Los chalecos amarillos: un símbolo de la indignación social

Desde la lejanía se vislumbra unas imágenes fosforescentes. Estas son las de los chalecos amarillos, un símbolo de la indignación social. Miles de manifestantes que  marchan por las calles de Francia bajo un mismo estandarte; el cambio de sus condiciones de vida. En diciembre, el gobierno de Macron ha cedido ante el movimiento subiendo el sueldo mínimo y dando paso atrás a la subida de los precios de la gasolina, sin embargo, estas medidas son migajas para un movimiento que basa su ímpetu en el descontento del actual sistema económico.

Lo que empezó como un movimiento que reclamaba  el alza del precio de la gasolina se ha ido transformando con el pasar de las semanas en un movimiento que busca cambiarlo todo. De esta manera el enfoque de la indignación de los chalecos amarillos se ha centrado en Macron que se ha posicionado como representante de los grupos económicos de poder. Esto se ve reflejado en una actitud distante con el pueblo francés que tiene su correlato en la reforma laboral, educativa y ferroviaria que ha servido  para flexibilizar el despido, fomentar un trabajo precario y aumentar los recortes a los servicios públicos. De esta manera salieron a protestar los estudiantes y trabajadores ferroviarios en su momento en lo que constituyó unas protestas contra reformas neoliberales.

De este modo, el movimiento de los chalecos amarillos se suma a las grandes manifestaciones después de la crisis financiera del 2008 que cuestionan el orden económico-social imperante surgido a partir de la globalización. Asimismo, dentro del repertorio de acción colectiva de los chalecos amarillos se encuentran el uso de las redes sociales, una ausencia de jerarquía en el movimiento, el uso de símbolos y el uso de la violencia.

Las primeras personas que salieron a marchar son personas de la periferia de Francia para quienes el auto representa un instrumento de trabajo y de accesibilidad. Así  cuando el precio de la gasolina sube acompañado de una disminución del poder adquisitivo y una disminución de la calidad de vida serviría como el detonante de una manifestación que lleva siete semanas consecutivas protestando. Desde que los chalecos amarillos se manifiestan por las calles parisinas la protesta adquirió una connotación internacional y cuando el Arco de Triunfo apareció con el mensaje Macron renuncia, se asemejo a Mayo del 68.

El interrogante es cuánto tiempo duraran los chalecos amarillos y cuanto más lograran cambiar. Lo cierto es que este movimiento es un punto de quiebre en la nación gala y en Europa porque representa un desazón con la globalización y el proyecto de integración europeo que con la entrada de un nuevo gobierno cambiaría drásticamente Francia.