La Ley de Espionaje: un siglo después

Imagen extraída de Activist Post.


Tras la extradición de Julian Assange aprobada por el Gobierno Británico, las filtraciones de The Intercept respecto al caso Lavajato en Brasil, y la continua persecución hacia Snowden y otros hackers que continúan revelando “información clasificada” dentro de la cual se pueden encontrar evidencias de actos ilícitos o poco éticos cometidos por Estados Unidos, alrededor del mundo está reviviendo un debate respecto a la libertad de expresión y sus límites. Todo aquello que es considerado como secreto de Estado pertenece al Gobierno, pese a que curiosamente el Estado está conformado mucho más allá de los burócratas.

En esa línea, es tiempo de evaluar y saber bien en qué consiste y cuáles son los alcances de la famosa Ley de Espionaje de Estados Unidos, que el 15 de junio de 2019, cumple 102 años de ser promulgada, y que representa una de las vulneraciones más indignantes contra la libertad de expresión y contra las denuncias de actos ilícitos por parte de los Gobiernos alrededor del mundo.

¿Qué es la Ley de Espionaje?

La Ley de Espionaje fue promulgada en 1917, poco antes que Estados Unidos decidiera intervenir en la Primera Guerra Mundial.

Hecha en base a la Ley de Defensa de Secretos Gubernamentales de 1911, principalmente por la noción de difundir o extraer “información relacionada a la seguridad nacional” por personas que no están “destinadas a tenerla”. La Ley de Espionaje, eso sí, incluía penas más severas, como la pena de muerte.

Bajo este discurso del Estado de la Unión el 7 de diciembre de 1915, el presidente de aquel entonces, Woodrow Wilson, presentó el proyecto al Congreso.

Hay ciudadanos de Estados Unidos, me sonrojo en admitir, nacidos bajo otras banderas pero bienvenidos bajo nuestra generosas leyes de naturalización a la completa libertad y oportunidad de América, que han servido el veneno de la deslealtad en las propias arterias de nuestra vida nacional; que han buscado traer la autoridad y el buen nombre de nuestro gobierno en desacato, para destruir nuestras industrias donde lo creyeran efectivo por sus vengativos propósitos para atacarlas (las industrias), y para degradar nuestras políticas a los usos de de la intriga extranjera.

Les insto a que promulguen tales leyes lo antes posible y sientan que al hacerlo, les exhorto a que no hagan nada menos que salvar el honor y el respeto propio de la nación. Tales criaturas de pasión, deslealtad y anarquía deben ser aplastadas. No son muchos, pero son infinitamente malignos, y la mano de nuestro poder debe cerrarse sobre ellos de una vez. Han formado tramas para destruir la propiedad, han entrado en conspiraciones contra la neutralidad del gobierno, han buscado hacer palanca en todas las transacciones confidenciales del gobierno para servir a los intereses ajenos a los nuestros. Es posible lidiar con estas cosas muy eficazmente. No necesito sugerir los términos en los que se pueden tratar.*

Pese a la demora del debate y posterior votación (se aprobó el rompimiento de relaciones con Alemania en un lapso mucho más breve), eventualmente se legisló el 15 de junio de 1917 firmado por Wilson el mismo día, convirtiendo en crimen dos actos:

  • Difundir información que impidiera el desarrollo o éxito de las operaciones realizadas por el Ejército de los Estados Unidos, o buscara el éxito de sus enemigos. Este crimen era castigado por pena de muerte o prisión por no más de 30 años.
  • Difundir desinformación o falsos testimonios con la intención de interferir con el desarrollo o éxito de las operaciones de las fuerzas militares o navales de los Estados Unidos, o promover el éxito de sus enemigos durante la guerra, causar o promover la insurgencia, deslealtad, insubordinación, motines, o la voluntad de obstruir el reclutamiento para el servicio militar de los Estados Unidos.  Este crimen era castigado desde una fianza de 10 mil dólares hasta prisión por no más de 20 años.

Uno de los pedidos de Wilson fue que los efectos de la ley también se extendieran a la prensa, pero esto no se dio hasta la Ley de Sedición en 1918, en la que se incluyó no solo como crimen quién interfiriera con las relaciones exteriores ya sea comerciales como políticas de Estados Unidos, sino también el usar lenguaje profano, desleal o abusivo sobre el Gobierno de los Estados Unidos, su bandera, sus fuerzas militares que causaran que otros vieran al Gobierno o sus instituciones con desprecio. Todos estos crímenes solo contaban durante el período de guerra. Curiosamente, esta medida fue apoyada por muchos de los periódicos de la época, en lugar de tomarlo como una afrenta a la libertad de expresión.

