Siembra y la “salsa intelectual” 40 años después

Hablar de salsa intelectual es hablar de Rubén Blades. El panameño fue ganándose el afecto de la gente que lo escuchaba, por lo sentidas, lo comprometidas que podían llegar a ser sus composiciones. Desde sus inicios, Blades se encargó de ofrecer otra vertiente a una salsa que ya empezaba a saturarse del efecto Lavoe, una salsa que no solo servía para bailar, sino para aprender. Con esto no desmerecemos la vertiente que ofreció y aún ofrece la salsa de Lavoe y compañía, tan solo hacemos notar la diferencia. ¿Qué es la salsa intelectual entonces? Podríamos definirla como la salsa que no sirve tanto para bailarla, sino para pensarla. Si bien no concuerdo con esta etiqueta, no existe, al menos hasta ahora, una mejor categoría para explicar lo que es la salsa de Blades. 

Pero hablar de Rubén Blades y de salsa intelectual sería en vano si no lo aterrizamos en uno de sus mejores trabajos, Siembra, que este 2018 que se nos va cumple 40 años. Tras la separación del dúo más exitoso de su historia (Lavoe-Colón) Fania Records unió a Willie Colón, eterno compinche de Lavoe, junto a Rubén Blades en Metiendo Mano!(1977), LP que nos permitió dar los primeros vistazos al viro que daría la disquera con este nuevo dúo. Si antes apostaban por una música que haga bailar, ahora unían a su mejor valor, Willie Colón, junto a un gran compositor con una vena política como lo era Rubén Blades para innovar en el género. Fania Records, quizá inconscientemente, apostó por una salsa que hiciera pensar a su público y vaya que lo logró.

En este primer álbum ya se encuentran canciones como Pablo Pueblo o Plantación Adentro, que si bien contaban con un mensaje político, eran ínsulas dentro de un archipiélago que buscaba consolidar primero un nuevo sonido antes que una propuesta narrativa. No es sino hasta Siembra (1978) que el cambio de temática es completo. Para el año del lanzamiento de Siembra, cabe recordar la pérdida de terreno de la salsa frente a la música disco es cada vez mayor, y precisamente Siembra busca jugar con esa pérdida de terreno, incorporando en más de una canción elementos de la música disco dentro de la salsa. Todo esto llevado a cabo por un Willie Colón más curtido, más experimentado, que dirigía a la orquesta y se encargaba de la propuesta auditiva del disco y un Rubén Blades, mucho más atrevido y suelto que en Metiendo mano!, motivo por el cual la frescura de esta segunda producción juntos es sorprendente, parecía el trabajo de años pese a que la diferencia entre Metiendo mano! y Siembra es de un año, la diferencia de calidad entre ambas producciones es abismal.

Pero hablaré ya de las canciones que componen este pertinente disco. La canción que abre el álbum, Plástico, al contar con 35 segundos con un ritmo disco al inicio de la canción, pone a prueba esta pérdida de terreno, sobre todo con el sutil cambio de melodía para llevar a cabo la transición entre disco y salsa. Esto podría ser calificado como un juego insignificante, pero mucho más que un juego, todo alrededor de Plástico denuncia la ignorancia de las sociedades desarrolladas frente a la ignorancia de una sociedad que busca vender su libertad por “el oro y la comodidad”. En cierta forma, se entiende que la música disco está en confrontación con la salsa en Siembra.

De forma muy hábil, Blades contrapone el modelo capitalista consumista y las sociedades de plástico al de una sociedad latinoamericana que está trabajando en conseguir su libertad, en seguir peleando por la esperanza, asumiendo que esos dos últimos puedan ser considerados como un modelo sostenible a lo largo del tiempo.

Pero señoras y señores, en medio del plástico
También se ven las caras de esperanza
Se ven las caras orgullosas
que trabajan por una Latinoamérica unida y por un mañana de
esperanza y de libertad.

