Sartre vs. Camus: El sueño de la libertad

Matilde Carreón
Filósofa


CONTEXTO

En la Francia del siglo XX se presentaba un conflicto ideológico de lo más interesante, y, por decirlo menos, agitado, digno de una trama cinematográfica. El contexto político era perfecto para la afirmación de ideologías, la formación de amistades y debates intelectuales de alto calibre. Es por ello que el debate político-filosófico-existencial existente entre Jean-Paul Sartre y Albert Camus es tan relevante para entender el contexto de la época. Este es, sin lugar a duda, un debate que siembra, en cualquier filósofo con intereses políticos y tendencias de izquierda, una suerte de cuestionamientos internos, pues ha sido una disputa muy interesante en el marco de la filosofía de izquierdas, además de presentar una clara división de carácter moral. Además, fue un conflicto que terminó –después de 10 años- la amistad de ambos personajes, conflicto generado, en gran parte, a partir de la obra El Hombre Rebelde de Albert Camus y las publicaciones de Sartre en Les Temps Modernes, revista dirigida por él.

A continuación, haré una breve introducción de la disputa entre ambos autores. Para luego intentar realizar una definición de libertad según cada uno de ellos. Después, expondré el debate por medio de la disputa entre la valoración de la Libertad Individual vs Libertad Colectiva, como también entre dos necesidades esenciales la Libertad y la Justicia, que creo yo, era el mayor discernimiento entre ambos autores.

SOBRE LA LIBERTAD

SARTRE

Jean-Paul Sartre fue, principalmente, un filósofo, escritor y político francés. Representante de la corriente existencialista y del marxismo humanista. Se forma en la fenomenología de Husserl y de Heidegger. Escribió también, una gran variedad de obras y novelas, además de ensayos. Rechazó el Premio Nobel de Literatura en 1964, fue pareja de la filósofa Simone de Beauvoir. Sartre era un hombre de compromiso político y moral hacia el mundo, el ser y el arte. Una real celebridad intelectual de su época, colaboró con diversos movimientos sociales, además de participar en conflictos bélicos e incluso ser, por nueve meses, prisionero de guerra de las tropas alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

Sartre responde a su análisis del ser humano afirmando su naturaleza libre, niega toda clase de determinismo, afirma que somos los dueños de nuestras acciones, pues estas no están determinadas por fuerzas “superiores”. No asume aquí la inexistencia de Dios, pero sí el hecho de que el ser humano no necesita de un Dios para encontrarse a sí mismo y darle sentido a su vida, no necesita a un Dios para responsabilizarlo de nuestras acciones. Somos responsables de quiénes somos, y logramos ser conscientes de nuestra libertad en la angustia que esta nos genera, esta angustia es causada por el miedo y la inseguridad de cargar con la responsabilidad de nuestra propia vida y el riesgo que esto conlleva. Esta angustia se torna conciencia de ser, conciencia de libertad. Es por ello que estamos condenados a ser libres, porque tenemos la responsabilidad de decidir sobre nuestro propio ser.

“El hombre toma conciencia de su libertad en la angustia, o, si se prefiere, la angustia es el modo de ser de la libertad como conciencia de ser, y en la angustia la libertad está en su ser cuestionándose a sí misma” (Sartre, 1954, p. 32)

Es entonces la libertad la que nos define como seres humanos. Es así como Sartre llega a la cuestión de si la esencia precede o no a la existencia. Según el autor la esencia es un conjunto de aspectos que comienzan a definirse cuando el ser practica su libertad y toma las decisiones sobre aquello que decide ser, por lo tanto, la esencia se va formando, después de la existencia, no llegamos al mundo predeterminados, llegamos con conciencia, esta conciencia es posibilidad, posibilidad de libertad. Incluso si decidimos no usar la conciencia y cedemos nuestra libertad a algún otro, pues aun así, estaríamos tomando una decisión, al fin y al cabo, libre. 

¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, como tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Solo será después y será tal como se haya hecho. Así pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. (Sartre, 1954, p. 31).

En este sentido, Sartre también, como máxima expresión del existencialismo, nos describe por qué el existencialismo es un humanismo. Al afirmar que existen dos tipos de humanismos, el clásico y el existencialista. El existencialista es aquél que afirma que, después del impulso de existencia, el ser es un ser en proceso, que se elige a sí mismo y se hace a sí mismo. No es solo cómo se concibe, sino cómo quiere ser.

