Sinquerer de Roma

Muy sonado ha sido en todo el mundo el éxito de la cinta más reciente de Alfonso Cuarón, Roma. De la misma forma, el éxito alcanzado por la cinta ha sido utilizado por muchas personas quienes no han dudado en expresar su opinión.

La historia de Cleo, interpretada por Yalitza Aparicio, nos conduce a pasajes cotidianos en la ciudad de México en la década de los setenta. Por medio de la fotografía y un filtro en blanco y negro, nos muestra los contrastes que contenía la capital mexicana, los mundos que se encontraban entre la casa y los hospitales tal y como las recordaba el director. El agitamiento político y el conflicto que nos muestra la protagonista, nos conducen a una secuencia que emerge lentamente hasta tomar dimensiones trágicas.

La cinta fue premiada recientemente en los premios Oscar en la categoría de mejor película extranjera, mejor fotografía y mejor director. En medio de las opiniones encontradas que se realizaron, Roma no pasó desapercibida y los ámbitos en que llegó a tener impacto son considerablemente amplios.

En México, Roma sin querer despertó una serie de cuestionamientos contra la protagonista con base en su apariencia. En determinado momento, los comentarios ya no fueron únicamente la expresión de bromas u opiniones, sino una actividad que hizo volver a emerger un tema no resuelto en la sociedad mexicana: el racismo y clasismo existente en los diferentes contextos sociales, la mera noción de su reconocimiento.

En el contexto nacional, la narrativa oficialista de la historia se centra en la figura del héroe, no tanto en la forma en que se fue conformando la pluralidad del territorio. El tema no es nuevo en el país, en un texto publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, de Fabrizio Mejía Colín, se nos relatan las diferencias existentes aún en la actualidad, en la que desde el lenguaje se establece una exclusión sistemática que se presenta desde el periodo virreinal en las que existía la división social por medio de castas. En México, nunca ha existido una institución dedicada a la separación de diferentes grupos sociales, basados en las características físicas, no obstante, se ha creado un modelo determinado de belleza y éxito social que silenciosamente permea las relaciones que se establecen.

Hace un par de días, el Presidente de la República hizo una petición al Rey español y al Papa para disculparse ante las violaciones a lo que hoy se nombra derechos humanos. Volviéndose un tema polémico por la distancia de los acontecimientos en dos naciones que han seguido cursos casi independientes en su historia, omitiendo las situaciones de emergencia humanitaria e intercambio lingüístico.

La situación del México prehispánico y las relaciones que se establecían en el imperio azteca que gobernaba la mayor parte del territorio de Mesoamérica también eran hostiles, su caída simbólica, la toma de Tenochtitlán, es más una rebelión de sus tributarios a una conquista. Después de eso, las personas resultantes del mestizaje flexibilizaron la noción de inferioridad adhiriendo más matices y relacionándose con la pobreza. Las interacción posterior originó un país (y países en toda América Latina) donde la mezcla constante de todos los caracteres creó una sociedad distinta, resultantes de muchas culturas que habitaban en cada espacio del país.

Roma y la disculpa pedida coinciden en algo: haber hecho resurgir la cuestión de la separación o exclusión sistemática de las personas con rasgos indígenas, piel oscura o pobreza. Si se reconoce, probablemente ha sido permitido y fomentado desde los medios de comunicación, los medios electrónicos, así como las costumbres familiares y sociales. Prevaleciendo por la complicidad de las personas que asumen estas ideas como ciertas, incluso muchas de aquellas que resultan afectadas. Esto probablemente originó la desconfianza del mexicano explorada por Samuel Ramos.

La adaptación cinematográfica de ciudades desiertas de José Agustín, con nombre en pantalla ¡Me estás matando Susana! del director Roberto Sneider, conjuga de una forma extraña todo esto. En la versión cinematográfica, el romance se da entre Susana, una española, interpretada por Verónica Echinge y un mexicano llamado Eligio, interpretado por Gael García. En la versión literaria, la pareja es mexicana. En una conversación con un norteamericano, Eligio, enuncia las siguientes palabras: “México es el puro surrealismo, la pura pachanga, es una vergüenza, ¡qué país!, pero la gente está mucho más viva que aquí y está aprendiendo a expresarse, a conocerse, a no tenerse miedo, y van a ver ustedes de lo que somos capaces”.

Desde el cine y la forma en que este impacta nuestras opiniones se manifiestan fórmulas de interacción social que se han ido creando que van marcando una pauta de diferencia y distancia con el tipo de prejuicios. Partiendo desde una perspectiva que no asume el rol de superioridad o inferioridad. Quizá los países que tengan este tipo de reacciones se encuentran en un periodo de reconocimiento, ¿será esto un espacio de reconocimiento de la otredad? ¿Se estarán llevando a cabo situaciones semejantes en toda América Latina?

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