Migración: procesos y horizontes de un éxodo

La migración es un fenómeno social que forma parte del legado histórico de toda la humanidad, desde tiempos inmemoriales. En algún punto de la historia todos hemos sido actores o testigos, directa o indirectamente, de la estructura de este fenómeno. A pesar de que este proceso rebasa cualquier tipo de fronteras, el presente artículo se concentrará especialmente en el desarrollo de los últimos movimientos migratorios que se han generado en América Latina. Un breve análisis del fenómeno nos aproximará a la realidad vivida por las masas que se han visto sometidas al desplazamiento forzado, a fin de replantear nuestros esquemas y pensar en una solución común.

Durante los últimos meses, los movimientos migratorios a nivel mundial se han incrementado drásticamente. Si nos concentramos únicamente en la realidad latinoamericana es fácil observar el crecimiento exponencial de los flujos migratorios en nuestro continente. A pesar de que el movimiento es constante, son dos los grupos que, en el último tiempo, han marcado una “moda” en el desarrollo del fenómeno migratorio. Un factor común, la violencia, es la principal razón de la migración de venezolanos y centroamericanos de la que actualmente somos testigos.

El problema de la violencia se ha movilizado a diversos niveles, invadiendo las esferas de lo político, lo social, lo económico, lo estructural. Resulta cuestionante el antagonismo que se produce en torno al proceso de gobernanza y democracia. A pesar de haber jurado garantizar el bienestar del pueblo, los actores políticos han adoptado el imperativo del “bien individual”, terminando por desfasar radicalmente la razón esencial de la política. El valor y el reconocimiento a la otredad ha quedado anulado por el principio de sobrevaloración al individuo “en y para sí mismo”.

Lamentablemente, el proceso de violencia parece tornarse a manera de estigma que acarrean quienes se ven obligados a vivir el proceso de movilización forzada. Noam Chomsky, en una entrevista concedida al canal de noticias Democracy Now, señaló que la violencia a la que se ve sometida la caravana centroamericana, tiene su origen en los procesos de opresión de los cuales EEUU. es responsable. El extremo control y la dominación que ha impuesto a lo largo de varias décadas, ha provocado la devastación social que hoy obliga a los migrantes a escapar de su cruenta realidad, en busca de opciones menos favorables.

A pesar de todo ello, el mismo gobierno estadounidense ha decidido limitar el paso a los migrantes que buscan asilo en su territorio. Los desplazados se convierten en parias, en lo que el filósofo italiano Giorgio Agamben define como homo sacer, hombres y mujeres cuya vida no tiene valor alguno y, por tanto, su muerte tampoco; su existencia está a expensas del Estado. El concepto se deriva de la estructura de las relaciones de poder que describe Michel Foucault.

La caravana avanza en búsqueda de un norte, no sólo en sentido literal, -por su rumbo a EEUU-; también lo hace acorde a la metáfora de encontrar el punto de referencia en torno al cual pueda empezar a construir una realidad distinta. La conceptualización de este fenómeno es compleja y alarmante. La posición que hemos asumido es la de simples espectadores, un panóptico inmóvil que se limita a la observación, la teorización y la crítica abstracta y desorientada. Una aproximación a tal nivel simplemente anula la dignificación que debemos a los otros (los migrantes), y nos lleva a objetivarlos, a atribuirles la categoría de mercancía, tan valiosa para nosotros, cuanto más provecho podamos sacar de ellos y su realidad.

Hablar del proceso de movilidad humana implica concebir las consecuencias de un conjunto de procesos. La migración es solo la coyuntura tangible de las diversas situaciones negativas a nivel político, económico, social, cultural.

Los criterios atomistas y la extrema teorización del individuo de manera excluyente a su entorno más plural, fetichizan su naturaleza esencialmente social. Es por ello que la migración es el resultado del exacerbado individualismo y la pérdida de identidad plural. Repensar nuestra identidad social devolverá la esperanza y el orden. Contemplar la posibilidad de unidad debe considerarse el primer paso para reconstruir el tejido social y mejorar las condiciones de quienes se han visto forzados a escapar de su realidad.

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