Pocos meses después de su promulgación, se dio el Día del Armisticio, por lo cual no se promovieron muchos casos bajo esta ley de Sedición. Tan solo dos años después, sería revocada por el Congreso en un intento de dar marcha atrás en muchas leyes promulgadas en período de guerra. Evidentemente la Ley de Espionaje no fue alcanzada por este afán, pues gran parte de su contenido fue trasladado del Título 50 del Código de Estados Unidos (Guerra) al Título 18 (Crimen), lo que quitó sus restricciones de solo regirse en períodos de guerra. Posteriormente, en la década del 60′, sus límites se ampliaron a todo el mundo y ya no solo a territorio americano. Es decir, Estados Unidos ofrecía no solo su mal llamada democracia, sino que se aseguraba de que nadie se encargara de revelar todos aquellos actos imprudentes.

Actualmente, los alcances de dicha ley ya no se limitan a los medios escritos o televisivos, sino también dentro de Internet, lo cual alcanzó un nuevo nivel tras los eventos del 11 de septiembre de 2001, en el que incluso sin el conocimiento de muchos usuarios, el gobierno estadounidense obtuvo acceso sin restricciones a las comunicaciones de sus ciudadanos, solo teniendo que dar explicaciones al respecto si es que encontraban algo sospechoso en sus escuchas. Es decir, actuar primero, justificar después.

Muchos de sus críticos señalan que la Ley del Espionaje no solo castiga al espionaje, sino a aquellos que denuncian los errores y crímenes cometidos por los funcionarios del Gobierno estadounidense, lo cual puede ser fácilmente comprobado si seguimos los casos de Reality Leigh Winner, John Kiriakou, Thomas Drake o la famosa Chelsea Manning.

Chelsea Manning 

Chelsea Manning fue acusada de haber filtrado el famoso vídeo Collateral Murder, en el que se observa a un helicóptero estadounidense matar  a un grupo de civiles en Irak del que formaban parte dos periodistas de la agencia Reuters, Saeed Chmagh y Namir Noor-Eldeen.

Curiosamente, Manning fue sometida a un régimen estricto de carcelería, mucho antes de ser condenada. De acuerdo a su abogado, desde mayo hasta diciembre de 2010, andaba a oscuras 23 horas al día, y dormía solo con su ropa interior. Era obligada a usar lentes solo cuando miraba televisión una hora al día, pese a que ella usaba anteojos por motivos de salud, sin olvidar que durante varios meses, no le permitieron usar un colchón para dormir. Cabe recordar que cuando en enero de 2011, su abogado denuncia estas conductas; el director de la prisión, el comandante James Averhart, fue sustituido. Además, el 13 de marzo de 2011, P. J. Crowley, portavoz del Departamento de Estado del gobierno estadounidense, dimitió de su cargo tres días después de haber afirmado en una conferencia que el trato dado a Manning por el Pentágono era «ridículo, contraproducente y estúpido». En un comunicado en el que explicó sus motivos, reafirmó su convicción de que un trato demasiado duro a Manning podría tener consecuencias negativas para Estados Unidos en el exterior.

Eventualmente, un tribunal militar le condenó en agosto de 2013 en primera instancia a cumplir una pena de 35 años de prisión y a su expulsión del ejército con deshonor.​ El 17 de enero de 2017, el presidente Barack Obama, en sus últimos días antes de abandonar la Casa Blanca, conmutó el resto de la pena de prisión de Manning, quien salió de prisión el 17 de mayo de 2017.

Actualidad

Además de Assange, la mayoría de los casos que ahora son llevados por el Departamento de Justicia durante el gobierno de Trump han sido herencia del presidente estadounidense con más procesos iniciados bajo la Ley de Espionaje; Barack Obama. Con ocho casos, ha superado cuantitativamente a todos los procesos históricamente iniciados desde su promulgación en 1917. Curiosamente cuando Obama asumió en 2009, se refirió a los informantes como “quiénes muchas veces son la mejor fuente de información sobre gastos, fraudes y abusos en el Gobierno”.


* Traducción realizada por Alessandra Abanto Delgado.

Este informe no contiene información exclusiva de Poliantea, y en esa línea, toda información aquí expuesta ha sido verificada por nuestro equipo en base a nuestros recursos.