¿Y si dejamos de lado el género?

Diego Abanto Delgado
Estudiante de Filosofía


¿Y si dejamos de lado el género?¿Cuánto daño nos haría escuchar las voces de los padres que claman a gritos que el Estado no se meta en la crianza de sus hijos? ¿Qué de tenebroso le vemos a dejar a los padres que tengan una familia real, no una democrática? ¿No era Rousseau quien nos decía en El contrato social que una vez elegidos nuestros representantes, perdíamos nuestra libertad, ni bien elegidos, “el pueblo es esclavo, ya no es nada”? ¿Por qué vemos con malos ojos el deseo de los padres peruanos de liberarse de esta esclavitud?

Abarquemos completamente el asunto, no nos dejemos engañar por los que sostienen que con una educación con enfoque de género los feminicidios van a parar. Es más, ¿estamos seguros siquiera que el feminicidio existe? Tenemos ya que parar esta intromisión caviar de quiénes hasta hace poco defenestraban contra el Estado peruano por no copiar los modelos socialistas de Cuba y Venezuela, que solo el tiempo ha revelado su verdadera naturaleza; dictaduras rojetes y corruptas. ¿Acaso queremos ese modelo para nuestros hijos, para las futuras generaciones?

¿A quién le importa si mañana o pasado mañana muere una mujer más por culpa de la estúpida creencia de que la mujer le pertenece al hombre cual ganado al campesino? No exageremos, tan sólo van más de 130 mujeres asesinadas en Perú hasta la fecha. Lo decía mejor que nosotros, el congresista Francesco Petrozzi, ilustre emblema del intelectual peruano, durante su intervención en la Comisión de la Educación, en la que resaltó que no fue al colegio para que le enseñen con quién acostarse.  Nuestros hijos no van al colegio para que les enseñen con quién acostarse o no, eso se lo enseñamos nosotros.

¿Y si dejamos de lado el género? se preguntan probablemente los voceros de Con mis hijos no te metas, la organización que, sin ser criminal, se está volviendo un peligro para el Perú.  No me atrevería a calificar de ignorantes a personas a las que no he tenido el disgusto de conocer, pero sí me parece importante combatir sus ideales, aquello que los trasciende. No se trata de lo que opine Beatriz Mejía, Christian Rosas, Edwin Donayre, Phillips Butters o compañía. Al fin y al cabo, estos personajes no serán nada más que una triste nota al pie en la historia del Perú, y eso si es que la historia, ciencia tan maltratada en el país de todas las sangres, decide recordarlos. Es su pensamiento lo que me preocupa y lo que procederé a desentrañar en las siguientes líneas.

Calificándose como “un movimiento ciudadano que nace como reacción a la imposición de la Ideología de Género”, Con mis hijos no te metas no es más que la transmutación de un movimiento que ya se ha instalado en otros países bajo el mismo emblema; detener el avance de la ideología de género.

CMHNTM.jpg

Antes de continuar, habría que preguntarnos sobre dicho término, del que tanto se ha oído hablar pero del que nada o muy poco se sabe. La respuesta, no obstante,  se encuentra a plena vista de todos en su página de Facebook donde yace una especie de panfleto ideológico que nos resuelve dicha duda.

La ideología de género propone una nueva concepción antropológica y filosófica del ser humano, basado en los pensamientos subjetivos y fantasioso mas no la realidad objetiva y verificable de nuestra naturaleza y esencia humana.

Habría que sorprendernos ante semejante afirmación. Ya es suficientemente peligroso hablar de una nueva concepción antropológica y filosófica, pero este movimiento añade que se contrapone a la realidad objetiva y verificable. ¿Cuál es la realidad objetiva y verificable? Asumo que el movimiento se refiere a todo aquello que sea verificable por nuestros sentidos. Y en esa línea, busca también reivindicar el empirismo inglés, teniendo como emblema a Locke o si se quiere, a Berkeley.

Y si bien quisiera creer que dentro de este movimiento existen lectores de Locke o Berkeley, lo más probable es que no sea así. Tampoco me entusiasmo con la posibilidad de que sean discípulos tardíos del positivismo de Comte o aristotélicos a carta cabal. La verdad sea dicha, tengo la creencia que este movimiento confunde, como suele ser común en nuestra sociedad, dos conceptos que aunque puedan sonar similares son totalmente distintos, género y sexo.

Quizá la desinformación les ha jugado una mala jugada y no sepan que sexo y género no son lo mismo. Mientras que el primero está estrechamente vinculado con la biología y abarca las características que diferencian a los individuos de la misma especie en masculino y femenino, el segundo se aplica en las ciencias sociales y precisamente por esto hace referencia a las características que la sociedad otorga a los miembros de ambos sexos.

Quizá el problema quedaría resuelto allí, como una mal interpretación de términos, sino fuera porque el discurso del movimiento incluye en su discurso un tufillo homofóbico, que gira más o menos en torno a detener la homosexualización de los niños y niñas del Perú. Y esto si bien pueda parecer gracioso para algunos, preocupa por la seriedad con la que muchas personas parecen habérselo tomado. Y preocupa porque nos revela que aún en el siglo XXI, existen personas que creen que ser homosexual es malo y que eso se puede enseñar. Sobre esto, ni siquiera considero pertinente dedicar a desentrañar lo que a vista plena, de quién quiera verlo, es una atrocidad.

Pero mucho más atroz me parece lo siguiente; si una movimiento amenaza al Estado, lo acusa de imponer políticas contra su voluntad, sugiere que ya otros funcionarios han sufrido la consecuencia de apoyar esta agenda y por ese camino irá quién decida impulsarla, ¿no puede ser calificada esta organización de promover el terror con fines políticos? Efectivamente esto, en otros países, sería calificado de terrorismo, pero tan solo en el sentido etimológico de la palabra, no con la connotación que en el Perú se tiene.

En todo caso, movimientos comos Con mis hijos no te metas representan no solo la ausencia de una educación con enfoque de género, sino una cultura machista retrógrada que se ha instalado en muchos subconscientes y que hace ver en la igualdad de género, cual genio maligno cartesiano, una ideología.

¿Y si dejamos de lado el género? Seguramente la respuesta no nos la podrá dar ni Eyvi Ágreda ni ninguna de las 120 mujeres que han sido asesinadas en lo que va del año, no solo porque sus voces fueron silenciadas sino porque en el Perú, país que se conserva y se conservará en la medida en la que su población no demuestre interés en el cambio, que una mujer reclame sus derechos ya es revolucionario. Pero me atrevo a imaginar una respuesta, si dejamos de lado el género, si dejamos que la batalla -porque solo la ingenuidad de un ser pensante lo llevaría a creer que esto no es una batalla- la ganen estos movimientos conservadores, nos dirigiremos, si es que ya no estamos en ese rumbo, a retroceder aún más como sociedad. No puede existir un mundo nuevo sin la igualdad de género, no puede existir un Perú nuevo dentro de este mundo nuevo sin una educación con enfoque de género.


Si has llegado hasta aquí, es porque aprecias el contenido que generamos. Y ahora necesitamos tu ayuda para seguir generando este contenido. Entérate cómo aquí.