Ecuador: un paso adelante, un paso atrás

Gabriela Merino
Estudiante de Lengua y Literatura


La noticia de la aprobación del matrimonio igualitario este doce de junio en Ecuador sorprendió a muchos y mostró un avance social inimaginable. Sin embargo,  la respuesta inmediata fue dividida, pues grupos como Con Mis Hijos No Te Metas mostraron un claro rechazo a la decisión de los cinco jueces que aprobaron dos matrimonio igualitarios alegando que, en un caso como este debía ser el pueblo, en una consulta popular, quien decida. Asimismo, la Iglesia Católica a través de miembros encargados, dio una respuesta negativa ante la nueva noticia. Como resultado, se dio una marcha masiva en la ciudad de Guayaquil con la finalidad de revocar el cargo a los jueces que apoyaron el matrimonio, anular el dictamen y mantener una educación sexual tradicional. Si bien se comunicó mínimamente que habría cambios en temáticas de esta naturaleza, nadie esperó que fuera algo tan inmediato. La duda que genera la repentina aprobación de algo considerado controversial es que en esa misma semana, dos días antes, el 10 de junio  para ser exactos, la penitenciaría de Guayaquil pasó por lo que se considera uno de los peores incidentes carcelarios del país: un reo, alias ‘‘El Cubano’’ fue acribillado en el tercer piso de la cárcel, luego decapitado y arrojado su cuerpo guillotinado a una de las canchas de la institución en donde se lo quemó mientras algunos reos comenzaron a jugar con la cabeza como si se tratara de una balón de fútbol, todo esto mientras algunos policías y guías penitenciarios estaban como rehenes.

La indignación acerca de la violencia vino como un ola al país que ha puesto en consideración la forma en la que se maneja el control y la seguridad. Por un lado, hace algunos meses, un policía que usó su arma para evitar un robo fue llevado a juicio, tiempo después, un hombre con un cuchillo mantuvo de rehén a su pareja embarazada durante una hora frente a un grupo de policías y civiles que solo fueron testigos de cómo el hombre la apuñaló causando su muerte inmediata.

Entonces, ¿cuándo se debe usar un arma? ¿cómo se protege si existe un miedo acerca del uso del instrumento que representa no solo simbólica, sino lógicamente la seguridad? No se desea un uso indiscriminado del poder o armas, lo que se cuestiona es en qué momento es válido defenderse. En el caso de la penitenciaría, el uso de la fuerza hubiera evitado un acto de inhumanización tan brutal como el que se dio, también hubiera evitado que las figuras de control como guías y policías sean retenidos y violentados y que la única forma de liberarlos fuera a través de negociaciones con los reos. Si los encargados de mantener el orden no pueden hacerlo, entonces, las alarmas no tienen una respuesta. Cabe recalcar que estas instituciones albergan a presos condenados por juicios de alimentos y delitos menores, quienes también están desamparados y en medio de la guerra desatada entre los bandos de cada pabellón. Esta situación se mantuvo en auge, entrevistas, informes y reclamos llenaban los medios de comunicación que recalcaban la ineptitud del sistema carcelario e incapacidad del gobierno de manejar este tipo de situaciones. Pero, en el centro del debate se aprueba el matrimonio igualitario logrando mover toda la atención hacia otro punto, que de haber sido aislado al contexto anteriormente dicho, quizá nunca hubiera salido a la luz.

Como resultado, la gente comenzó a cambiar de tema, ahora era lo moralmente correcto lo que debía ser analizado. Panfletos, marchas, ruedas de prensa ocultaron que un ser humano fue guillotinado en un centro de rehabilitación. La gente salió a las calles porque dos hombres o dos mujeres podrán casarse y eso es malo para los niños, pero nadie se movilizó para exigir medidas inmediatas para las cárceles. Afecta más la homosexualidad que la violencia. La estrategia de desviar la atención fue posible porque en el imaginario colectivo todo preso debe ser castigado y toda cárcel es violenta porque ellos la vuelven así, por lo tanto, se puede pasar la página ya que los reos no merecen tanta consideración. Anular por completo la flexibilidad que cada centro tiene nos vuelve ciegos y afecta, no solo a los privados de la libertad, sino a las personas de fuera, porque representa un problema social más profundo de lo que a simple vista se presume. Un paso hacia adelante: matrimonio igualitario, y una desviación atroz del camino: violencia en la penitenciaría, es lo que se vivió en un país en donde la verdad y la crítica han quedado rezagadas. 

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