Una nueva embestida contra las comunidades campesinas

Rodrigo Montoya Rojas
Antropólogo


(Crónica 1, marzo 29, 2019)

Vuelvo a escribir después de varios meses en los que estuve encerrado en una especie de retiro voluntario para terminar de escribir un libro. Me indigna lo que hacen las empresas mineras, el Estado, los abogados dispuestos a cualquier cosa para ganar dinero, los medios de comunicación del pensamiento único que cumplen con su deber de defender a las empresas mineras y el semisagrado crecimiento de la economía peruana. Más allá de mi indignación, tengo también el deber de situarme al lado de las comunidades campesinas, como lo he hecho toda mi vida. La comunidad de Ccollana, en Puquio-Lucanas-Ayacucho, de donde provengo y a la que pertenezco, está en tierras altas, relativamente vecinas a las de las provincias de Cotabambas y Chumbivilcas, en Apurímac y Cusco.

1. Está en marcha una embestida más contra las comunidades campesinas por parte de las empresas mineras con la abierta complicidad del Estado. Para que el Estado chino se lleve el cobre en bruto de la mina de Bambas, la comunidad de Fuerabamba se vio forzada a vender sus tierras y aceptar el traslado de su centro poblado a otro lugar y conformarse con nuevas tierras de pastos en Yavi Yavi, a más de 4 mil metros de altura, en la provincia cusqueña de Chumbivilcas. Aceptaron también nuevas casas, de esas que se ven San Borja, en medio de las tierras altas, para “urbanizarse” en el corazón mismo de las planicies andinas.

2. Por una estupidez, la ley peruana reconoce la propiedad superficial de las tierras y reserva la propiedad del subsuelo y los aires, para el Estado. Los sabios quechuas aymaras y amazónicos se burlan con razón de la ignorancia de esos peruanos de papel, que no supieron copiar el ejemplo norteamericano de reconocer los derechos integrales de la tierra. Los habitantes de Texas en cuyas tierras se encontró petróleo se convirtieron en petroleros y millonarios.

3. El Estado dueño del subsuelo y de todos los aires del territorio peruano se consideró incompetente para explotar sus propios recursos y prefirió regalarlos a quienes querían explotarlos. Concesión (minera o forestal) es la figura legal de este grave error histórico. Con el tiempo, cuando la minería produjo mucho dinero, el Estado negoció y negocia con las empresas extranjeras y nacionales para recibir parte de las ganancias, dejando para ellas lo mejor de la torta y el consuelo de un porcentaje menor para el Estado.

4. Así como el Estado negoció las concesiones, los sindicatos mineros, la izquierda y algunas fuerzas progresistas y nacionalistas protestaron en congresos, plazas y calles hasta lograr un canon minero y petrolero que es una proporción pequeña de la ganancia producida por las empresas en beneficio colectivo de las provincias y departamentos en los que se encuentran los yacimientos.

5. En el caso de la mina de Bambas, la empresa suiza Xstrata, su primera propietaria, la vendió al Consorcio MGM Las Bambas, constituido por tres empresas chinas, cuya mayor accionista es el Estado de la República Popular China, la misma que es dueña de la mina de Marcona. Ambas optaron por una vía nueva: olvidar el canon y negociar directa e individualmente con cada comunidad, no con todas. Se trata de una opción astuta porque responde a la necesidad que las comunidades, comuneros, y el resto de habitante de los distritos y provincias tienen de obtener dinero y mejoras colectivas como antes, y ahora, directamente individuales.