Y pese a lo aguda de su crítica, Blades consigue equilibrarlo con frases motivadoras, como la que copio arriba, donde queda evidenciada como en el resto de la canción la posición política del cantante panameño. No podemos dejar pasar la parte final de la canción, en la que repasa uno por uno los países latinoamericanos, para luego exclamar ¡Presente!, y entre esos gritos de hermandad se pierde un Nicaragua sin Somoza, en referencia a Anastasio Somoza, último dictador de la dinastía que asoló Nicaragua durante más de cuarenta años y que tan solo al año siguiente del lanzamiento del disco, fue derrocado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

A Plástico, le sigue Buscando Guayaba, composición de Blades de 5:46 minutos que en determinado momento corta para soltarse, bajo excusa de no contar con el guitarrista, un solo de boca que ha quedado en los anales de la historia de la salsa. Aún se debate sobre el significado oculto de esta canción, especialmente al conocer que “mendó” era chispa en un dialecto africano, bajo confesión de parte del autor. Si habla de una mujer -no es secreto para nadie la fama de mujeriego que tenía Blades por esas épocas- o de la fruta es accesorio. Corta canción comparada a otros monstruos con los que comparte el disco, le da el equilibrio perfecto para darle paso a la canción que más se conoce de esta producción.

Pedro Navaja es, acaso, una de las canciones más conocidas dentro de la historia de la salsa. Inspirado en Die Moritat von Mackie Messer, canción compuesta por Bertolt Brecht y con música de Kurt Weill, Pedro Navaja es un personaje pintoresco que ya se ha liberado mucho de su origen. Esencialmente, la canción se convierte en una crónica de lo que se vive no solo en New York, sino en otras partes de América Latina. ¿Cuántos Pedro Navaja tiene la región? Imposible saberlo, pero sin duda que son tantos o más que los Juanito Alimaña dispersados por los barrios más “sabrosos”. Un delicuente que de confiado, va a arrebatarle la cartera a una prostituta y es la prostituta la que le arrebata la vida de un disparo, mientras que Navaja solo la acuchilla de muerte. Ambos muestras de la decadencia de New York, ambos caen en el piso y fallecen.

Y créanme gente que aunque hubo ruido, nadie salió
No hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie lloró

Es esta figura del silencio por miedo la que se repite en muchos barrios de América Latina, y es que la delincuencia si bien ya era un tema recurrente en la salsa (Calle Luna, Calle Sol o Te están buscando) no había sido abordado desde esa perspectiva casi rozando lo novelesco como en Pedro Navaja. Con precisión de cronista, Blades alterna la historia entre el borracho, la prostituta y el delincuente, dándole así un equilibrio a la canción que nunca, ni siquiera cuando llegamos al coro y entra en repetición la exclamación borrachesca que representa a la vida misma; la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

A continuación, Maria Lionza. Recogiendo la mística de una diosa de Venezuela, esta canción nos da un repaso por la devoción alrededor de Maria Lionza, pidiéndole un milagrito por Venezuela, por Latinoamérica. Casi toda la canción gira alrededor de los rituales alrededor de la veneración de la diosa, inconfundible por su tez blanca y su corona. Con un ritmo sencillo presente al inicio y al final de la canción casi como coqueteando la guitarra con la música disco, esta canción ayuda a aliviar la carga política que tendrán las siguiente canciones.

Y nos referimos a Ojos, que al inicio parece una canción más. No es un dato menor que sea la única composición dentro del álbum que no le corresponde a Blades, sino a Jhonny Ortiz. Con un mensaje esencialmente visual, y con una letra que apela a la dicotomía, el mensaje político tenía que aparecer, como efectivamente lo hace. Al igual que Plástico y Buscando Guayaba son las únicas dos composiciones donde Willie Colón, a cargo de los arreglos musicales, logra introducir elementos bailables. Pero tendríamos un último suspiro con Dime, canción de desamor, pero con un ritmo que muchas veces suena más a reclamo que a lamento. Lento por momento, un poco coqueto en su soneo, esta canción es cantada desde la percepción de un sujeto que quiere saber cómo seguir con su vida, quiere que la mujer que lo abandonó le dé la respuesta.

