La Junta de Valladolid y el reconocimiento de derechos al Indio

José Martínez
Estudiante de Derecho


Introducción

A mediados del siglo XVI, en Valladolid (España), rondaban varias preguntas en el ambiente. ¿Los habitantes del Nuevo Mundo son hombres inferiores a los europeos? ¿Estos seres, apenas cubiertos con trapos, poseían alma y raciocinio como los europeos? ¿Estaba justificada la Conquista por la evangelización? Para intentar responder estos cuestionamientos, dos hombres se enfrentaron en un debate conocido como “La Controversia”.

Los dos protagonistas del debate defendieron a capa, espada y cruz su posición. Uno de ellos, filósofo, historiador y jurista; el español Juan Ginés de Sepúlveda (1494-1573), conocido por ser un defensor oficial de la Conquista. El otro, el dominico Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), Obispo de Chiapas, autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, texto que crítica severamente las crueldades de los conquistadores.

El encuentro entre Las Casas y Sepúlveda comenzó textualmente, pues Fray Bartolomé había conseguido que cambiaran las leyes de las encomiendas de los indios. Bajo este contexto, Sepúlveda respondió con la publicación De histis belli causis apud indios; luego Fray Bartolomé refutó la idea de la guerra hacia los indios, con sus Treinta proposiciones muy jurídicas, la polémica había comenzado. Por otro lado, Carlos V había detenido la Conquista, debido a los propios cuestionamientos del padre Las Casas, quien para ese momento era un ferviente creyente de la convivencia armónica con los indios. Por su parte, Sepúlveda basándose en la tesis aristotélica, proponía que existía una clara aristocracia natural separada de una servidumbre natural. Para la investigadora Ana Manero Salvador (2009), experta en Derecho Internacional, esta separación fundamentaba que los hombres más sabios, más racionales y prudentes debían dominar a los más ignorantes a través de la fuerza, para así liberarlos de su salvajismo. Esta sentencia explicaba, a través de esa lógica, que los españoles tenían derecho a la Conquista y a civilizar a sus nativos. (pp. 103)

Las discusiones llevaron a que se realizara un debate en el convento de San Gregorio en Valladolid, sobre la inferioridad de los indígenas y si tenían o no alma. También se discutió sobre la justificación de la guerra protagonizada por españoles. Se conformaron dos tribunales, uno con teólogos y otro con juristas; y tuvo dos etapas, del 15 de agosto a mediados de septiembre de 1550, y del 10 de abril al 4 de mayo de 1551. Dicho debate consistió en que Sepúlveda argumentaba y Las Casas refutaba. Según Manero (2009), fueron cuatro argumentos los expuestos por Sepúlveda. El primero se centró en la doctrina aristotélica y tomista, sobre la división natural entre los pueblos, en la que los bárbaros son los que no vivían conforme a la razón natural y tenían malas costumbres. En el segundo, sobre el crimen de devorar la carne humana, que sumado a lo anterior, conectaba con la idolatría. El tercero giraba hacia la necesidad de evitar sufrimientos a las víctimas de idolatría y de los sacrificios humanos. El último de los argumentos, lanzado por Sepúlveda contundentemente, afirmaba que la guerra era el apropiado medio para la evangelización de los nativos.  

Trascendencia del debate

En la disputa no hubo un vencedor final, y ambos opositores se consideraron vencedores.  La mayor parte de los teólogos dieron como ganadora la tesis de Las Casas, mientras que la mayor parte de los juristas lo hicieron a favor de los argumentos de Sepúlveda. La resolución final fue la emisión de varios informes que tuvieron sendas consecuencias.

Para la investigadora Ana Manero Salvador (2009), el Debate de Valladolid sirvió para actualizar las Ordenanzas de las Indias y crear la figura del protector de indios. Así, las nuevas instrucciones de colonización, aprobadas en Valladolid el 15 de mayo de 1556, permitieron el avance de los españoles por tierras inexploradas pero sin daño ni violencia contra los indios. El mismo espíritu mantuvieron las Ordenanzas de Juan de Ovando, aprobadas por Felipe II el 13 de julio de 1573, en las que se modificó el modelo de conquista por el de poblamiento o pacificación (pp. 93).

De esta manera, la Junta inspiró varias medidas posteriores como por ejemplo la abolición definitiva de la encomienda, así como la de cualquier síntoma de esclavitud de los indios. Fue destacable el interés de los propios reyes en mantener vivos a sus súbditos y garantizar la continuidad de los ingresos americanos frente a la codicia de los encomenderos, lo cual propició nuevas normas.

El resultado fue la promoción de la Legislación de Indias, que es considerada como la base del Derecho Internacional de Gentes (ius gentium), principio del fin de la justificación del dominio de los españoles sobre los indígenas, que se arrastraba desde Aristóteles.

