Goodbye, Mr. Kuczynski

Mr. Kuczynski,

Me dirigo cordialmente hacia usted tras los resultados de la sesión del Pleno del Congreso de la República, en los cuales la moción de vacancia en su contra no fue aceptada. En otras palabras, usted no ha sido vacado. Este resultado podría ser interpretado como una victoria por parte del Ejecutivo frente al Legislativo, la primera dentro de los muchos enfrentamientos que han tenido lugar desde que usted asumió el Poder como Presidente de la República el 28 de julio de 2016.

Habría que recordarle, Mr. Kuczynski, que aquellas elecciones no las ganó por méritos propios. Lo que se dio en la segunda vuelta de las elecciones generales de 2016 no fue un apoyo a su candidatura, sino un rechazo a su adversaria, Keiko Fujimori y lo que representa. Habría que recordárselo, Mr. Kuczynski, pues al verlo apelar a la voluntad popular que lo eligió, solo surge la pregunta ¿esa voluntad popular sabía a quién elegía? Usted fue el mal menor frente a Keiko Fujimori, la mayor amenaza a nuestra democracia, pero no olvide que fue la única opción. El antifujimorismo ya ha manifestado que su voto no lo legitima como Presidente, sino deja sentada una posición en contra de lo que hubiera sido probablemente un Gobierno autoritario por parte de Fuerza Popular, la cara institucional del fujimorismo. Habría que recordarle que usted ganó dichas elecciones con un resultado tan ajustado que prueba que ni siquiera el antifujimorismo pudo generarle a usted la aprobación necesaria para ganar con un margen que no permita el cuestionamiento a los resultados. El pueblo no lo quería a usted, tan solo no querían a la señora Fujimori.

La señora Fujimori ahora es su adversaria política pero con la que usted comulgó no muchos años atrás, en las elecciones generales de 2011. Invocó al pueblo peruano a votar por ella, alabando lo hecho por el gobierno del reo Alberto Fujimori, omitiendo los actos por los cuales fue puesto en prisión. Para usted, era ella la mejor opción para gobernar al país. En aquel momento, Mr. Kuczynski, usted se equivocó. Keiko Fujimori JAMÁS será la mejor opción frente a alguien. Ni siquiera ahora, frente a usted. Keiko Fujimori representa a un período nefasto y carga, según sus propias palabras, una mochila muy pesada. Una mochila llena de autoritarismo, corrupción, asesinatos a inocentes, golpe de Estado, elecciones fraudulentas, dominio de la Prensa, copamiento de los Poderes del Estado, interpretaciones auténticas para permitir una reelección inconstitucional, violaciones de los derechos humanos y un marcado negacionismo frente a todo lo mencionado previamente. Pero a esta mochila de los actos cometidos durante el Gobierno del reo Fujimori se suman lo que ahora caracteriza a la mayoría parlamentaria de Fuerza Popular. Es cierto, es un nuevo fujimorismo. La posverdad y la arbitrariedad lo caracterizan primordialmente, lo cual nos deja claro que usted nunca debió bajar la guardia frente a ellos. Sin embargo, lo hizo. Un grave error.

Su actitud pasiva frente al fujimorismo, una de las fuerzas políticas que nacieron durante el terrible período que atravesó el país a finales del siglo pasado, se debe quizás a que no son tantas las diferencias que existen entre ustedes. Habría que recordarle, Mr. Kuczynski, que lo ofrecido por su partido (en el papel) no difería tanto de lo ofrecido por la señora Fujimori. Ambos tenían el mismo modelo económico neoliberal que ha hecho tanto daño al país, permitiendo que la corrupción se instale en diversos sectores del Estado. La constitución de 1993, promulgada durante una dictadura, debió ser reemplazada hace mucho por una que represente a esa democracia que recuperamos de las garras del fujimorismo de antaño, pero una constitución con la que usted comulga y con la que jamás mostró interés de cambiar. Un error más.