Sartre especifica también que existen dos tipos de seres, los seres en sí y los seres para sí. Los seres en sí son fijos y no pasan por transformaciones que modifiquen su esencia (como una roca o una silla, por ejemplo). Mientras que los seres para sí son un proyecto constante, cuya naturaleza no es inmutable, sino una proyección. Los seres humanos son seres para sí. Cladakis, en su artículo “Ontología, acción y verdad” nos comenta sobre cómo el ser para sí tiene como característica principal su ausencia del ser.

En este punto, se presenta una de las características fundamentales del ser para–sí: su ausencia de ser. Aunque resulte paradójico, el ser para–sí es la región el ser que no es. El ser para–sí es revelación de los existentes, pero también trascendencia de dichos existentes. Asimismo, su trascendencia es también trascendencia con respecto a sí mismo. El ser para–sí, como trascendencia constante de sí mismo y de los demás existentes, se encuentra desprovisto de ser. (Cladakis,  2015, p. 14)

Sartre equipara la Nada al No-ser, sosteniendo que el ser y el no ser son contrarios. Pero es el ser lo originario, ya que la nada implica una negación del ser y para que haya una negación antes es necesario que exista una afirmación. Siendo la nada relativa al ser mismo, surgiendo de él. Pues para ser creador de la nada, el ser humano debe albergar en sí mismo la nada. Por lo tanto, aquello que identifica al ser es su indeterminación, su libertad.  

Asimismo, Sartre afirma que el ser para-sí se caracteriza por la tendencia a la nada, al otro y al ser. Descubriendo su tendencia a la nada a través de la conciencia de libertad. Siendo la esencia del ser humano su propia libertad, su indeterminación.  Por otro lado, en su obra, El ser y la Nada, Sartre nos relata una especie de límite a la propia libertad a partir del surgimiento del Otro, que influye en nuestras elecciones y determina ciertas situaciones que en realidad no hemos elegido. Entonces afirma que “la existencia del otro aporta un límite de hecho a mi libertad” (1954, p. 321) Sin embargo, a pesar de que se imponga una manera de ser donde nuestra libertad no sea el fundamento, es la existencia del otro la razón de esta limitación, nuestra libertad termina cuando empieza la libertad del Otro. Es así como el único límite a la libertad está dentro de la propia libertad. De esta forma no habría una real limitación en la idea de libertad, solamente habría una extensión de la misma determinada por la inclusión de uno o varios Otros.

Pero estos límites externos de la libertad, precisamente por ser externos y no interiorizarse sino como irrealizados, no serán nunca un obstáculo real para ella, ni un límite padecido. La libertad es total e infinita, lo que no significa que no tenga limites, sino que no los encuentra jamás. (Sartre, 1954, p. 326)

CAMUS

Camus expresa su noción de libertad de muchas formas, con sus textos académicos, artísticos y con sus propias acciones, por ejemplo siendo parte de la rebelión francesa durante la ocupación alemana. En el Hombre Rebelde describe como la rebeldía y el valor son comportamientos esenciales en el hombre, logran darle un sentido al ser. El valor de la rebeldía debe encontrarse en cada acción, la rebeldía se lleva en el alma. Este libro abre una gran cantidad de cuestionamientos sobre los movimientos rebeldes de la época, porque cada movimiento puede simular una causa justa, pero como cada movimiento tiene su propia esencia particular, estas no son necesariamente justas en sí. En El Mito de Sísifo, Camus se centra en el absurdo de nuestra vida cotidiana, afirma que el absurdo se manifiesta en la consciencia del carácter incomprensible de la vida. El hombre absurdo no encuentra sentido al mundo y sabe que si existiera tal sentido, no podría acceder a él. Este hombre al percibir el carácter absurdo de su vida se siente enfurecido, pues comprende que nunca había sido realmente libre. No obstante, aun así decide seguir adelante y asumir ese conflicto como una misión permanente, asumir entonces una actitud de rebeldía.