6. Por problemas y estrategias empresariales la empresa estatal china compró la mina de Bambas a sus dueños suizos. Ese aparentemente simple cambio de propietarios, fue acompañado de nuevas condiciones impuestas a las comunidades con el evidente propósito de evadir responsabilidades en la cuestión del daño ambiental causado por la imposición de una carretera de 12 kilómetros para que 310 camiones diarios circulen de ida y vuelta, ignorando a los comuneros ganaderos, sus llamas, alpacas y ovejas de las tierras altas. La lógica empresarial es muy simple: la ganancia del capital está por encima de todo derecho humano. Cuando una famosa periodista de RPP le dijo a su entrevistado Porfirio Gutiérrez, alcalde del distrito de Fuerabamba que “en Yavi Yavi no hay nada”, el alcalde-comunero le informó que allí vivían seres humanos y animales. El consorcio de empresas chinas MGM, habría presentado ya una enmienda más para cambiar las condiciones establecidas en los contratos (ya serían más de 10). Hasta ahora, los funcionarios del Estado siguen con su histórica política de decir principalmente “amén”. ¿Hasta cuándo el amén?, ¿hasta cuándo la historieta de presentar enmiendas por lo bajo, siempre en beneficio exclusivo de las empresas?

7. En un contexto regional de negociaciones entre la empresa y las comunidades, individualmente para dividirlas mejor, el comunero Gregorio Rojas Paniura presidente de la comunidad de Fuerabamba contrató, por primera vez en la historia de la comunidad a los hermanos Chávez Sotelo, un par de abogados cusqueños, para que defiendan sus intereses, negocien con la empresa y consigan lo máximo posible, tanto para la comunidad. Eso es lo que saben hacer los abogados en Cuzco, Nueva York o Pekin. Cuánto más dinero obtengan serán considerados muy buenos o “tigres”, en el argot que se oye en predios judiciales y alrededores. Ocurre que los Chávez Sotelo, tendrían un prontuario de tigres, esos que para ganar un juicio o una negociación apelan a coimas, y otras maniobras sin escrúpulo alguno. Lejos de eso, don Gregorio Rojas, es un comunero que defiende a su comunidad. Ya veremos después quienes son los responsables de encarcelarlos a los tres juntos como si fueran parte de una banda criminal.

8. Más allá de la debilidad de las comunidades por presentarse solas a negociaciones y por ser víctimas también del capitalismo que destruye toda forma de bienes y prácticas colectivas, las comunidades cuentan aún con una reserva fundamental: su fuerza colectiva, que deriva de los ayllus preíncas e incas recreados en las comunidades dese de 1569 por el virrey Toledo. Las comunidades campesinas son las instituciones más democráticas que existen en el país; sus dirigentes son elegidos cada año, sin nada parecido a los golpes de estado de esos que los militares dan de tiempo en tiempo para defender la democracia, tal como ellos la entienden, a su gusto y medida. En las comunidades se reproduce y recrea la tradición andina de la reciprocidad y solidaridad, dos de sus fundamentos mayores, la música, canto, danzas, los saberes en tejidos, en alfarería, en medicina, el amor por la Pachamama-madre tierra y los Apus, padres nevados, también parte de las costumbres católicas con sus grande fiestas en honor a santas y santos.

Hoy, la comunidad de Fuerabamba está sola como siempre. Su presidente preso, suspendidas las garantías constitucionales para que no se reúnan más de tres personas, la policía y los soldados del ejército en sus puestos, para disparar cuando les den las órdenes de hacerlo, los ministros seguros en Lima, convocando a una reunión en Lima, el presidente de la república dando un discurso vacío sobre el diálogo, cuando el interlocutor principal está preso. En las pampas de Yavi yavi, en Fuerabamba y en todo el corredor minero de Apurímac, Cuzco y Arequipa soplan vientos fríos, oscurece el cielo, y la tempestad parece inminente. Este libreto viene de lejos, desde la llegada de Pizarro. Ningún gobierno en Perú ha sido capaz de negarse a repetirlo. ¿Podría el señor Vizcarra atreverse a navegar río arriba?

¿No es hora de salir a las calles en Lima para defender a las comunidades de Apurímac?


* Esta crónica fue publicada originalmente en Lamula.pe

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.