El caso Assange desde Ecuador

Gaby Merino
Estudiante


Hace algunas semanas Ecuador fue titular de los medios de comunicación más grandes del planeta, esto debido a que Julian Assange fue arrestado en la embajada ecuatoriana de Londres. Tras el suceso, Lenín Moreno, presidente del país, expuso en un comunicado los motivos por los cuales se tomó la decisión, los que iban desde un irrespeto a la parte inmobiliaria de la embajada, hasta el desacato de la prohibición de filtrar información de ciertos sectores. Como consecuencia de esto, las opiniones se dividieron. De un lado, los que aprobaban la decisión gubernamental sugiriendo que Assange era un traidor y el país no debía ayudarlo. Por otra parte, los que se oponían al arresto. Dos lados, consecuencia lógica de toda acción.

Al inicio, los medios de comunicación locales hacían énfasis en los cargos que pesan sobre Assange, de esta manera la figura de un hombre culpable y mal agradecido se dibujaba. Con un ojo crítico y la frase de un desconocido; “entrevistan a quien les conviene”, podíamos entender el cómo un país percibió un acto que podría considerarse inhumano. Por otra parte, bajo el ojo focaultiano, diría que la televisión y la radio se vieron altamente influenciados por el elemento estatal y que su favor a la decisión de Lenin sería la consecuencia.

Esto intensificó aún más el contraste con lo que la gente en redes sociales o en simples conversaciones opinaba: Julian Assange no debía perder nuestra protección, asumiendo con el “nuestro” su compromiso con la causa. Por lo tanto, realmente se visualizó el problema, ya que un hombre que fue aceptado por nuestro país y le fue otorgada la nacionalidad de pronto queda desamparado violando de esta manera los decretos y políticas establecidas desde siempre. Con un acto como ese, se destruyó no solo la imagen de Ecuador ante el mundo, sino que los exilios políticos se debilitan y se crea el silogismo de que si una embajada pudo ser invadida, todas pueden serlo.

Mientras tanto, en el país de la mitad del mundo los días pasan y el caso se olvida quedando tan solo el silencio. Los medios de comunicación y las redes sociales han pasado a otros temas, poco o nada se sabe. A esto se suma el futuro de Assange, quien será extraditado (lo que la constitución ecuatoriana no permite) al país del cual huyó.