El guiño literario: Fahrenheit 451

Gaby Merino


Es un  trabajo como cualquier otro… es un buen trabajo, con mucha variedad. El lunes quemamos Miller; el martes Tolstoy; el miércoles: Whitman, el viernes: Faulkner, y los Sábados y Domingos Schopenhauer y Sartre.

Fahrenheit 451 es una película de 1966 basada en la novela homónima del mismo nombre de Ray Bradbury, y dirigida por François Truffaut. La historia nos traslada a un futuro distópico en el que los libros son prohibidos, la sociedad está consumida por la televisión y la única función del cuerpo de bomberos es allanar casas en busca de libros que posteriormente serán quemados por considerarlos un daño a la mente de las personas.

En este contexto tenemos a Guy Montag, un bombero devoto que cumple correctamente su deber, sin embargo conoce a una profesora de escuela, Clarisse McClellan. Ella logra levantar en Montag la curiosidad por los libros, lo que provoca en un primer momento problemas con su esposa y en su trabajo, pero luego, pasa a las problemáticas de su entorno: la falta de felicidad y ser consciente de la realidad altamente controlada en la que vive sin opción alguna a opinar o cuestionar.

Este film resulta exquisito al ojo del espectador, por una parte, se trata de un placer visual sobre la forma de vida, la moda y los espacios, que muestra la idea que se tenía del futuro en el año 1966; asimismo, está llena de una simbología que logra captar mejor aún el sentido de la novela en la pantalla (basta fijarse en el nombre de la película: Fahrenheit 451, que está grabado en los cuellos del uniforme de los bomberos y que es, como lo explica el protagonista, la temperatura exacta en que los libros se encienden y arden).  Por otra parte, el sentido profundo que propone aquello de : leer es pensar y eso es malo, le da un tono crítico a la obra que sugiere que nuestro futuro podría ser similar si las personas no ven con claridad lo que ocurre a su alrededor y lo analizan.

Para sentar aún más la idea del control, el personaje de Montag sufre una metamorfosis: de un bombero comprometido con su labor a un ciudadano que lee y tiene un ‘‘despertar’’peligroso para el estado. Luego de que su propia esposa lo delate por guardar libros en su casa y que su amiga Clarisse huyera al casi ser detenida por el mismo delito, él decide huir de la ciudad hacia la zona de los denominados hombres- libro.

En este punto, el film nos resulta asfixiante, pues el cazador está siendo cazado. Sin embargo, con todo su esfuerzo Montag logra salir de la ciudad y llegar a su destino. A las afueras de la ciudad es recibido por un grupo de personas que nos develan un dato que hace aún más aterradora la idea asfixiante de la sociedad que no piensa: él ya no es buscado por el Estado ya que ha sido declarado muerto, como uno de los miembros de esa comunidad le enseña en una televisión. Es decir, se armó un teatro con un hombre similar a él que fingió ser perseguido y asesinado por parte del sistema de control de la ciudad, esto con el fin de que los habitantes vieran las consecuencias de infringir la ley, así como reafirmar la fuerza del Estado con los individuos revolucionarios.

De esa forma, Montag al igual que los espectadores queda sorprendido con un mínimo de esperanza en su gente. Sin embargo, el lugar al cual llegó es una genialidad, es la tierra de los hombres- libro, quienes se encargan de memorizar un libro, siendo esta la única forma de conservarlos. Es un espacio ruidoso pues recitan todos los días, todo el día, el libro que han memorizado. Sus nombres quedan anulados ante el peso de la literatura, ahora se llaman como el libro que saben: La odisea, El proceso, Hojas de hierba, Sentido y sensibilidad….

Luego de mostrarnos este paraíso tan fascinante, vemos casi al final de la película, que un hombre está enfermo y morirá, así que le recita su libro a su sobrino para que se lo memorice y la obra no muera con él, sino que continúe como la herencia intangible que ellos defienden.

Es así como Truffaut nos encanta, pues desde los créditos de la película son emitidos por una voz en off, evitando cualquier uso de la palabra. En resumen, él logró captar la esencia de una novela que nos hiere con la idea de libros quemados en hogueras, pero que nos devuelve la fe cuando presenta a  gente que muere por defenderlos. Futuro distópico o no, lejano o no, es un film que nos permite pensar sobre lo que se puede considerar obvio pero, que realmente está siempre lejos de nuestro juicio crítico. Una obra maravillosa que merece ser vista.