Roles de género en los “Cuentos de Eva Luna” de Isabel Allende

MariaJose Valaer
Filóloga hispánica


La mujer tiene un papel fundamental en la literatura de Allende, en torno a ella gira la vida, la familia y todos los personajes de las historias. Es interesante recordar el papel de la mujer en “La Casa de los Espíritus” (1982), relato de una familia chilena cuyos miembros femeninos destacan por su relevancia en el eje narrativo. A través de tres generaciones se aprecia la evolución de la situación de la mujer, que avanza desde la mera cosificación patriarcal hasta la lucha por el sufragio femenino y una situación más equitativa con respecto a la del hombre. En la época de Nívea la única aspiración que podía alcanzar la mujer era la de casarse, tener hijos y servir al hombre. Aun así, la mujer comenzaba a manifestarse por el sufragio femenino y Nívea forma parte de esta lucha. En la generación de Blanca, se nota claramente un cambio en la mujer y la determinación que ésta toma para enfrentarse al hombre; hasta llegar a la generación de Alba, donde la mujer ya va a la par con el hombre accediendo hasta la misma educación en la universidad y reclamando el derecho de expresión.

La mujer se proyecta en Allende de diversas formas que comparten la lucha contra la sociedad patriarcal. Son mujeres determinadas por la situación que les ha tocado vivir. Antonia Sierra (“El Oro de Tomás Vargas”) se rebela contra las palizas propiciadas por su marido y es capaz de sacar a su inmensa familia a delante. Los personajes femeninos suelen ser más jóvenes que los masculinos, y aparecen de formadas por el tiempo y el maltrato. En“Walimai” se describe al personaje femenino con“aspecto de lagarto”;estaba desnuda sobre un petate, atada por el tobillo con una cadena fija en el suelo, aletargada (…) tenía el olor de los perros enfermos y estaba mojada por el rocío de todos lo hombres que estuvieron sobre ella antes que yo (103).Allende las dota de una bondad natural que se manifiesta no sólo en el instinto maternal, sino también en la generosidad. No es extraño entonces que algunas protagonistas adquieran la cualidad de santa, como es el caso de“Clarisa”.

En El Oro de Tomás Vargas se deja ver de otra forma;“le derrotó la lástima.Cuando vio que la muchacha estaba cada día más delgada, un pobre espantapájaros con un vientre descomunal y unas ojeras profundas, empezó a matar a sus gallinas una por una para darle caldo...(57)” La pérdida de un hijo puede llevar a la locura, así le ocurrió a María la Boba(“María la Boba”), pasó horas aullando, y luego entró en un estado crepuscular,meciéndose de lado a lado, como en los tiempo en que ganó fama de idiota(120).De la misma forma, el alumbramiento de un hijo incluso en circunstancias de discapacidad es motivo de alegría (“Clarisa”). Onfray (2002) en su obra“Teoría del cuerpo enamorado”(2002), presenta la maternidad como la renuncia a las manifestaciones como individuo, para dar cabida únicamente a su rol de madre“una mujer que se convierte en madre renuncia de hecho a la expresión de su capricho, de su querer y de su libertad ”. Aunque no todas las madres son capaces de sacrificarse: Maurizia, la protagonista de“Tosca” abandona a su esposo y a su hijo para ir detrás de un amor pasional,aunque nunca dejó de sentirse culpable. Este abandono le propició al padre lascualidades de madre; así, cuando con el tiempo se reencuentran, Maurizia esconsciente de que no puede recuperar el amor como mujer ni como madre. En otrocuento titulado“El huésped de la maestra”, el dolor por la pérdida de un hijo es capaz de justificar un asesinato.Además del rol de madre, la mujer en los cuentos de Allende puede desempeñar el papel de mujer soltera. Desde Beauvoir, somos conscientes de que la mujer que no estaba casada era excluida socialmente,“ para las jóvenes, el matrimonio es el único medio de integrarse en la colectividad, y si se quedan solteras, son consideradas socialmente como desechos” (375).Sin embargo, en los cuentos de Allende, el rol de la mujer soltera se presenta igual de importante que el de esposa y madre. 

En los cuentos en los que el protagonista principal son masculinos, subyace un personaje femenino que modifica y altera al principal, así como la trama de la historia. Es lo que sucede en los cuentos“Regalo para una novia” o “Walimai”.Es por tanto indiscutible la importancia de la mujer en su narrativa. Horacio Fortunato (“Regalo para una novia”),había alcanzado los cuarenta y seis años cuando entró en su vida la judía escuálida que estuvo a punto de cambiarle sus hábitos de truhán y destrozarle la fanfarronería(75).En relación a la mujer y el sistema patriarcal aparece el rol de la prostituta,desempeñado por vocación en algunos cuentos ( Boca de Sapo, o María la Boba), o por obligación en otros (Walimai). Este aspecto es bastante polémico, Borrachero Mendíbil cuestiona el carácter revolucionario del papel de la mujer en este cuento ; La condición de prostituta feliz le sirve a la autora, supongo yo, para resaltar e lcarácter indómito, fuera de toda norma social y libérrimo de su protagonista, pero resulta cuando menos contradictorio que lo haga poniendo a su personaje al servicio de ennoblecer una de las más aberrantes manifestaciones del patriarcado –la prostitución. No obstante, sería factible creer a la narradora cuando afirma que Hermelinda es feliz, y hasta aceptar los visos subversivos que podrían derivar de la representación de una mujer que explota su sexualidad“demotu propio”, si no fuera porque en el cuento aparece un personaje, un hombre,destinado a poner fin a los desmanes de Hermelinda(Borrachero M, 2007: 66).En cuanto a los roles masculinos, desde la primera mitad del siglo XX, la literatura hispanoamericana se ha cuestionado la identidad, la tipología y el psicoanálisis del hombre.El perfil del hombre (1934) de Samuel Ramos y El laberinto de la Soledad(1950) de Octavio Paz, ponen de manifiesto la preocupación por el varón mexicano.