Fue usted necio, Mr. Kuczynski, creyó que siendo condescendiente con el fujimorismo lograría gobernar tranquilo. Su apariencia de abuelo bonachón jamás lo ayudó en este objetivo, mucho menos aquellos bailes a los que tan acostumbrado nos tenía durante actos protocolares. Esta actitud bromista no era la que correspondía al Primer Ciudadano del Perú. ¿Era usted consciente de que ya no era candidato, sino Presidente? Habría que conocerlo, Mr. Kuczynski, pero lo cierto es que no lo parecía. Su Gobierno, al igual que usted, comenzó dormido. Esto lo notamos todos los peruanos pero igual arrancó con los laureles, otorgados por un sector de la prensa, de tener un Gabinete de lujo. Una mentira de lujo, diríamos ahora.

Usted nos mintió, Mr. Kuczynski. Esta vez no sobre lo que haría su Gobierno. De estas mentiras el pueblo peruano ya está malacostumbrado. De un político las promesas solo son palabras que expulsa mecánicamente, sin ningún cargo de conciencia sobre su incumplimiento. Esta falta de consecuencia, aunque lamentable y repudiable, no es exclusiva de usted, sino forma parte de la mecánica de la política peruana. No nos mintió tampoco sobre su Gabinete de lujo, algo que ya muchos medios dejaron pasar. Mucho menos sobre el indulto al reo Fujimori, un tema que usted toca solo cuando le conviene, jugando con la posibilidad de otorgarle la libertad de un hombre que no la merece. Un perdón médico, lo catalogó usted. Pero el perdón presidencial no debería prestarse para lo que parece una treta más del fujimorismo de antaño. De esto no nos mintió esta vez. Mediante cartas, tweets, entrevistas y Mensajes a la Nación, usó su investidura para mentirnos sobre sus vínculos con la empresa constructora brasileña, Odebrecht y sus consorciadas peruanas.

Nos mintió sobre sus vínculos directos o indirectos en reiteradas ocasiones. Se camufló en sus mentiras al proclamarse desprolijo y descuidado. Dos cualidades que me niego a adjudicarle pues dudo que un empresario lobista como usted pueda serlo. Eso sí, la treta le ha salido bien, su desprolijidad y descuido parecen haber sido argumento suficiente para mantenerlo en su cargo, para seguir declarándolo inocente. Usted no es inocente, Mr. Kuczynski. No intente engañarnos más, que realmente no engaña a nadie.

Me parece insultante la campaña mediática que gran parte de la prensa llevó a cabo para protegerlo de un destino que parecía marcado y que ni su abogado, con su verborrea legal, parecía haber cambiado. Ya no se trató de su incapacidad moral sino de salvaguardar la democracia. Aquella democracia que usted planeaba mandar al carajo en caso fuera vacado, comprometiendo a sus dos vicepresidentes a renunciar a su responsabilidad democrática. ¿No es esto acaso una actitud repudiable para alguien de su investidura? ¿Acaso de usted depende la democracia?

Y es que, Mr. Kuczynski, la democracia no depende de una sola persona. En su Gobierno ya se ha demostrado que las personas son prescindibles, pues siempre estará el Estado allí. Así como antes Saavedra no encarnaba la Educación, usted ahora no encarna la democracia. La desestabilización en la cual su vacancia nos hubiera colocado correspondería más a una campaña mediática por gran parte de la prensa que a la realidad en la que vivimos. Una realidad en la cual usted es cuestionado, siendo su Presidencia ilegítima pero por ahora legal.

