El factor Messi

Diego Abanto Delgado
Estudiante de Filosofía


El Barcelona hoy ha sido humillado en la UEFA Champions League, no sé si al mismo nivel de semejantes humillaciones ya sufridas ante PSG, Juventus y Roma, pero sin duda, este partido nos indica que esas humillaciones no fueron casualidad, no fueron fantasmas sino una realidad que es mejor enfrentar; el Barza ya no es el mismo equipo de antes.

Impulsado muchas veces por el ímpetu de Piqué, la garra de Suárez, la magia de Messi, el toque fino de Busquets y los pases precisos de Alba, este equipo se ha mantenido, nos guste o no, a un nivel muy alto. Pero hablando en un ambiente latinoamericano, el Barza se ha convertido más en un equipo para las competiciones locales que para las internacionales. Sí, es cierto, el Barza compite, pero en Europa casi todos los equipos lo hacen. Lo que hacía interesante al equipo culé era ese plus que tenía cuando se plantaba en la cancha; el factor Messi.

Y es que es imposible hablar del Barcelona sin Lionel Messi; quizá el mejor jugador en la historia del fútbol. Se dicen muchas cosas del argentino, se le compara casi siempre con Diego Armando Maradona-ídolo por excelencia del fútbol argentino-, se le critican sus actuaciones en la selección argentina, pero me quedo con lo dicho por Jorge Valdano; Messi es Maradona todos los días.

Y aún así, con un Messi iluminado todos los días, el Barcelona se ha acostumbrado tras la partida de Guardiola-quizá el único técnico que lo entendió de principio a fin-, a arroparlo, a armar el equipo en base a él, al 10, al diferente. La última vez que el Barcelona encontró otros jugadores para armar el equipo en base a ellos, fueron Neymar Jr. y Luis Suárez. Ese tridente, el MSN, destilaba fantasía, goles, y por qué no decirlo, fútbol cada semana. Era un placer verlos jugar, y era increíble verlos sincronizar tan bien. Cuando Messi no estaba bien, aparecían Neymar, y en menor nivel, Suárez. Atrás de ellos, Iniesta, Xavi o Busquets sostenían el mediocampo y Alba, Piqué y Alves cazaban a quién sea. Hoy, solo quedan Messi, Suárez, Busquets, Alba y Piqué. Pese al gran nivel de quiénes llegaron como reemplazos para las piezas que fueron dejando el Barcelona, ninguno logró el nivel de compenetración que tuvo ese Barcelona que ganó su última Champions League en 2015. Cuando el fútbol era normalmente técnica y fantasía, ese plantel del Barcelona hacía sentir que existía un factor más para su compenetración, la amistad.

Pero tras ese logro, nada más. Dos años después, sólo sin Xavi y Dani Alves, ese mismo equipo perdió, de forma sorprendente y humillante frente al PSG en París. Lo remontó, es cierto, nos regaló el que quizá, polémicas aparte, sea una de las remontadas más emotivas en el fútbol europeo en los últimos veinte años, quizá. Pero demostró que Barcelona no era infalible con Messi, Neymar Jr. y Luis Suárez en cancha. Y en la llave siguiente, Juventus, un equipo sin figuras como las de Barcelona, les demostró que las individualidades te resuelven un partido, pero ya no te hacen ganar un torneo de la magnitud de la Champions League. En la Champions siguiente, sucedió lo mismo con Roma. Barcelona ya no sabe cerrar partidos, ya no sabe jugar al más alto nivel sin Messi y muchas veces, con él presente. Es cierto lo que dijo Valdano, pero incluso quién es Maradona todos los días, falla y desaparece. Un ejemplo es este partido en Anfield Road, como lo pueden ser los partidos en Turín, en Roma o en París.

Y pese a esto, esta Champions League pintaba apetitosa para el Barcelona. Con un Valverde que parecía ya haber aprendido de su error en Roma, sin un Real Madrid que venía de ganar tres Champions seguidas, con un Messi cada vez más líder por su juego, con Busquets a un gran nivel, con Suárez guerreando, con un Arturo Vidal que parecía haber nacido para pelear por cada balón a muerte, con una llave a favor sin haber recibido goles de local, visitaba el Anfield Road con tres goles en el bolsillo. Y lo que parecía imposible, no lo fue tanto.

Es cierto que Liverpool apabulló con fútbol a Barcelona en Camp Nou, pero falló tanto que cuando Barcelona lo apabulló con tres goles, todos cantaron la clasificación a la final del equipo culé. Pero la llave no estaba cerrada, no con un Barcelona que sin Messi, no fue nada especial. Hoy, al igual que el partido en Camp Nou, los reds fueron todo lo que los culés no fueron; un equipo. No tenía a Salah y a Firmino, pero tenía un equipo igual. ¿Habría sido lo mismo un Barcelona sin Messi? Podríamos resolver esa incógnita con este partido igual, porque Messi estuvo desaparecido durante los 90’. Estuvo más presente en las fotos que en la cancha. Y como él, todas sus figuras. Esta no fue una hazaña, sería un error calificarla como tal. Sería restarle valor a lo realizado por Liverpool en los dos partidos; mientras Barcelona se aferraba a Messi y a su magia, a convertir un gol que lo podía regresar a la final. 

Y creo que ahí reside la principal debilidad de Barcelona, sigue apostando por su más grande individualidad para que al final del día resuelva todo. Y así mantiene sin resolver lo que nadie ha querido resolver tras Guardiola, el factor Messi. Y este es el factor que los ha llevado al fracaso más grande de los últimos tiempos. 

Es tiempo que el Barcelona sea deicida, y arme un equipo para el Barcelona, no un equipo para Messi. A quién le guste el fútbol, entiende que Messi, sigue siendo el soberbio jugador de todos los fines de semana. Pero por más genial que resulte, por más sorprendente que nos pueda resultar su fútbol, Liverpool hoy les recordó que hasta ese jugador no puede enfrentarse solo a un equipo convencido de lo que quiere, convencido de una propuesta futbolística. Hoy Lionel Messi dejó de ser D10S y regresó a ser argentino. Hoy Liverpool no le aplicó una marca personalizada, lo desapareció a punta de fútbol, de propuestas. Hoy, Liverpool no se concentró en Messi, se dedicó a jugar.

Pese a esto, lo que es sin duda un fracaso histórico, como lo ha titulado el diario español MARCA, es una oportunidad para Barcelona, una oportunidad para Messi y para todo hincha culé. Pese a esto, el cierre en Anfield Road es el cierre perfecto para una llave perfecta de semifinales. Todo lo que se esperaba de esta llave se cumplió. Fútbol, emociones a flor de piel, y más fútbol. Alguien debería prohibir que esta llave se vea en Perú, no vayan a pensar algunos incautos que es así como se debe jugar el fútbol…

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.