Siete poemas de Blanca Varela


Blanca Varela fue una destacada poeta peruana, nacida en Lima el 10 de agosto de 1926 y fallecida el 12 de marzo de 2009. Sus primeros pasos por el mundo de la escritura los dio en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde cursó Letras y Educación. Sus obras han sido traducidas a diversos idiomas, pero su éxito internacional se contrasta con sus escasas apariciones públicas y entrevistas. En Poliantea, a propósito de cumplirse diez años de su fallecimiento, seleccionamos siete poemas suyos que colocamos a continuación.


Puerto Supe

(Ese puerto existe)

a J.B.

Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo,
sombra veloz, nubes de espanto,
oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte.

Junto a la gran morada sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!

Allí destruyo con brillantes piedras la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro
escapa y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

Están mis horas junto al río seco,
entre el polvo y sus hojas palpitantes,
en los ojos ardientes de esta tierra
adonde lanza el mar su blanco dardo.
Una sola estación,
un mismo tiempo de chorreantes dedos
y aliento de pescado.
Toda una larga noche entre la arena.

Amo la costa,
ese espejo muerto en donde el aire gira como loco,
esa ola de fuego que arrasa corredores,
círculos de sombra y cristales perfectos.

Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre
ciego pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
esa asfixiante seda, ese pesado espacio
poblado de agua y pálidas corolas.
En esta costa soy el que despierta
entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esa rama vacía,
el que no quiere ver la noche.

Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente
en donde lloro a solas.


Primer baile

(Ese puerto existe)

V

Hay un lugar lejos de toda ciudad. No hay un cielo sino varios,
superpuestos, espejeantes, horribles.
¿Que significará el amanecer para quien no conoce sino la
noche y el sueño que sucede al sueño?
Despegar los parpados significa morir, desprenderse de una estrella.
El ritual es breve, la entrega absoluta. Se grita con
los ojos cerrados, empapados de sudor o crujiendo de frío:
te amo porque tu latido ocasiona catástrofes, huracanes, guerras.
Te amo porque te bañas en un inmenso vacío, te alimentas de tinieblas.
Nado en tus redondas pupilas ciegas como en un estanque infernal.
Tus propiedades no tienen número y abundan las especies innominadas,
estériles pero eternas.

Te amo porque eres una ficción malvada y saludable. si cesaras
se extinguiría mi existencia de inmediato. Te podría hacer
desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, pero, luego,
¿cual sería el castigo?


Vals del Ángelus

(Valses y otras falsas confesiones)

Ve lo que has hecho de mí, la santa más pobre del museo,
la de la última sala, junto a las letrinas,
la de la herida negra como un ojo bajo el seno izquierdo.
Ve lo que has hecho de mí, la madre que devora sus crías,
la que se traga sus lágrimas y engorda, la que debe abortar
en cada luna, la que sangra todos los días del año.
Así te he visto, vertiendo plomo derretido en las orejas
inocentes, castrando bueyes, arrastrando tu azucena,
tu inmaculado miembro, en la sangre de los mataderos.
Disfrazado de mago o proxeneta en la plaza de la Bastilla
—Jules te llamabas ese día y tus besos hedían a fósforo y
cebolla. De general en Bolivia, de tanquista en Vietnam,
de eunuco en la puerta de los burdeles de la plaza México.
Formidable pelele frente al tablero de control; grand chef
de la desgracia revolviendo catástrofes en la inmensa
marmita celeste.
Ve lo que has hecho de mí.
Aquí estoy por tu mano en esta ineludible cámara de tortura,
guiándome con sangre y con gemidos, ciega por obra y gracia
de tu divina baba.
Mira mi piel de santa envejecida al paso de tu aliento,
mira el tambor estéril de mi vientre que sólo conoce el ritmo
de la angustia, el golpe sordo de tu vientre que hace silbar
al prisionero, al feto, a la mentira.
Escucha las trompetas de tu reino. Noé naufraga cada mañana,
todo mar es terrible, todo sol es de hielo, todo cielo es de piedra.
¿Qué más quieres de mí?
Quieres que ciega, irremediablemente a oscuras deje de ser el
alacrán en su nido, la tortuga desollada, el árbol bajo el hacha,
la serpiente sin piel, el que vende a su madre con el primer vagido,
el que sólo es espalda y jamás frente el que siempre tropieza, el que
nace de rodillas, el viperino, el potroso, el que enterró sus piernas
y está vivo, el dueño de la otra mejilla, el que no sabe amar como a
sí mismo porque siempre está solo. Ve lo que has hecho de mí.
Predestinado estiércol, cieno de ojos vaciados.
Tu imagen en el espejo de la feria me habla de una terrible semejanza.


Canto villano

(Canto Villano)

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla

hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos


Casa de cuervos

(Ejercicios materiales)

porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver


Felizmente no tengo nada en la cabeza

(Concierto animal)

felizmente no tengo nada en la cabeza
sino unas pocas ideas equivocadas por cierto
y una memoria sin tiempo ni lugar
nada para poner
nada para dejar
sino huesos cáscaras vacías
un montoncito de cenizas y
con suerte algo de polvo
innominada nada
en lo que fue mi cabeza


Strip tease

(El falso teclado)

quítate el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas los ojos
y ponte un alma
si la encuentras