He recorrido las calles de Lima en esta semana crucial para nuestra democracia y me he percatado que a muchas personas solo les importa sobrevivir al día, ganar algo de dinero y llegar a su hogar para descansar y empezar la jornada del día siguiente con el mismo esmero. Reconozco en ellos algo que caracteriza a gran parte de la población, una indiferencia respecto a la política.  Les corresponde tomar otra actitud con su país mas también le correspondía a su Gobierno tomar otra actitud con su pueblo. Hasta el momento, no lo ha hecho. Eso sí, otra cantidad considerable de personas han salido a las calles a protestar contra un golpe de Estado inconcebible por parte del Congreso. Digo inconcebible, Mr. Kuczynski, porqué históricamente los golpes de Estado siempre han sido hacia el Congreso (por parte del Poder Ejecutivo o del Ejército) y no al revés. Pero el fujimorismo ha golpeado tanto nuestro país que usted promueve aquello que se ha catalogado como golpe de Estado fujimorista y que hasta podríamos tildar de psicosocial. Se aprovecha de esta coyuntura para proclamarse como una víctima del fujimorismo. Usted no es víctima de nada que no haya provocado. Pero aquí no le digo nada nuevo, usted ya lo sabe. Sin embargo, insiste en aprovecharse de la protesta justa de jóvenes que, conscientes de su responsabilidad política, no permitirán que el fujimorismo se aproveche de la voluntad que los colocó en el Congreso para volver a hacer de las suyas. Pero aquí donde termina su labor empieza otra. Aquella que deberían haber concretado los congresistas el día de ayer. Pero no, usted apeló al golpe de Estado fujimorista. ¡Y vaya qué le funcionó! Claro está que poco o nada importa que la denuncia contra el Tribunal Constitucional la hiciera un congresista de su propia bancada, Pedro Olaechea ni que la suspensión contra el TC aún no se haya concretado. El respeto al debido proceso, Mr. Kuczynski, ese que usted tanto ha demandado, nos impide pronunciarnos frente a algo que aún se encuentra pendiente de resolución.

Pero hablando del debido proceso, la supuesta vulneración a un debido proceso no existe en la moción de vacancia presentada en su contra. Estas críticas a una vacancia express (como lo han denominado congresistas de diversas bancadas) se desvirtúan cuando uno se entera que todo lo hecho está planteado en el reglamento del Congreso. ¿De qué vulneración del debido proceso hablamos entonces? En todo caso, si todo esto, como usted dice, es inconstitucional, ¿por qué lo avaló con su presencia? Me atrevo a responder esto, y es que usted sabe que no es inconstitucional. Porqué de así serlo podría denunciar el proceso al Tribunal Constitucional y salir absuelto de esto. Pero claro, al no serlo, se ve obligado a asistir al Congreso. Avala esta supuesta vulneración del debido proceso, lo legitima con su presencia.

Regresando al supuesto del cual se hablaba, en el cual la democracia depende de usted y en el cual, sin usted, el Perú perderá el rumbo. Aunque claro, ¿cuál es el rumbo en este Gobierno? Y es que, Mr. Kuczynski, no puede negar que la prensa otra vez lo ha ayudado a convencer a los indecisos en el Congreso y a sembrar la semilla de la incertidumbre, del golpe, del caos en la gente. Así también ganó las elecciones presidenciales, y ahora gana así su permanencia en el cargo. Pero usted sigue proclamándose y siendo proclamado como indispensable para la democracia. ¿Es esto una mentira más o una preocupante verdad?

Y es que, en el caso de que esto fuera cierto, ¿cuán débil es nuestra política que depende de personas? No me corresponde a mí responder esa pregunta, Mr. Kuczynski pero valdría la pena que usted lo haga. Aunque esto quedará en el aire pues se ha caracterizado por no saber responder preguntas y dejar que su silencio lo haga. Ya sabemos que, últimamente, cada vez que ha hablado, se hunde más. Quizás en estas ocasiones, como apelaba Mercedes Araóz, sufre de una falta de memoria. Pues qué terrible falta de memoria la que sufre, Mr. Kuczynski. Y qué terrible destino el que nos espera a los peruanos, condenados a seguir sufriendo sus consecuencias.