Las conquistas españolas se regularon de tal forma que solo a los religiosos les estaba permitido avanzar en territorios vírgenes. Una vez que habían convenido con la población indígena las bases del asentamiento se adentraban más tarde las fuerzas militares, seguidas poco después por los civiles. Nunca en la historia, ningún otro país del mundo ha desarrollado una política semejante.

Se mantuvo el dominio español, pero reconociendo a los indígenas como personas con derechos propios, con las mismas libertades que los españoles peninsulares.

España continuó la empresa de las Indias, teniendo en cuenta las lecciones de Francisco de Vitoria:

“Es claro que, después de que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas provincias.”

Para el investigador Jean Dumont, experto en historia hispánica de los siglos XV-XVI (2011), lo más importante de la controversia de Valladolid es que en ella se fundaron los Derechos Humanos. Fue la primera vez que reyes y súbditos se plantearon la cuestión de los derechos fundamentales de la persona por el simple hecho de ser seres humanos, derechos anteriores a cualquier legislación contemporánea. Nunca antes un pueblo se había cuestionado con tal profundidad dónde acaban los derechos propios, los del vencedor, y donde empezaban los derechos ajenos, los del vencido; y nunca antes un poder se había sometido de tal manera a la filosofía moral. (pp. 45)

El hecho de que se hiciera necesaria una reflexión pública como la de esta Junta se ha considerado siempre excepcional, en comparación con cualquier otro proceso histórico de formación de un Imperio. Hay que destacar que no surgieron controversias públicas similares en las colonias inglesas o francesas de América, pero desgraciadamente sabemos de los malos tratos y del exterminio que se produjo también en ellas.

La Junta de Valladolid fue un debate del cual participaron las mejores inteligencias españolas de la época, teólogos, juristas, políticos. Nada similar podemos encontrar en otro lugar. También por los motivos circunstanciales: ni los franceses ni los ingleses ni los portugueses se encontraron con organismos políticos desarrollados y organizados en Estados, como los reinos azteca e inca que encontraron los españoles. Capaz este sea uno de los motivos por los cuáles no se dieron similares debates.

En la práctica, las dos posiciones que se confrontaron en la Junta justificaban el dominio castellano aunque con acciones muy diferenciadas entre sí.

Ambas motivaciones, así como el ambiente intelectual generado por la Junta de Valladolid y la polémica, inspiraron nuevas Leyes de Indias a añadir a las anteriores. La sincera preocupación de Bartolomé de las Casas por la suerte de los indios que tan crudamente describió en su obra Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias le llevó a una notable propuesta que permitió entender su concepción del indígena: le parecía admisible una buena idea que salvó a muchos lugares de América de la despoblación, sobre todo a las islas Antillas.

El debate se centró en las ideas de tres grandes intelectuales de la época: Juan Ginés de Sepúlveda defendiendo la guerra, Francisco de Vitoria, que había muerto en 1546, aceptando la guerra justa, y Bartolomé de las Casas, negándola. Sepúlveda y Las Casas se convirtieron en los protagonistas del debate y en los principales defensores de dos posiciones antagónicas de concebir la conquista del Nuevo Mundo. En realidad eran dos pensamientos diferentes de entender al indígena y el descubrimiento de América, que desembocó en un debate jamás antes abordado por otro imperio. Nunca se trató como un asunto académico, sino como un problema real, de conciencia para muchos españoles, incluidos los monarcas. De esta manera, también podemos ver cómo las Américas, cambió e influyó al viejo mundo.

Las Casas se convirtió en un pionero de la lucha por los Derechos Humanos, los documentos que aportaban fueron su Brevísima relación de la destrucción de las Indias y su Apologética historia sumaria: la primera ocupándose de la licitud o ilicitud de la conquista, y la segunda de la situación en que se encontraban los indígenas. Las Casas respetaba el dominio español en América sólo si se predicaba pacíficamente el evangelio, condenando el uso de la violencia aunque estuviese justificada, pues para él los colonos tenían la obligación de respetar a los inocentes entre los que citaba a mujeres, niños, sacerdotes, agricultores, obreros y mercaderes. Por eso recordaba que las Bulas Alejandrinas solo permitían la intervención de Castilla en el Nuevo Mundo tan solo para la prédica del evangelio, sin privar a los naturales de sus estados, jurisdicciones, bienes, honras, dignidades y señoríos.


Bibliografía:

Bataillon, M. y Saint-Lu, A. (1985). El padre de las casas y la defensa de los indios. Madrid: Sarpe.

Castilla, F. (2013). El pensamiento de Juan Ginés de Sepúlveda: vida activa, humanismo, y guerra en el Renacimiento. Madrid: Encuentro.

De las Casas, B. (1991). Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Madrid: Cátedra.

De Soto, D. (2006). Controversias entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda. Valladolid: Maxtor.

Dumont, J. (2011). El amanecer de los derechos del hombre: La controversia de Valladolid. Madrid: Cátedra.

Manero, A. (2009). La controversia de Valladolid: España y el análisis de la legitimidad de la conquista de América. Revista Electrónica Iberoamericana, 3(2), pp.85-114.