Un redoble algo frívolo por Fuerabamba

Diego Abanto D.
Estudiante de Filosofía


Cuando uno lee Redoble por Rancas de Manuel Scorza encuentra retratado en sus personajes el mal impune del Perú; la injusticia. Publicada en 1972, la ficción nace a partir del conflicto ocurrido en la década del cincuenta entre la Cerro de Pasco Corporation y las comunidades de Rancas. No hay novela más peruana, en ese aspecto, que Redoble por Rancas, no hay cronista que mejor retrate dicha situación que Scorza.

Y si más de 40 años después, aún podemos encontrar paralelos en el trato que aún reciben las comunidades que protestan frente a las injusticias de las empresas mineras por parte del Estado peruano, no hemos avanzado mucho como país.

El conflicto en las Bambas sin duda vuelve a poner sobre el tapete una duda existencial; ¿cuán limeño es el Estado? Porque de nuevo nuestras instituciones, nuestra prensa, nuestros políticos parecen olvidar que la descentralización existe en nuestro país.  Grave error por ejemplo ha sido  que el diálogo se haya dado en Lima, para empezar. ¿Era mucho pedir que los ministros se desplacen hasta Fuerabamba? ¿Era mucho pedir que la Conferencia Episcopal interceda fuera de Lima y no solo desde sus oficinas? Si bien se puede pensar que estos son solo detalles que matizan una realidad, son en realidad los que le quitan la careta a este falso diálogo.

Desde el inicio, se ha entablado una actitud de defensa a la minera por parte de los congresistas, los principales medios, y el propio Gobierno. Desde el inicio, se ha criminalizado las medidas de protesta adoptadas por los comuneros, como si ya no vinieran cuatro años protestando por lo mismo sin recibir más que estados de emergencia y la espalda del Estado. ¿Se pueden dar diálogos en las condiciones en las que se dieron? Con el líder de la comunidad de Fuerabamba, empujado por la prensa, de la cárcel a la mesa. Con una prensa que asediaba a los comuneros para hacerles decir lo que ellos querían escuchar y continuar con su narrativa alternativa (como lo que viene ocurriendo con Perú21).

En todo caso, lo que nos queda claro es que todavía existe esta errada idea desde Lima que cualquier medida de protesta es ya un acto de rebeldía contra el Estado, contra la autoridad, como lo evidencia el Presidente del Congreso, Daniel Salaverry, quién no ha poco, refiriéndose al diálogo entablado entre el Estado y las comunidades, comentó que el Estado no puede ceder a chantajes, en referencia a las carreteras tomadas y a otras medidas tomadas por los comuneros. Cabe preguntarnos si estos extremos no han sido la única razón por la cual el Gobierno ha decidido dialogar con los comuneros. ¿O es que Salaverry o alguien racional enserio piensa que si las comunidades enviaban una carta a Palacio iban a dialogar? Aún así, se sentaron a dialogar teniendo como intermediarios a los miembros de la Conferencia Episcopal, porque de nuevo, la religión católica tiene que llenar los vacíos que el Estado se rehúsa a ver. Se habló de progreso, se habló de encuentros, de puntos en los que coincidían pero no se veían acuerdos.

Hasta que el sábado 06 de abril salió humo blanco de la Conferencia Episcopal, se había firmado un acuerdo. A nadie le importó entonces que las comunidades todavía tenían reclamos, lo único que importaba era que estaban accediendo a liberar la carretera de Yavi Yavi. La prensa lo reportó como si fuera un alivio, como si mágicamente el conflicto se hubiera acabado. A nadie le importó entonces que Rojas anunció que todavía se tenían que aprobar estas medidas por las comunidades que estaban levantadas, es decir todavía no se había aceptado el acuerdo. Fue un detalle, una nota al pie que nadie escuchó en ese instante, sino después, cuando todos los flashes ya se habían apagado y Del Solar había desaparecido de la escena junto con el resto de connotados funcionarios del Estado. Y por ello, al día siguiente, empezó otra campaña de la prensa, presentar a Rojas como un traidor, como alguien que estaba faltando a su palabra, que las comunidades no respetaban ni siquiera un acuerdo, qué cómo era posible que esto se pudiera dar, que era una falta de respeto al Estado. En otras palabras, se estaban sembrando las semillas para ahondar la crisis, para justificar las medidas que se pudieran tomar contra la comunidad.

El jueves 11, de cumplirse lo acordado el sábado, Salvador del Solar irá a Challhuahuacho en representación del Estado junto a tres ministros para reunirse en una asamblea con las comunidades. El jueves, por primera vez, podríamos decir que puede comenzar el diálogo. Pero en un país acostumbrado al silencio, esto puede significar represión. El Estado aún no se acostumbra a que sus ciudadanos no sean serviles, que protesten ante lo que consideran injusto. 

Hoy ya no es sólo Fuerabamba la que ha alzado su voz de protesta, hoy gritan más a su lado. No necesariamente todos luchan por Fuerabamba, pero coinciden en que el Estado les ha fallado (otra vez). Quizá aquí radica el principal problema al que se va a enfrentar el gabinete Del Solar, ver juntas a distintas comunidades con su respectivo pliego de reclamos. Y también el principal problema al que se enfrentarán las comunidades, ya consiguieron que el Estado y gran parte del país los escuche, es tiempo de ver si se unificarán en un solo bloque o seguirán luchando por sus intereses particulares. Así, pese a lo que digan los medios o los funcionarios del Estado, el conflicto está lejos de acabarse.

En todo caso, como horriblemente ha señalado el congresista Clemente Flores en un programa de televisión, existen dos caminos para resolver el conflicto; el diálogo o la fuerza. En la obra no tan ficcional de Scorza, la fuerza la llevó a cabo Guillermo el Cumplidor con su orden de desalojo a la comunidad de Rancas tras el fracaso del “diálogo”, que  consistió en avisarles que tenían diez minutos para desalojar. Por el bien de todos, tenemos que apostar por ese diálogo que tanto fracasa en un país acostumbrado más a encontrar las diferencias que las coincidencias, para que ni los que observamos el conflicto desde lejos, ni los comuneros tengan que escuchar un redoble acercarse hacia ellos. Tan cerca del bicentenario, el país no necesita que a Bagua, Conga o Rancas se añada Fuerabamba.