AJ Zombies: Un apocalipsis más en Lima

Diego Felp Llerena


Siempre resulta interesante ver nuevas propuestas en el cine peruano, propuestas que no se enmarcan solo en comedias románticas o bajo la temática ya sobrecargada del terrorismo sino las que se agrupan en una nueva vertiente, apuntando a innovar.

En el marco del Festival de Cine de Lima podemos encontrar muchas cintas que encajan en esta descripción, proviniendo no solo de la sede del Festival, sino de las provincias peruanas, en su mayoría cintas que tendrán una distribución limitada en los cines o nunca verán la luz fuera de los festivales donde son presentadas.

Hace un año se presentó en este mismo festival Sin vagina me marginan una cinta que atrajo todos los reflectores de los asistentes ser la primera película transgénero. Si bien la sociedad limeña, que peca casi siempre de conservadurismo, no está acostumbrada aún a este tipo de temáticas dentro del cine peruano, sus espectadores no respondieron de mala manera. Pese a todo el revuelo que generó, no llegó a estrenarse de manera formal debido a la queja de muchos detractores de la película, incluyendo a algunos que ni siquiera llegaron a ver la película de forma oficial.

https://www.youtube.com/watch?v=38xSRmlV7PQ
Póster de la película peruana, Sin vagina, me marginan.

Este año, la cinta que se robó los reflectores no escapó de la polémica correspondiente, pero sobre todo por lo inusual del tema. Muchos de los que asistieron al festival este año se dieron con la grata sorpresa de contar con una película de zombies bien peruana dentro de los atractivos. Aún con las falencias propias de una película perteneciente a una industria cinematográfica que parece andar de a pocos por si la referencia no es clara, nos referimos a la peruana, empecemos por desentrañar de a pocos la película en cuestión.

AJ Zombies inició como una miniserie de Youtube de apenas 10 capítulos. Tras el nulo éxito y la repentina muerte de uno de sus productores, Ricky Tosso, la serie fue cancelada abruptamente. Pasados los años, el proyecto fue retomado pero ya no bajo el formato previamente mencionado sino como largometraje, juntando los capítulos de la miniserie buscando formar así una unidad narrativa que pudiera calzar como una película. Si bien este experimento puede parecer propio de una novela de Mary Shelley, el resultado no desentona con lo que se podría esperar de una cinta de zombies propia de industrias como la norteamericana. Combinando la comedia con lo gore, AJ Zombies apela a homenajear a lo mejor del cine de los muertos vivientes, como Dawn of the Dead, 28 Days Later o ya entrando al género de la comedia negra, Shaun of the Dead.

Esta producción no solo destaca por sus referencias cinematográficas, sino porque en ningún momento busca tomarse enserio (entiéndase esto como una forma de liberarse de la presión de hacer una película de muertos vivientes propiamente dicha y no como una forma de burlarse de sí misma) demostrándolo con la simpleza con la que se resuelven muchos de los conflictos que plantea el género. El humor, que roza lo absurdo, o la facilidad con la que se introduce el tema de estratos sociales para construir una narrativa que no lleve a sus personajes a lo cliché.

Lo que acaba restando a la película es la deslimeñización de Lima, es decir, si bien el apocalipsis zombie ocurre dentro de la capital peruana, durante toda la película se siente esta sensación de estar viendo una ciudad que es pero a la vez no es. La ambivalencia de Lima en este caso, pues uno de los mayores atractivos del cine de muertos vivientes es el ambiente en el que se desarrolla la trama, sobre todo por la multiplicidad de historias que puede desencadenar esto, ya sea si es una fábrica, una estación de trenes, la ciudad de Londres o la añeja Ciudad de los Reyes. En este punto, se pierde una oportunidad de elevar la película a otro nivel, casi como planteándose o afirmándose como una película base.

No obstante, en sus noventa minutos, AJ Zombies logra capturar al espectador, aún con el uso de tópico tan sobreexplotado en los últimos años, pues en lugar de hacer uso de los moldes ya establecidos, refresca el paladar cinéfilo con una comedia que no se ve opacada por los modismos locales que presenta. No hostiga, no aburre. AJ Zombies no llega a ser predecible porque la misma película pareciera no haber seguido un guión ya establecido. Esta frescura, propio del cine independiente, probablemente le cierre las puertas en las carteleras de los cines locales, pero de no ser así, más de uno podrá repetir o experimentar la sensación que esta película proporciona. AJ Zombies representa un salto al vacío en el cine peruano. Podríamos decir, con cierto alivio vallejiano de por medio, que la película encontró un piso y «echóse a andar…».