El hombre absurdo se siente desligado de todo lo que no es esa atención apasionada que cristaliza en él. Disfruta de una libertad con respecto a las reglas comunes. Se ve en esto que los temas de partida de la filosofía existencialista conservan todo su valor. La vuelta a la conciencia, la evasión del sueño cotidiano son los primeros pasos de la libertad absurda. (…) El hombre absurdo entrevé así un universo ardiente y helado, transparente y limitado en el que nada es posible pero donde todo está dado, y más allá del cual sólo están el hundimiento y la nada. Entonces puede decidirse a aceptar la vida en semejante universo y sacar de él sus fuerzas. (Camus, 1985, p. 31)

La rebelión se desarrollaría como una confrontación continua entre el ser y el mundo y la presencia de un cuestionamiento constante frente a todo lo que es visto como evidente. La rebelión es la forma de vivir que supera al suicidio, pues el ser existe pese a la conciencia del absurdo. Por lo tanto, la rebelión sería la única opción –aparte del suicidio- para sobrellevar este castigo absurdo de la existencia. Siendo así, una forma de enfrentamiento y aceptación del absurdo y nuestra actitud ante él como el sentido de nuestra existencia.

El hombre rebelde es la actitud del hombre absurdo en su relación con la sociedad, con lo que lo rodea y con lo que es, si bien el hombre absurdo es aquel que se emancipa de sus principios y comienza una nueva visión de su existencia, como representa el mito de Sísifo con el hombre absurdo sentenciado al castigo de la existencia ,solo le queda una postura y esta es la rebeldía, el hombre que desprecia su castigo (en este caso la existencia absurda) y lleva su tarea con la mejor actitud posible (Astete, 2015, p. 8)

Es así como el hombre rebelde termina siendo la actitud del hombre absurdo en su relación con la sociedad y el mundo que le rodea, claro, este ahora consciente de su absurda tarea, decide llevarla de la mejor manera posible. El rebelde se cuestiona sobre sí mismo y el mundo en el que vive, es el ser oprimido que se vuelve consciente de su situación y vive disconforme frente a ella se alza contra el sistema que dirigía su vida contra su voluntad. Para Camus es este hombre rebelde el que finalmente es un ser libre. Pues ahora se ve a sí mismo como dueño de su destino, pues a pesar de estar condicionado tiene ahora la consciencia para rebelarse ante lo que se le imponga.

Es entonces la rebelión consciente y la protesta valiente ante la realidad absurda que nos oprime, la única manera de que el ser llegue a ser libre realmente.  En este sentido, Camus (1951) afirma que “la rebeldía es propia del hombre informado, que posee la conciencia de sus derechos. Pero nada nos permite decir que se trata únicamente de los derechos del individuo” (p. 18).  Aquí, al referirse a que la conciencia de los derechos no se da meramente de forma individual, es interesante observar como una de las principales preocupaciones de Camus era conciliar su pensamiento individual con el pensamiento colectivo de la época, puesto que su noción de rebeldía estaba muy ligada a las circunstancias sociales de su entorno. Afirmaba que la rebeldía se hallaba justificada su complicidad con la solidaridad puesto que “La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebeldía” (p. 18), además que esta solidaridad solamente cobra vida a través de la rebeldía, gracias a ella el colectivo puede ser en su conjunto. Es por ello que afirma que toda rebeldía que ponga en riesgo esta solidaridad pierde su status de rebeldía y “coincide en realidad con un consentimiento criminal” (p. 19). Esta idea está relacionada con el conflicto principal que Camus señalaba sobre el debate entre Libertad y Justicia. Razón que más adelante desencadenaría en un interesante conflicto ideológico que definiría su amistad con Sartre para siempre.

 CONFLICTO IDEOLÓGIGO

Como hemos visto, tanto Sartre como Camus expresaban una auténtica preocupación sobre la libertad del ser, sin embargo, Sartre era indudablemente marxista y sus ideas partidarias lo llevaron a extremos que Camus no estaba dispuesto a cruzar. Desde un punto de vista más abstracto, empezaremos a entender esta disputa a partir del concepto de libertad y de justicia, para luego pasar a explicar los dilemas morales específicos y materiales que llevarían a su ruptura como compañeros intelectuales de izquierda.

La libertad para Camus, como hemos mencionado, se da a partir de la rebelión. Pero sí, el autor admite que no existe una Libertad posible para la persona encadenada al trabajo y esclava de los caprichos del sistema que lo oprime. Pero esto lo que condenaría sería a la sociedad, al sistema, según Camus, no a una clase en especial y menos debería poner en riesgo la idea misma de Libertad, está claro que para el autor el impulso por la justicia no puede sobrepasar el límite de la libertad.

