La virtud de T. S. Eliot

En la intersección de la poesía y la metafísica, la tierra está baldía y es ahí donde nace la poesía de Thomas Stearns Eliot. Poesía que nace además de la crítica literaria y filosófica, con las que Eliot se introduce en todas estas disciplinas literarias. Athenaeum, Time, Egoist, son algunas de las revistas donde escribió, siendo además editor de la última. Publica los primeros poemas en 1915, siendo el más popular The Love Song of J. Alfred Prufrock. Pero no será hasta años más tarde, con la publicación de su gran poemario The Waste Land, cuando ganará el prestigio tan merecido que le abrió el camino hasta el Premio Novel de Literatura en 1948. T. S. Eliot nació en Misuri a finales del siglo XIX, se trasladó al Reino Unido en 1914, con 25 años. Fue considerado una de las voces más importantes del mundo anglófono. No solo escribió poesía y ensayo, sino también teatro.

Es conocido como uno de los más grandes poetas filosóficos, no sólo por estar influido por los grandes poetas metafísicos barrocos del siglo XVII inglés como John Donne o Andrew Marvell y por los simbolistas franceses, sino también por introducir temas propios de la filosofía en sus poemas y obras. Estas pasaron por diversas transformaciones a lo largo de su trayectoria literaria, yendo desde el más puro intelectualismo a los movimientos más vanguardistas. El cambio más decisivo en su literatura tuvo lugar a raíz de su conversión religiosa al anglicanismo en 1927, es entonces cuando su poesía se carga de un tono trascendente y penitencial. Pero no por ello dejan de convivir diversas alusiones religiosas y profanas en sus obras, como las budistas y las nihilistas.

“Descenso más abajo, descenso únicamente Al mundo de perpetua soledad, Mundo sin mundo que no es mundo, Tinieblas interiores, privación Y despojo de toda propiedad. Desecación del mundo del sentido, Evacuación del mundo del capricho, Incompetencia del mundo del espíritu: Este es el único camino, y el otro Es el mismo, no en movimiento Sino en abstención del movimiento; Mientras el mundo se mueve, En apetencia, por los metálicos caminos Del tiempo pasado y el tiempo futuro”.

La unión entre metafísica y poesía no reside solo en los temas, sino también en el lenguaje sutil, en la ruptura de la lógica, en las imágenes grandilocuentes. Pero sobre todo hace que la voz poética se difumine y deja que el lector se vea inmerso en las imágenes.

Librarse interiormente del deseo material, Descargarse de la acción y el sufrimiento, De la compulsión externa e interna, rodeada sin embargo Por una gracia de sentido, Una luz blanca inmóvil que se mueve, Erhebung* sin movimiento, concentración sin eliminación, Un nuevo mundo y el viejo que se hacen explícitos, se aclaran En la consumación de su éxtasis parcial, La resolución de su parcial horror. Pero el encadenamiento de pasado y futuro, Tejidos en la debilidad del cuerpo cambiante, Ampara al género humano del cielo y la condenación Que la carne no puede soportar. El tiempo pasado y el tiempo futuro Sólo permiten mínima conciencia. Ser consciente significa no estar en el tiempo, Pero sólo en el tiempo puede el momento en el jardín de rosas, El momento en la pérgola bajo el azote de la lluvia, El momento en que desciende el humo sobre la iglesia atravesada por corrientes de aire, Ser recordados, envueltos en el pasado y el futuro. Sólo con tiempo se conquista el tiempo”.

Quizá la razón de la trascendencia de T. S. Eliot fue la genialidad con la que logra integrar elementos de múltiples corrientes y movimientos literarios en su poesía, cargándola a la vez de paradojas e imágenes renovadas y atemporales. Su polifacética trayectoria no deja indiferente a ningún poeta. Es conocida su amistad con los poetas españoles de principio de siglo, los cuales reconocen la admiración que le profesan y tradujeron sus obras al castellano. Por ello, para entender a la perfección la literatura de comienzos del siglo XX tanto española como inglesa es imprescindible la lectura de este gran maestro, que marcó un referente claro en la poesía y en la filosofía. Desde Poliantea animamos a todos los lectores a que se sumerjan en los versos de T. S. Eliot.

*Los fragmentos arriba expuestos pertenecen a su obra “Cuatro cuartetos” traducida por José Emilio Pacheco.