Bolsonaro, ¿la llegada del “Tercer Imperio Brasileño” o la vuelta a la dictadura?

Me gustaría dedicar estas líneas a José Francisco Navarro, sacerdote, jesuita, amigo, maestro. Él, con su visión del mundo, mostró a numerosas generaciones de alumnos y discípulos que la esperanza de construir un mundo distinto era siempre posible. Transformar lo trastornado en algo sublime, algo que él llamaba “El camino de la Belleza”, fue su deseo y su misión. Con su ejemplo inundó los corazones de quienes lo conocimos, haya sido en Perú, en México, o en Brasil…

La historia de Brasil, como una nación independiente, se remonta al siglo XIX, más específicamente a 1889, cuando el emperador Pedro II fue depuesto. Antes de ese momento,  con la llegada de Juan IV al continente, se estableció el conocido Imperio Brasileño (1808-1889). Tras su caída, se constituyó en los “Estados Unidos de Brasil”. La naciente república tomaba, por primera vez, las riendas de su historia, sin imaginar que en el desarrollo de su proceso histórico se convertiría en una potencia a nivel regional y mundial. Inesperada y paradójicamente, casi un siglo después, la ahora “República Federada de Brasil”, se vería azotada por un nuevo gobierno absolutista, bajo la imagen de la dictadura militar (1964-1985).

Estos modelos de gobierno, aunque históricamente distantes, salen de la memoria del pueblo, para trasladarse a la realidad, especialmente con el último acontecimiento importante que quedará registrado en sus anales, la elección de Jair Bolsonaro como presidente constitucional de Brasil. A lo largo de estas líneas, se procurará analizar brevemente ciertas características que marcan la identidad del plan de gobierno del nuevo mandatario, y la repercusión que podría alcanzar con este.

Desde el inicio de su vida política, el capitán de reserva, Jair Bolsonaro manifestó su tendencia ultraconservadora. Sus planteamientos ultranacionalistas, así como su manifiesta conducta discriminadora, han dado mucho de qué hablar. Mientras ocupaba el cargo de legislador, no pasó desapercibido (podemos recordar las ocasiones en las que señaló su agrado y su deseo por el retorno de la dictadura militar al país).

Los incidentes de corrupción que estallaron durante la presidencia de Lula Da Silva y terminaron de ahondarse durante el período intestino de Dilma Rousseff, fueron el caldo de cultivo perfecto para que un hombre como Bolsonaro alcance el poder. La debilitada izquierda en el país, así como también del continente, no tenía oportunidad de reparar los errores cometidos que la llevó a tal precipicio. Esto, junto a un “plan de cambios” bien estructurado, fueron capaces de llevar a Bolsonaro al Palácio do Planalto.

Dentro de su plan de gobierno, Bolsonaro ha manifestado su determinación por lograr que Brasil se desintoxique de la enfermedad de la “nueva izquierda” que aqueja a todo el continente. Sin embargo, quien ha escuchado su plan para dirigir el país, no ha podido obviar el conjunto de contradicciones que en él se presentan. Uno de los más claros ejemplos se dio cuando, al referirse a su estrategia de política económica, señaló la importancia de establecer vínculos comerciales fuertes y abrir mercados; pero, al profundizar en torno al mismo tema, describía la necesidad de mantener medidas proteccionistas que garanticen la “soberanía económica nacional”.

Dentro de este marco, la idea de Bolsonaro no es formar a una sociedad crítica y pensante. La propuesta procura establecer las bases de un grupo consumista, exacerbado por el mercado y sus transacciones. Así lo proclama al decir “educación para el mercado laboral y no para la militancia política”. Con esta premisa, se aprecia la firmeza de su programa, en torno a coartar cualquier idea que desenvuelva el criticismo a su gobierno. La idea es la mercantilización de las masas.

Este pequeño ejemplo no es más que una muestra del desfasado y anacrónico proyecto mesiánico, en torno a una figura que se augura como salvador, por el que apostó el “demos” brasileño.

Toda la estrategia política de Bolsonaro gira en torno a un poderoso aparataje ideológico. Nada puede escaparse de su control, para promover ningún tipo de militancia estructural opuesta al sistema. Más allá de su propuesta económica, trata de ejercer un marcado control respecto a la población, en base al uso de estructuras de adoctrinamiento.

La implementación de formas ideológicas específicas, partiendo de conceptualizaciones religiosas (revalorizando conceptos como “familia” y “tradición religiosa”), para determinar una dinámica de comportamiento específica, son el primer paso en la construcción de una mega estructura de control biopolítico. El sujeto, como miembro de un grupo religioso caracterizado por valores específicos, se ve maniatado en torno a la posibilidad de ejercer o causar incidencia política, sin ser mal visto. El control que admite Bolsonaro gira en torno al rechazo a la dimensión profética de la que habla el catolicismo (del que afirma ser un ferviente practicante).

El gobierno de Jaír Bolsonaro apenas inicia. Su afán de control, así como el establecimiento de estructuras que le permitan conseguirlo, puede recordarnos a los antiguos monarcas, déspotas y autoritarios. Con su plan de gobierno, su inspiración de ideas nacionalistas, la revalorización de una moral cristiana sesgada y radical, son características que han cautivado a millones en el gigante sudamericano. Procurando el respaldo de las masas, los hitos que llevaron a Bolsonaro al poder nos pueden recordar lo conseguido por los líderes fascistas a lo largo de la historia. Su cercanía y fascinación respecto a las ideas de la dictadura, también pueden aproximarnos a lo largo del vector por el que transitaría su gobierno.

Debido a esto, es necesario prestar la suficiente atención, especialmente desde fuera de los límites geográficos de Brasil. Si los acontecimientos de la región no sufren una metamorfosis que determine un cambio categórico respecto a los ámbitos político, social, moral, etc., lo que desde ahora podríamos llamar “efecto Bolsonaro” se propagará por el continente con notable agresividad. Ya sea a través del uso del poder político y económico, característicos de un “Imperio”, o con el arbitrario uso del aparataje militar propio de las “dictaduras”, la influencia del Brasil de Bolsonaro puede resultar determinante para Sudamérica; por tanto, debemos ser precavidos, conscientes y tener en cuenta la repercusión y el significado de esta nueva era política, a fin de garantizar la libertad y los derechos humanos, sin excepción.