La educación griega: servidora de un ideal moral y político

El presente escrito guarda la forma de carta con el objetivo de explicar, de manera didáctica, la relación dada entre la poesía griega, la educación y los ideales moral y político de la sociedad griega.

 Lima, 30 de enero de 2018.

Querida Ninoska:

Te cuento, hermana, que leí un texto llamado Aristóteles: poesía y educación escrito por Rafael Angarita Cáceres en el año 2016. En este escrito, se establece una relación muy interesante entre la poesía y la educación, un vínculo del que ya había hablado el viejo Aristóteles en su obra Poética que se remite al siglo IV a. C, en la cual, exalta el valor de la poesía.

Te parecerá raro o un sinsentido establecer un vínculo entre los conceptos de educación y poesía, pero verás que no. Estos dos términos se han relacionado y se han concretado desde la Edad Antigua. Te darás cuenta de que esta relación halla su sustento en la forma de construir el mundo, en las relaciones sociales y en el cómo se concibe la política en el mundo griego para conseguir un fin común. Es por ello que Tomás Calvo (2003) comparte que, en la comunidad griega, la educación afecta a nivel individual y colectivo; es decir, a la persona particular, a las familias y al mismo estado.

Partiré de la idea de lo que querían los griegos para su sociedad. Pues, ellos se plantearon el objetivo de buscar una vida buena. Entonces, surge la imagen del zoon politikón. Debe interpretarse al zoon politikón como aquella persona que posee la capacidad de vivir en comunidad o en sociedad y, en el caso griego, de vivir en la polis.  Pero, hermana, imagino que, en este momento, estarás preguntándote ¿qué es lo que posibilita la vida en comunidad? Angarita (2016) diría que la paideia sostiene y garantiza la vida en sociedad porque habilita a una persona el poder hacerlo. Es así que lo pertinente a la educación es tratar el problema del tipo de vida que se busca en una comunidad como la griega. Pues, la educación consiste en “enseñar a vivir, pero no cualquier forma de vida, no la vida de un delincuente […], sino una vida digna de un ser humano […] el problema de la educación […] pertenece radicalmente al ámbito de la ética” (Calvo, 2003, p. 10).

Es de esa manera que el concepto de paideia surge a colación. Conforme a Jaeger (citado en Angarita, 2016), paideia forma parte del “deber ser” que orienta la formación del hombre antiguo. Entonces, se entiende paideia como un medio que sirve de ayuda para llegar a un fin moral y político. ¿Y la poesía?, te preguntarás. Pues bien, la poesía constituye una forma de enseñanza, pero también resulta ser un reflejo o una “fuente de consulta para desentrañar el modo en el que los griegos pensaron y teorizaron el ideal de la educación” (Angarita, 2016, p. 163). Esto quiere decir que la poesía debe ser vista como un medio y, a su vez, como un producto porque es la expresión del pensamiento de tal sociedad sobre sus pretensiones, sobre su aspiración de tener una buena vida.

En este punto quiero acotar que podemos entender a la poesía como una fuente de conocimiento, así como la razón resulta ser otra fuente. Sin embargo, la poesía trasciende. No solo origina el conocimiento, sino que también constituye uno de los pilares para la formación de los ciudadanos griegos.

En las líneas anteriores, hablé sobre el conocimiento. Ahora, hermana, quiero ahondar en tal tema, pero, por favor, sírvete antes una taza de café porque viajaremos a la mente del estagirita. Resulta que Aristóteles, según Angarita (2016), en su obra Metafísica, describe a los seres humanos como quienes se encuentran en una incesante búsqueda del conocimiento, como si este deseo fuera innato. Es así que se habla de un nivel sencillo, el de las sensaciones. El segundo es el de la experiencia. Tras ello, se hallan la ciencia y el arte (tecnhé). A partir de tal información, de acuerdo con Betancourt (citado en Angarita, 2016), ubicaremos a la poesía en el nivel de la tecnhé porque esta puede referirse a lo posible, o sea, al “deber ser” mencionado al principio de esta carta. Esa direccionalidad que parte de lo que se es a lo que podría ser es lo que diferencia la ciencia del arte.

Entonces, ¿cómo se concreta esta posibilidad de ser algo que no se es?, me dirás tú. Pues, la respuesta se halla en la tragedia. Los griegos hicieron uso de ella para educar a sus ciudadanos y generar, en ellos, una especie de crisis o conmoción como parte de un proceso de reflexión. A esto, se le llamó katharsis. Las tragedias manifiestan “algo” que no debe ser repetido en la sociedad. La educación, entonces, tiene que ver con la imitación, característica propia de la poesía. Pues, la poesía surge por imitación de la realidad con una cuota de ficción, “cuenta con mayor libertad” (Angarita, 2016, p. 168), pero, aquí, viene lo interesante. Cuando se da la puesta en escena, en las personas, se producirá un placer por la apreciación de la obra y, de ello, devendrá un aprendizaje. Entonces, se dice que, a partir de la representación, surgen los deseos de imitar un patrón de conducta ya esclarecido en la representación artística para colaborar con el ideal educativo.

Ahora sí, te doy un respiro, hermana, porque pasaré a hablar acerca de la verosimilitud. Debemos entender este término a partir de la “apreciación y […] la evaluación de la obra artística” (Angarita, 2016, p. 169). Eso quiere decir que la verosimilitud de una obra, la poesía, queda en manos del juicio del espectador conforme a la interpretación dada. Su importancia radica en cuán posible sería practicar lo aprendido. Para añadir, las enseñanzas de la poesía denotan un carácter universal, “la acción narrada no corresponde a lo sucedido a un hombre particular, sino que, […] la acción puede ser endilgada a cualquier miembro de la especie humana” (Angarita, 2016, p. 171). He ahí la función educadora.

Quiero volver, aquí, al principio de todo: el objetivo de la tragedia o de la poesía. Estas, a través de la educación, hallan su sentido en la formación política y moral del ciudadano desde la representación porque es gracias al aprendizaje y a la reflexión que provoca una obra en una persona que se dará, en última instancia, una repercusión positiva, o sea, la esperada por la sociedad, sobre el desempeño virtuoso de cualquier función que cumpla dicha persona en su medio. Dicho de otro modo, la poesía, una expresión educadora, se encamina bajo las directrices políticas y éticas. Esta colabora con el hábito de la virtud “para elegir el justo medio, para evitar el exceso y el defecto” (como se cita a Marcos en Angarita, 2016, p. 173) en conquista del bien y la felicidad. Es así que se conjugan la razón (tecnhé) y el hábito (propio de nivel segundo: la experiencia).

A modo de conclusión, hermana, quiero decir que “la gran pretensión de la política solo se puede materializar mediante el esfuerzo del ejercicio de un único camino: hacer virtuosos a los hombres; es decir, desarrollar un proceso educativo” (como se cita a Aristóteles en Angarita, 2016, p. 173) que no encuentre nunca su final. Siempre exigirá una constancia.

Este tema me cautivó muchísimo y espero te guste tanto como a mí. Me encantaría conocer tu opinión. Escríbeme pronto. Te amo, hermana.

Te mando muchos besos y abrazos.

Astrid

Referencias bibliográficas:

Angarita, R. (2016). Aristóteles: poesía y educación. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/185/18552439013.pdf

Calvo, T. (2003). ¿Por qué y cómo educar? Paideía y política en Aristóteles. Recuperado de https://revistas.um.es/daimon/article/viewFile/14281/13761