Lamento a su vez, lo ocurrido con algunas fuerzas que no tuvieron la valentía para protestar con su voto, Mr. Kuczynski. Y es que vergüenza deberían sentir los congresistas de Nuevo Perú, que abandonaron el hemiciclo siendo aplaudidos por su bancada. Estos aplausos avalan un acto cobarde, pero que se camufló como protesta. ¿Qué acto de protesta es aquel que significa abandonar su responsabilidad política cuando es necesario un accionar? Aquí, ese neoliberalismo que Nuevo Perú tanto critica, y al que usted con tanto descaro representa, recibió la ayuda de quiénes dicen combatirla. Respecto a aquellos congresistas, que siguiendo sus invocaciones, se abstuvieron de votar, pues la vergüenza no debería ser menor. ¿Abstenerse de votar en un asunto tan importante? ¿Esto puede ser calificado de protesta?

Se escucharon rumores de que hubieron conversaciones para comprar sus votos, ya sea con favores o con dinero. Estas prácticas montesinistas, quisiera pensar, no forman parte de su política de Gobierno. En todo caso, pongo en tela de juicio aquel supuesto “voto de consciencia” al que muchos apelaron para abstenerse en un asunto que reclamaba a todo el Congreso un pronunciamiento. No solo avalaron su impunidad, sino que también no fueron consecuentes con lo dicho previamente. Habría que recordarles a estos congresistas que su voto dependía mucho de lo que dijera su defensa el día de ayer. Habría que recordarles que su defensa no fue defensa, fue palabrería barata. ¿Cuánta diferencia hay, en el fondo, entre lo dicho por Borea que lo normalmente expresado por Becerril en el Congreso? Ninguna, Mr. Kuczynski. Es cierto que la prensa lo erigirá como el defensor de la democracia, dirán que dictó una cátedra de ética al Congreso. Lo cierto es que su defensa no surtió mayor efecto para librarlo de lo que se le acusa. Nos deja más dudas por resolver que dudas resueltas. En todo caso, esto no se dirá.

Me preocupa además el monstruo que puede haber fortalecido esta situación en la que usted ha puesto al país. Aquí hago referencia exclusiva a Kenji Fujimori. El menor de los Fujimori, es cierto, le salvó el cargo. Solo él ha podido ser el artífice de los 10 fujimoristas que se abstuvieron de votar a favor de la vacancia.  ¿Gratuitamente? El ambiente huele a indulto. Y no olvidemos que Kenji, quiera o no, sigue siendo fujimorista. Y un fujimorista peligroso, de esos que no quiere deslindar de su padre, ni siquiera ante cámaras. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo” es algo que espero no esté usando aquí. Porqué, Mr. Kuczynski, Kenji Fujimori no puede ser aliado del Gobierno. Si es que el precio a pagar por la permanencia en su puesto es el indulto del reo Fujimori lamentaría decir que usted está poniendo por encima de los intereses del país, los suyos.

Quizás usted no fue vacado en el Congreso por incapacidad moral. Quizás sigue siendo Presidente. Pero usted ya no me representa. Le pediría que renuncie a la Presidencia pero sé que es en vano. Por ello renuncio a su representación, Mr. Kuczynski. Una renuncia tan simbólica como la suya hacia la ciudadanía estadounidense. En caso usted enrumbe su gobierno en el camino correcto, el país se lo agradecerá mas su permanencia en el cargo ya está en cuestionamiento. Otra moción de vacancia parece inminente. Usted no es ningún garante de la democracia ni mucho menos su defensor pues sigue en el cargo.  Lo único que está permitiendo con su permanencia es que el fujimorismo vuelva a fortalecerse apoyados en lo que es innegable, a usted se le está protegiendo descaradamente, supuestamente para que se respete la investidura de su cargo, algo que usted no parece respetar con su conducta evasiva de la verdad (por no decir mitómana). Pero llegará algún día en el que ni esta protección ni su terquedad, acaso su mayor defecto pero única virtud, lo podrán salvar.

El Perú es más grande que sus problemas, y sin duda, más grande que usted. Y es que un un lobbista que no ha parado de mentirle al país desde que fue funcionario público por primera vez, un Presidente condenado a múltiples cuestionamientos éticos y morales, un Presidente que no gobierna no tiene segundas oportunidades en esta tierra.

Goodbye, Mr. Kuczynski.