La justicia absoluta niega la libertad. Para ser fecundas, ambas nociones deben hallar sus límites la una en la otra. Ningún hombre considera su condición libre, si, al mismo tiempo, no es justa, ni justa si no se siente libre. Precisamente, la libertad no puede imaginarse sin el poder de decir con claridad lo justo y lo injusto, de reivindicar el ser entero en nombre de una parcela de ser que se niega a morir. Existe, por último, una justicia, aunque muy diferente, en restaurar la libertad, único valor imperecedero de la historia. Los hombres nunca mueren bien si no es por la libertad: entonces no creían morir del todo. (Camus, 1951, p. 205)

Albert Camus estaba profundamente preocupado por las causas rebeldes de la época, puesto que afirma que la Justicia es la que se ha visto como necesaria mientras que la Libertad sería una necesidad posterior. El autor del hombre rebelde afirmaba que tanto la justicia como la libertad eran exigencias del principio del movimiento de rebeldía, pero la historia de las revoluciones nos mostraría cómo estas exigencias entran siempre en conflicto, como si fueran irreconciliables entre sí. Como si la justicia absoluta significara la destrucción de la libertad. 

La revolución se propone, primero, satisfacer el espíritu de rebeldía que le ha dado nacimiento; se obliga a negarlo, después, para afirmarse a sí misma mejor. Hay, al parecer, una oposición irreductible entre el movimiento de la rebeldía y los logros de la revolución. (1951, p. 203)

Volviendo a la discordia en concreto entre los existencialistas Camus y Sartre, ambos intelectuales, militantes de izquierda y artistas. Dos personalidades con mucho en común, pero lamentablemente sus diferencias ideológicas los colocaron en lados opuestos de un debate que reflejaba la crisis política de la sociedad. Sartre era un fiel partidario del modelo socialista, el cual consideraba moralmente superior al modelo capitalista. Camus entendía esa opresión y estaba dispuesto a rebelarse ante ella, pero no estaba dispuesto a cruzar el límite de la libertad para conseguirlo, no aprobaba la violencia revolucionaria como forma de impulsar la historia en el camino de una utopía de justicia absoluta.  Este conflicto, según Camus, requería un constante balance y análisis de los límites, los límites que deberían estar centrados en la humanidad y su derecho a la libertad. 

Esta disputa se dio inicio con la publicación de Camus de El hombre rebelde, un ensayo donde cuestionaba los movimientos revolucionarios de la época, afirmando el surgimiento de regímenes (refiriéndose a la Unión Soviética) que utilizaron la causa emancipadora para tomar el poder mediante la represión social, tomando medidas devastadoras y pasando, así, de ser víctimas a victimarios.

Pero la nostalgia toma un día las armas y asume la culpabilidad total, o sea el crimen y la violencia. Las rebeldías serviles, las revoluciones regicidas y las del siglo XX han aceptado así,  conscientemente, una culpabilidad, cada vez mayor, en la medida en que se proponían instaurar una liberación cada vez más total. Esta contradicción, hecha manifiesta, impide a nuestros revolucionarios tener el aire de felicidad y de esperanza que brillaba en el rostro y en los discursos de nuestros Constituyentes. (1951, p. 79)

Este ensayo fue duramente criticado por Sartre en las cartas que ambos compartieron y que fueron publicadas en Les Temps Modernes, una revista que él mismo dirigía. Cartas en las cuales Sartre llegaba hasta a burlarse de la capacidad intelectual de Camus y declaraba por finalizada su amistad. Sartre reafirmó que sí era posible el equilibrio entre justicia y libertad, esta se conformaba mediante el logro del comunismo, ya que bajo la opresión capitalista y la pobreza, era imposible que los trabajadores sean realmente libres, puesto que sus elecciones se limitaban en consumirse en un trabajo alienante por el resto de sus días o simplemente dejarse morir. El comunismo lo que permitiría sería que cada persona viva sin carencias que no le permitan realizarse. Pero es allí donde Sartre sí opinaba que el comunismo requería de violencia revolucionaria para conseguir destruir el orden existente. Este debate de si se justifica la violencia por un fin mayor de justicia era el debate que sacudía los movimientos de izquierda en ese siglo tan convulsionado. Esto se debe a que para Sartre la libertad a la que estamos condenados nos condena también a la responsabilidad, el hombre libre es por consiguiente responsable “el momento en donde vemos la libertad no como algo ajeno, sino como algo propio en donde las acciones tampoco se encuentran ajenas a nosotros, somos responsables, somos libres y nosotros elegimos que queremos de nuestra existencia” (Astete, 2015, p. 27) Es decir, somos libres, por lo tanto, somos responsables, no solo de nosotros sino de nuestro entorno.

