La importancia del lenguaje: Lingüística y Filosofía

Muchos han sido los autores que se han hecho la siguiente pregunta; ¿qué fue antes, el pensamiento o el lenguaje?

Desde la Época Clásica los interrogantes acerca del lenguaje han sido muchos. A los primeros filósofos les interesaba no solo el origen sino también la referencia del mismo, esto es, la relación entre el significante (o palabra) con su significado (o concepto). En este punto no se ponían de acuerdo ni los grandes filósofos como Platón y Aristóteles y por consiguiente surgieron los primeros paradigmas preocupados por cuestiones relacionadas con el lenguaje: naturalismo y convencionalismo. El naturalismo suponía que el lenguaje era reflejo de la realidad, mímesis de la naturaleza, mientras que el convencionalismo proponía que el lenguaje era un producto social determinado por factores externos. Lo cierto es que ambos puntos de vista se prolongaron en el tiempo y dieron lugar a diferentes teorías.

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Una de las teorías más polémicas que preocupó tanto a la Lingüística como a la Filosofía del lenguaje fue la conocida como Innatismo, desarrollada por Noam Chomsky en el primer tercio del siglo pasado. Esta teoría parte de la premisa de que el ser humano tiene una capacidad innata para desarrollar el lenguaje, de manera que en el cerebro del Homo sapiens sapiens se hubiera formado tras años de evolución en una especie de genotipo, también llamado “genotipo lingüístico”, en el cual se encontrara la capacidad del lenguaje. Chomsky también propone que el desarrollo de este genotipo tendría lugar en los años más tiernos de la edad del hombre, esto es, entre los cero y los 10 años, después de este periodo la “maleabilidad del lenguaje” cambiaría.

Numerosos estudios han pretendido desmentir la teoría del Innatismo, hay autores que atribuyen la capacidad del lenguaje a los factores sociales y externos. Pretenden demostrar que es el medio, tremendamente social, el que ayuda a crear las conexiones necesarias para la producción, comprensión e interpretación del lenguaje.

Lingüistas y filósofos del lenguaje han visto en el sistema de la lengua una oportunidad para comprendernos a nosotros mismos, como seres individuales y a la vez colectivos, producto de una sociedad, pero también de una evolución biológica. Si bien los lingüistas estudian estas cuestiones desde la lengua, los filósofos estudian las mismas cuestiones desde el pensamiento. Esto supone que aun para estudiar los mismos interrogantes lo hacen con una metodología distinta. Los lingüistas usan datos (más o menos acertados) extraídos del lenguaje, como pueden ser las clasificaciones gramaticales, o los parámetros empleados en otras disciplinas lingüísticas como la Semántica, la Fonética y Fonología, etc. Por otro lado, los filósofos recurren a las herramientas propias de la Filosofía, tales como las definiciones, las reformulaciones, silogismos, aximas, etc.

En otras palabras, tanto la Lingüística como la Filosofía se preocupan por el lenguaje pero desde paradigmas distintos. No obstante, ambas aciertan a compartir el interés por un tema complejo, heterogéneo y abstracto como es el lenguaje, ya no solo por la relación intrínseca que mantiene con el pensamiento cognitivo, sino por la evolución a través del tiempo. Hay autores que trazan un paralelismo entre la diversificación de las lenguas y de las diferentes razas humanas. Tan importante es el lenguaje en la idiosincrasia humana que otras muchas disciplinas se han interesado en su estudio. Un ejemplo de esto es el hecho de que las Ciencias Cognitivas investiguen (entre otras cosas) los problemas del lenguaje en relación con las conexiones neuronales, esto es, la dislexia, la afasia y otros trastornos del lenguaje que se ven reflejados en el proceso cognitivo.

En otras palabras, el estudio del lenguaje puede ayudar a clarificar y detectar trastornos mentales, pero también puede ayudar a mejorar la estabilidad emocional, la capacidad de memoria y reflexión, la comunicación y la socialización. En cualquier caso, el estudio del lenguaje puede ser más útil de lo que podemos imaginar y puede llegar incluso a unir disciplinas en principio dispares como pueden ser la Filosofía y la Lingüística.