y perderlo o verlo empatado en los últimos minutos. Clasificaciones como las de Municipal frente a Independiente del Valle en 2017 o las de Universitario frente a Capiatá o Oriente Petrolero, que también frenaron las posibilidades de su equipo de pasar a la siguiente ronda. Alianza Lima frente a River Plate, encajando un gol al último minuto, es el último de tantos ejemplos. El fútbol peruano es una lágrima, muchas veces. Lamentablemente, el rostro ya está empapado.

Reflexiones finales

El principal problema de Gareca es el mismo que enfrenta Vizcarra en estos momentos. Ambos se convirtieron en responsables de llevar a cabo una reforma que sus predecesores habían preferido dejar de lado para evitar las complicaciones que éstas significaban. Y ambos encuentran en sus respectivos ambientes, trabas institucionales que datan de antes que ambos llegaran a donde están.  Cómo resolverán dichos conflictos reside enteramente en su capacidad de sobreponerse a dichos obstáculos, y a las personas que los colocan.

No dejemos que este subcampeonato nos engañe, el principal problema del fútbol peruano no está tan lejos como parece. Aún no se ha resuelto el enigma de cómo se va a llevar a cabo el torneo de fútbol femenino en Primera y Segunda División si la mayoría de los equipos que la conforman no pueden organizar ni los pagos a tiempo de sus jugadores, cómo la Bolsa de Minutos se convierta en algo más que una obligación,  qué hacer para arreglar todo el quilombo que se arma para organizar cualquier torneo internacional en nuestro país, y más. 

No dejemos que Vizcarra y sus reformas nos engañen, hay problemas sustanciales que atender en el país. La Política Nacional de Productividad y Competitividad es un pasivo que aún no ha sido abordado, la nula representatividad de los congresistas para/con sus electores, el estancamiento de la izquierda, el resurgimiento de la derecha conservadora, recalcitrante, retrógrada y frívola, el conflicto minero en Las Bambas y en Tía María, la presión que siguen ejerciendo las grandes empresas sobre el Ejecutivo respecto a algunas decisiones cruciales, el efecto Lavajato y Lavajuez en nuestras autoridades, las complicaciones que se presentan con las reformas políticas y judiciales, aprobadas y desnaturalizadas por el Legislativo, el descaro de Alejandro Toledo para/con su pueblo y de todos aquellos prófugos de la justicia por actos de corrupción, el último acto cobarde de Alan García aún es un hecho que no ha sido abordado de forma cabal.

Si este artículo se ha centrado principalmente en el fútbol masculino es esencialmente porque es lo que más se ha desarrollado en nuestro país, la falta de seriedad y compromiso de las autoridades pertinentes para promover el fútbol femenino es realmente una lágrima. No las futbolistas, como señalaba cierto conductor de televisión que alguna vez tuvo el infortunio de ser jugador de fútbol, que por cierto, denotan mayor entrega de la que alguna vez se le vio a él cuando jugaba. Hay asuntos aún no abordados, pero que seguramente serán tema de análisis para otros personajes, estos son lineamientos perfectibles, que seguirán siendo debatidos posteriormente. Más que plantearse o afirmarse como una verdad, este artículo es una reflexión, en constante evolución. Este es solo el primero de muchos por venir.

Pero tras lo dicho, que sin duda cuestiona el optimismo con el cual muchos ven la “evolución del fútbol peruano”, uno se convierte en el famoso Zavalita de Conversación en la Catedral. Y si él se preguntaba en qué momento se habría jodido el Perú, valdría la pena preguntarnos en qué momento se habría jodido el fútbol peruano. Y con todo lo que viene ocurriendo en lo que va del siglo XXI, con lo ya ocurrido en los siglos pasados, quizá como el Perú, como Zavalita; el fútbol peruano ya había nacido jodido. 

Independencia, julio 2019.


Adenda (28/07): En estos momentos, Vizcarra ha optado por una salida mucho más “elegante” que la disolución del Congreso. La reforma constitucional que ha planteado genera más problemas que soluciones, y evidentemente refleja su gran capacidad política para responder al golpe por golpe que plantea el fujimorismo. 

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