Como hemos visto, la disputa entre Camus y Sartre no era de carácter literario, sino ideológico. Debate basado en un claro cuestionamiento del precio de la justicia y de la importancia de la libertad. Sartre veía a la libertad del colectivo como lo más importante, mientras que Camus se centraba en la libertad individual, pues podría ser que la lucha termine por no lograr la libertad colectiva, luego de, sin embargo, violar las libertades de miles de personas.

Para Camus este sueño revolucionario encontró sus límites en la no concreción histórica, y convirtió el horizonte de la liberación en una divinización. El materialismo se apoya en la fe, más que en las condiciones históricas reales, convirtiéndose en una utopía religiosa que fuerza el devenir de los acontecimientos en pos del fin de la historia. Finalmente, el legado de la revolución y el siglo de las luces, termina en la Europa del toque de queda. De esta manera, las políticas represivas y violentas del sistema político ruso y sus campos de concentración, realizaron el paso del gobierno de las personas a la administración de las cosas. (Mayer, 2015, p. 6)

CONCLUSIONES

COMPROMISO MORAL

Es notorio el compromiso moral que compartían ambos autores, Sartre, con su idea de libertad como responsabilidad, como deber que conduce a la reflexión y comprensión de nuestra realidad y, por lo tanto, de nuestra sociedad. Esta comprensión debe trascender a tal punto de promover un cambio cuando este es requerido, pues la verdadera comprensión descansaría sobre el espíritu de compromiso, porque al igual que el sujeto se elige a sí mismo, debe elegir el mundo en el que se encuentra. De todas formas, toda idea de moralidad solo puede fundarse sobre un sujeto libre y no podemos ser libres si no somos éticamente responsables y eso implica una responsabilidad que sobrepasa la esfera individual: “cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres” (Sartre, 2007, p. 33). Esta interpretación de Sartre sobre la libertad nos invita a ser libres para luchar por una sociedad auténtica, que vele por la esencia formada de un ser que se ha construido a sí mismo, sin ataduras que lo opriman.

Por otro lado, Camus muestra su compromiso moral al cuestionar los movimientos rebeldes, puesto que a pesar de considerarse una persona de izquierda, consideraba más importante ser honesto –a pesar de que esto lo lleve a ser tildado de antirrevolucionario- y revelar los problemas que él encontraba en los movimientos que luchaban por la emancipación del hombre. Puesto que los consideraba contradictorios, pues presentaban un riesgo a la propia libertad del ser.  Camus no creía que una idea podía ser superior al individuo, por lo tanto la idea utópica de justicia no podría merecer la violencia y la opresión que estaba desencadenando.

Cuando el fin es absoluto, es decir, históricamente hablando, cuando se lo cree cierto, se puede ir hasta sacrificar a los otros. Cuando no lo es, sólo se puede sacrificar a uno mismo, en la apuesta de la lucha por la dignidad común. ¿El fin justifica los medios? Es posible. Pero ¿quién justificará el fin? (Camus, 1951, p. 206)

El contexto histórico en el que se encontraban ambos autores los llevaron a marcar su pensamiento en base a los sucesos de la época, a tomar o no partido por el stalinismo, por ejemplo. El hecho de que hayan diferido ideológicamente no remueve en lo absoluto el compromiso moral que ambos compartían para con la realidad que les rodeaba. Sin embargo, sí colaboró a que el debate que ya estaba inserto en la mente de muchos que reflexionaban sobre el proceso histórico que el marxismo habría asegurado. De todas formas, ambos autores utilizaron tanto la filosofía como el arte de la literatura como forma de expresar y debatir sus ideas, con el fin de, quizás, lograr mover y transformar al mundo.

