Algunos poemas de Hildebrando Pérez Grande

Hildebrando Pérez Grande es un reconocido poeta peruano nacido en Lima en 1941. Considerado como una de los principales representantes de la Generación del 60’ en la poesía peruana junto a Marco Martos, Javier Heraud y Antonio Cisneros. Ganador del Premio Casa de las Américas 1978, con su poemario Aguardiente y otros cantares. Director de la revista Piélago, co-director de Hipócrita Lector y actualmente de Martín, Pérez Grande es uno de los valores más representativos de la poesía andina, pero además, de la poesía peruana en general. Los poemas seleccionados a continuación proceden de su (hasta ahora) último poemario, Aguardiente forever.


2. 

Andahuaylas es una muchacha su tristeza
por las tardes. Lluvia que cae para iluminar los sauces
y los corazones. Noche templada a la luz de la luna
campesina y, acaso, algunas trenzas que se enredan
en las manos de un labriego o en la estrella más alta,
que es lo mismo. Andahuaylas es leña, leña ardiendo
en una cocina de barro, en cada recuperación de tierras.


4.

Muchacha de las retamas,
rocío de la mañana.
Muchacha de luz serrana,
vasija de fuego y agua.

La gracia de tu mirada,
muchacha cordillerana,
vuela como una campana,
muchacha de las retamas.

Muchacha de porcelana,
flor encendida en el cielo.
Mucacha de las retamas,
luna de almendra y olvido.


Cementerio de automóviles

Todo en él era viejo, salvo sus ojos
     Ernest Hemingway

Corrías cara al sol en las tardes claras de un loco
Verano, seduciendo a las muchachas
Con tu chasís reluciente y la potencia de tu HP.
Muchos miraban con envidia la forma como subías
Por las lomas más empinadas, fierro
A fondo. Y más aun cuando bajabas por laderas
Iluminadas por el carmín y la sonrisa de tu gitana en flor.
Eran los prodigiosos años sesenta. Los caminos
Inciertos los recorrías cantando only you. Pero
No siempre merecemos nuestros sueños: ahora
Se te cae el pelo, el aceite, los deseos. Eres
Una chatarra inútil y estás bajo de rating.  Tan sólo
Añoras  un espejo retrovisor para mirar
Tardíamente las maravillas insospechadas del universo.

Sin chasís, sin jazmín, sin lubricante
Acaricias tu vieja placa:
PERU. Lima. 27-04-41.


Mutatis mutandis

Un árbol derribado no es un árbol: es un río
que crece entre los hombre. Un río que crece
entre los hombres no es un río: es un sueño
que en los días de verano se desborda sobre tu tierra
seca. Y un sueño que en los días de verano
se desborda sobre tu tierra seca no es un sueño:
es la hoguera en la que por un tiempo
ha de temblar tu delicioso cuerpo. Pero la hoguera
en la que por un tiempo ha de temblar
tu delicioso cuerpo no es, como supones, una fuente:
es tan sólo un árbol, un río, un sueño que te dice
inútilmente que sí, que es mentira, que no lo volverá a hacer.


A Silvia de nuevo

Qué penas estoy pagando
bajo el sol, bajo la luna,

ay, Silvia.

No hay delicias, hay quebrantos
en la dulce tierra mía,

ay, Silvia.

No le arranques a mis labios
el cuchillo de tus besos,

ay, Silvia.

oh, mi dueña, mi tirana
mi guitarra abandonaste,

ay Silvia.

Arderás en mi memoria:
nunca más entre mis brazos,

ay, Silvia.