Esta pena de amor que por siempre me acompaña
Y que no me deja descansar
Es la tristeza azul que me dejó tu despedida
Y que no me deja ya soñar

Lo que la letra nos va revelando es una vena dentro de las composiciones de Blades que en otras producciones irá trabajando aún más, llegando a componer canciones como Amor y Control o Vivir del Amor. Un lamento amoroso de 7 minutos,que seguramente desenfoca al amante de la salsa en contraste con el resto de temas. Pero ¿no es acaso evidente que todo latinoamericano sufre, aunque sea una vez, de amor?

Pero si Siembra merecía un cierre, no podía ser con otra canción que con la que comparte el título. Cargada de un mensaje político sobre la unión y el futuro, solo escuchando esta canción entendemos la portada de cuatro niños, diversos, que representan el futuro, las semillas que hay que sembrar y cosechar para el futuro de América Latina.

Las semillas son los niños
Que el tiempo hará crecer
Pero hay que dar el ejemplo
Pa’ que pueda suceder

Y como en el resto de las canciones de Siembra, se pregona la unión, dejar de lado las diferencias para trabajar por un mundo mejor. Es la visión de Blades la que predomina en esta canción, su visión de cómo tenemos que cambiar el mundo, concentrándonos en el futuro, en los niños.

No es menor, como en todo el disco, el trabajo de los arreglos musicales por parte de Willie Colón, que sabe en qué momento entrar o hacer entrar determinado instrumento.

Olvida las apariencias
Diferencias de color
Y utiliza la conciencia
Pa hacer un mundo mejor
Ya vienen los tiempos buenos
El día de la redención
Y cuando llamen los pueblos
Responde de corazón

Más allá de algunos detalles publicitarios (fue el disco más vendido de Fania en su historia), Siembra es un álbum histórico en la historia de la salsa, especialmente por ser una de las primeras producciones que incluía una alta carga política reflejada desde la portada hasta el último segundo de las canciones. Siembra, además, marca una nueva opción en la salsa, las canciones ya no tienen solo que ser para bailar, sino hacernos pensar. El dúo Blades-Colón lleva a otro nivel su creación con este disco, alcanzando un pico de rendimiento tan alto que el resto de sus producciones vivirá a la sombra de esta.

Cuarenta años después, el mensaje de Siembra es tan pertinente como en 1978. Es necesario que se siembre para el futuro, que se allane el camino para los jóvenes, para quienes podrán llevar a cabo el cambio, es necesario que Latinoamérica esté unida para enfrentarse a las injusticias, a la corrupción, a todo aquello que nos detiene de avanzar. En aquel entonces era Somosa, ahora bien podría ser Macri en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua… Siembra marca el camino a la salsa intelectual, aquella que busca dejar un mensaje tras sus canciones, que busca que quién lo escuche, reflexione, piense, evalúe su realidad y vea que pueda hacer para cambiarlo. Esto era lo que buscaba Blades y Colón con esta producción.

Y si Siembra es pertinente ahora, tan solo depende del lector averiguarlo. Cuando observamos la saturación del modelo neoliberal en los países latinoamericanos, siendo Argentina el caso más resaltante en los últimos meses, nos preguntamos si Macri se detuvo alguna vez a escuchar con cuidado Plástico. Cuando se insiste en la polarización entre países tras más de cien años de guerra, sonará Siembra en nuestras cabezas, cuando observamos la represión sin cuartel por parte de las fuerzas del orden a los movimientos estudiantiles en toda Latinoamérica, Ojos se instala en nuestras mentes.

¿Hemos sembrado bien? En 1978 la respuesta era negativa, pero invitaba a subsanar el error. 40 años después, la respuesta sigue siendo negativa y seguimos estando invitados a subsanar el error, el hacerlo depende de nosotros. Esta segunda producción del dúo Blades-Colón es una invitación a la reflexión intelectual sobre la situación de la región en ese entonces y su actualidad. ¿Cuánto hemos cambiado? Solo el tiempo lo dirá.

Con ustedes, señores y señoras, Siembra.