REFLEXIÓN PERSONAL

Es necesario comprender a ambos autores desde el punto de vista del contexto, podemos, actualmente, coincidir con uno de ellos, pero no estar del todo seguros de que si estuviéramos en la misma situación –en ese caso la al parecer inminente derrota del capitalismo- pensaríamos de la misma forma. El pensamiento depende mucho de lo que está en juego y de cuánto realmente nos importa lo que está en juego. Con esto en mente, quizás en ese momento histórico mi pensamiento hubiera estado más cercano al de Sartre, desde el punto de vista enmarcado en la posible victoria del socialismo. Sin embargo, la historia nos ha mostrado que no existe en ella un curso esquematizado, de la misma forma como no podemos estar seguros de que si el fin que buscamos al final no terminaría siendo igual de déspota o corrupto que aquél que juramos derrocar. En este sentido veo más necesario priorizar las necesidades del ser humano y de la sociedad en base a aquello que sí se puede ir midiendo a través de cada proceso de cambio. Procesos indudablemente necesarios para el progreso del ser humano. Esto es, la libertad. Con libertad también nos referimos a la libertad de hacerse a uno mismo, de rebelarse, de cuestionarse y, principalmente, la libertad de aquél que se rehúsa a ser esclavo del sistema que lo oprime tan vorazmente. Para lo cual, es cierto, necesitamos justicia.  

Albert Camus eligió la libertad, Sartre, eligió la justicia. Lo ideal sería, sin duda, haber encontrado un equilibrio entre ambas ideas, igual de importantes para la dignidad del ser humano. Personalmente, considero que es posible la existencia de una lucha que contemple ambas necesidades, pero esta no puede basarse en el terror, ni en la violencia. Sin embargo, es cierto que no es posible si no existe la educación suficiente para que los seres sean conscientes de las contradicciones del sistema capitalista. También es cierto que los escases de oportunidades y la necesidad material impiden un cuestionamiento de estas contradicciones, y puede, por lo tanto, impedir que el ser humano siquiera se pregunte por la libertad. Porque si lo hiciera, percibiría que solo es libre aquél que se rebela. Como bien dijo Camus. Aquí el debate principal está, a mi parecer, entre la libertad individual y la libertad colectiva. Podemos ser libres, pero ¿lo puede ser todo el mundo? Si es necesario la Justicia para poder ser libres realmente, ¿cómo podemos optar por alcanzar la justicia removiendo al colectivo de su libertad?

Es cierto que hay justicia en el impulso por la emancipación, porque la rebelión es necesaria, pero, para que esta sea impulsada de forma auténtica, la libertad es imprescindible. Es necesario contemplar los medios por los cuales se quiere llegar a cierto fin, porque si el fin no está asegurado, los medios ya efectuados –muchas veces terribles- habrían de repente perdido todo sentido. Es entonces menester buscar una forma de equilibrar ambas necesidades del ser humano, puesto que una no tiene sentido sin la otra. No existe una verdadera libertad sin justicia y no existe verdadera justicia sin libertad.


BIBLIOGRAFÍA

Astete, J.P. (2015)  Sartre y Camus: Existencialismo, Libertad y Acción. Santiago de Chile: Facultad de Filosofía y Humanidades  Universidad de Chile

Camus, A.  (1951). El Hombre rebelde. España: Editorial Titivillus

Camus, A. (1985). El mito de Sísifo. Madrid: Alianza Editorial, S. A.

Cladakis, M. (2015). Ontología, acción y verdad. De El ser y la nada a Verdad y existencia. Buenos Aires: Escuela de Humanidades Universidad de San Martín

Mayer, L. (2015). ). Dos caras de lo que en apariencia es lo mismo: debate entre Sartre y Camus. CUADRANTEPHI NO. 28. Facultad de Filosofía Universidad Nacional de General Sarmiento. Recuperado de https://www.javeriana.edu.co/cuadrantephi/zona-articular/pdfs/N.28/Debate%20Sartre-Camus%20(parametrizado).pdf

Sartre, J. P. (2007). El existencialismo es un humanismo. Barcelona: Editorial Edhasa

Sartre, J. P. (1954). El ser y la nada. Buenos Aires: Iberoamericana

Polémica Sartre-Camus. (1999).  Editado por: elaleph.com. Recuperado de https://docplayer.es/42761321-La-polemica-sartre-camus-imprimir.html

 

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1 Comentario

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