Michael S. Kimmel explica que“la virilidad no es estática ni atemporal; eshistórica; no es la manifestación de una esencia interior, es construida socialmente, nosube a la conciencia desde nuestros componentes biológicos; es creada en la cultura. La virilidad significa cosas diferentes en diferentes épocas para diferentes personas” (2012: 20). Dada la importancia de la interacción de los géneros con el entorno social y político, ha sido inevitable la asociación a aspectos tanto físicos como emocionales, de conducta, aptitud sexual..etc. En el subsuelo de tales conductas reside la idea de poder yla necesidad de mostrar la virilidad frente a otros hombres. Como sostiene Ana L.Muñoz (2009: 9),“los modelos formados por discursos hegemónicos suponen una gravosa carga para los mismos varones, quienes deben sujetarse a la normatividad que dictan aquellos a riesgo de caer fuera del terreno de lo masculino o, peor aún, caer en el terreno de lo femenino”.Es posible ver en las representaciones de Allende la propuesta de nuevos estándares masculinos que se alejan de, cuando no se oponen, a los arquetipos ya existentes. De esta forma se agregan nuevas propuestas paradigmáticas que servirán para cuestionar los parámetros patriarcales.Este marco puede ser propicio para la interpretación de las construcciones masculinas como un contradiscurso crítico que además de socavar las figuras predominantes hace posible pensar en la re-humanización del sujeto masculino al representar individuos que de una forma u otra se liberan de conductas impuestas por el entorno cultural y social, comúnmente iniciada a edad temprana. En la obra de Allende se muestran modelos menos discriminatorios y agresivos, y más indulgentes que emergen a partir de individuos que originalmente son presentados en entornos aparentemente racionales o por el contrario, fuera de ellos, en una especie de estado salvaje. Este tránsito de un estado salvaje a un nuevo paradigma vendrá marcado por la interacción con personajes femeninos, los que a su vez muestran cualidades sustentadas en la razón. Por supuesto, la capacidad racional no está reñida con la emocional, ya sea en la masculinidad o en la feminidad. En ocasiones, los aspectos patriarcales no son tratados como motivo de denuncia, sino como el entorno del que se pretende rescatar aquellos atributos de la sensibilidad masculina que han quedado bajo prejuicios y convenciones veladas a lo largo de la historia.

En los Cuentos de Eva Luna domina un sistema hegemónico patriarcal que muestra sus primeros síntomas de desintegración. Sin duda se evidencian rasgos que nos permiten catalogar a los machos como pertenecientes al “culto de lo varonil”. En este punto es imprescindible atender al ambiente en el que se hallan y a la interacción que mantienen con el personaje femenino, así podremos explicar el desplazamiento hacia sujetos más tolerantes.
De la lectura de los cuentos deducimos que los sujetos masculinos centrales se representan generalmente fuera de un contexto racional o al borde de éste, ya sea porque están perturbados mentalmente, porque son alcohólicos, porque llevan una vida de bárbaros o porque se desenvuelven en mundos fantasiosos (como el circo) .

En relación a los personajes femeninos, las desgracias que sufren vienen ocasionadas mayoritariamente por un matrimonio impuesto en el que la diferencia de edad es considerable y la cosificación de la mujer evidente.

La obra de Allende no sólo rompe con el prototipo femenino-pasivo sino que además rompe con el arquetipo de la masculinidad invulnerable de“el macho”. Presenta a los hombres como capaces de amar con la misma pasión que una mujer, aunque si bien es cierto, deja ver culpabilidad y autocensura detrás de sus comportamientos:

Ezio Longo se enamoró de Maurizia Rugieri con la misma determinación empleada en sembrar la capital con sus edificios (…) Era de carácter bonachón y generoso, reía con facilidad y le gustaba la música popular y la comida abundante y sin ceremonias. Bajo esa apariencia algo vulgar se encontraba un alma refinada y una delicadeza que no sabía traducir en gestos o en palabras. Al contemplar a Maurizia se le llenaban los ojos de lágrimas y el pecho de una oprimente ternura, que él disimulaba de un manotazo, sofocado de vergüenza(“Tosca”, 88). 

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